De la indolencia que nos domina

Los lectores de ABC son de los pocos españoles que se han enterado de la pifia a las que nos sometieron el Gobierno español y el Partido Socialista el pasado jueves en el Parlamento Europeo. Enrique Serbeto lo ha contado en estas páginas con detalle. La cámara tenía que hacer una modificación del reglamento de Schengen sobre la libre circulación de personas en los países firmantes de ese acuerdo con el fin de facilitar el acceso sin visado de los británicos cuando hayan abandonado la UE. El beneficio ha de ser recíproco. El sentido común indica que el beneficiario no puede ser el ponente en una iniciativa así. El ponente debe ser quien otorga el beneficio. Pues nada, los socialistas europeos han permitido a un laborista británico, país que tampoco es miembro de Schengen hoy, ser el ponente. Y éste lo ha bloqueado por una referencia a Gibraltar como colonia.

En todo el proceso del Brexit hemos visto una y otra vez cómo el Ministerio de Exteriores, cuando ha estado en manos socialistas, ha cometido un error tras otro en el tema gibraltareño. Aquí, una vez más, en lugar de hacer el lobby necesario para que los europarlamentarios europeos sean conscientes de que nada se puede aprobar sin la mención expresa de la condición de Gibraltar como colonia, sin dar la batalla ante los grupos parlamentarios, España ha tenido una derrota. No es catastrófica, pero es una manifestación inequívoca de la indolencia de esos diputados en un asunto en el que el mero sentido común hubiera permitido a los socialistas españoles del PSE conseguir que el ponente fuese un socialista de cualquier país de Europa menos del Reino Unido. Nos meten goles por la escuadra y parece que jugamos el partido con una pierna escayolada.

El disparate del Brexit tiene las condiciones que siempre fueron evidentes para todos menos para los más nacionalistas británicos: el restablecimiento de unas fronteras inevitables, tanto en Gibraltar como en Irlanda, entre la República y el Ulster. ¿No fueron capaces de entender nunca que la Unión Europea implicaba supresión de fronteras y, por la misma razón, abandonarla suponía restablecerlas? Claro que tal vez contaban con que en España, cada vez que hay un Gobierno socialista, ellos ganan terreno en el diferendo de Gibraltar.

Todavía añoran a Moratinos, que sentó a la colonia en posición de igualdad con el Reino de España y el Reino Unido en la mesa de negociación. Cuando llegó Rajoy se logró que en el Brexit se estableciera que nada se decidiría sobre Gibraltar sin la expresa aprobación de España. Pero cuando Barnier estaba cerrando los detalles del acuerdo de salida, en los que Gibraltar sólo importaba a España, nadie se molestó en pedir el texto antes de someterlo a aprobación. El doctor Sánchez estaba en viajar en falcon a ninguna parte.

En trescientos años no hemos tenido una oportunidad tan buena como la que nos ofrece el Brexit para fortalecer nuestra posición en el diferendo. Máxime teniendo en cuenta que el 90 por ciento de los gibraltareños votaron en contra del abandono de la UE. Pero Sánchez, Borrell y los suyos no están para esos detalles. En cualquier momento Iván Redondo transmitirá el mensaje de que eso sólo es rancio nacionalismo español. Se admiten apuestas.

Ramón Pérez-MauraArticulista de OpiniónRamón Pérez-Maura

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