De la crispaciónal diálogo

Cada año por estas fechas es habitual hacer balance y propósitos para que el nuevo año sea provechoso. El balance de la situación política catalana es más positivo que hace un año, pero la realidad es que ya son demasiados años de conflicto, demasiados consensos rotos, y demasiadas oportunidades perdidas para llegar a una solución. Y lo más preocupante: el debate independentista ha perjudicado la convivencia entre catalanes, dividiéndonos.

La situación del país exige diálogo. Diálogo sobre el presente y sobre el futuro, diálogo dentro de Cataluña y también de Cataluña con el resto de España. Diálogo desde el respeto y para promover el respeto. Y debemos empezar por un acuerdo suficientemente amplio y sólido entre catalanes.

Pero los extremos siguen alimentando la hoguera de la crispación: tenemos a Casado y Rivera acusando a Sánchez de ser un títere de los independentistas y el mismo día, a pocas horas de diferencia, Artadi tildando a Sánchez de títere de los aparatos del Estado y pidiéndole que abandone la represión. ¿En qué quedamos?

Venimos de la mayor crisis constitucional, con ruptura de la legalidad incluida, y de la constatación del fracaso de la política, al que la sociedad española asiste preocupada y hastiada. Pero debemos ser conscientes de que el respeto a la ley e inicio del diálogo son el único camino transitable para acabar con la crispación y explorar salidas a la situación enquistada. No estamos buscando soluciones definitivas, pero, para poder iniciar un diálogo político después de tanta crispación, es necesario un esfuerzo previo de construcción de puentes, que haga posible la reconstrucción de la confianza entre todos.

Esperemos que durante 2019 seamos capaces de movilizar la inteligencia colectiva suficiente para rehacer esa convivencia erosionada. Por la parte que nos toca, los y las socialistas, trabajaremos para que gane la política frente a la crispación y el enfrentamiento. Somos consecuentes con nuestros compromisos: la reconciliación, la concordia, la convivencia y la reconstrucción de consensos. Así que frente a las soflamas emocionales del independentismo y los voceros de la aplicación perpetua del 155, seguiremos alzando la bandera del diálogo dentro de la Constitución.

Eva Granados

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