De Chardin, audaz síntesis entre fe y razón

La Primera Guerra Mundial a Teilhard de Chardin (1881-1955) lo ayud√≥ a conocerse a s√≠ mismo. Uno de sus hermanos hab√≠a muerto combatiendo. √Čl sirvi√≥ como camillero. Es un soldado-sacerdote-compa√Īero a quien se recurrir√° en las horas dif√≠ciles. La pregunta m√°s reiterativa que le hac√≠an era por qu√© Dios permit√≠a la guerra. ¬ęPara constituir el Cosmos milagroso, del cual deber√≠a ser desterrado el sufrimiento, el Creador ha debido tomar un universo donde el sufrimiento fuese la condici√≥n natural de la vida y del progreso; y es, precisamente, este mundo natural el que ha aparecido a consecuencia del pecado original¬Ľ. Esto se lo escribe, en 1915, en una carta, a su querida prima Marguerite, confidente y receptora de su correspondencia (la de ella a √©l se perdi√≥) y trabajos, entre ellos, los del presente volumen escritos fundamentalmente entre 1918-19.

Por supuesto que Teilhard est√° contra la guerra, pero reconoce que estando en ella ¬ęme ha tra√≠do todo¬Ľ. La muerte, para el jesuita franc√©s, es quien nos entrega a Dios, nos hace pasar a √Čl, por tanto, no debemos temerla. Est√° ligada a la vida. Para Teilhard la muerte nos libera de la soledad al mezclarnos con Dios, es un camino hacia un m√°s all√° mejor. Una resurrecci√≥n en la luz, una incorporaci√≥n a una especie de Dios pante√≠sta -como el de

SpinozaРmotivo por el cual también fue muy criticado por la Iglesia católica. Y el sacerdote (en este libro hay un capítulo dedicado a su misión) era quien debía de ser ejemplo de esto.

Sus pecados

Se le concedi√≥ la Medalla al m√©rito militar y la Legi√≥n de Honor. Durante esos a√Īos de la Primera Guerra Mundial ya llev√≥ a cabo sus investigaciones y trabajos sobre la vida c√≥smica y el potencial espiritual de la materia, de los que hay referencias indirectas en las cartas a su prima y en muchos escritos del presente volumen. Durante los a√Īos veinte se licenci√≥ en La Sorbona en Geolog√≠a, Bot√°nica y Zoolog√≠a. Su doctorado fue sobre Mam√≠feros del Eoceno inferior franc√©s y sus yacimientos. A partir de esta d√©cada sus conflictos con el Vaticano ya no pararon. Se le prohibi√≥ la docencia y el acceso como profesor al ¬ęColl√®ge¬Ľ de France. Todo lo acept√≥ emprendiendo un exilio que lo llev√≥ a China (descubri√≥ el Hombre de Pek√≠n), Asia central, Etiop√≠a, Estados Unidos, India, Java, Birmania, Sud√°frica, entre otros lugares. En 1951 se instal√≥ en Nueva York e ingres√≥ en la Academia de Ciencias de Francia. Gran parte de su obra fue publicada p√≥stumamente. Muri√≥ en la misma ciudad que lo acogi√≥.

Meti√≥ a Dios, una idea abstracta, en un pensamiento m√°s abstracto a√ļn: el de la ciencia

El Santo Oficio, en 1958 y 1962, hab√≠a mandado retirar sus obras de las bibliotecas por contener ambig√ľedades y errores que ofend√≠an a la doctrina cat√≥lica y perjudicaban a la juventud. El Padre Castellani resumi√≥ sus pecados: Darwinismo; Negaci√≥n de la segunda venida de Cristo (Parus√≠a); Negaci√≥n de la redenci√≥n por la obra de Cristo; Negaci√≥n del pecado original; Monismo materialista evolucionista; Pante√≠smo; Reinterpretaci√≥n de los sacramentos; Negaci√≥n del fin primario del matrimonio a favor de la ayuda espiritual mutua de los esposos; M√©todos contraconcepcionistas y negaci√≥n de la autoridad de la Iglesia. El Concilio Vaticano II lo reivindic√≥ silenciosamente, as√≠ como el Papa Pablo VI quien lo defini√≥ como un cient√≠fico que pudo encontrar al esp√≠ritu y a Dios en el universo, en el principio inteligente y creador. Juan Pablo II valor√≥ sus ideas a pesar de las dificultades de concepci√≥n y deficiencias de expresi√≥n. Para el Papa polaco fue un audaz intento de alcanzar una s√≠ntesis entre fe y raz√≥n.

Fidelidad a su credo

Esas dificultades y deficiencias son lo que deber√≠an hacer grande a Teilhard dentro de la Iglesia, pues ni m√°s ni menos expresaban el ingente esfuerzo para adecuar el pensamiento anquilosado de la instituci√≥n religiosa a los nuevos tiempos de la ciencia y la raz√≥n sin olvidarse de la fe. Teilhard, a pesar de todo en contra, consigui√≥ meter a Dios, una idea abstracta en un pensamiento quiz√°s m√°s abstracto que es el de la ciencia. El Papa Benedicto XVI reconoci√≥ esta reconciliaci√≥n de la humanidad con la naturaleza, consigo misma y con Dios, y anim√≥ a la investigaci√≥n cient√≠fica. El camino de la fe y el de la raz√≥n conflu√≠an naturalmente. Dios encarnado en la materia que impulsa y realiza en s√≠ la culminaci√≥n de todo el proceso evolutivo. El propio Teilhard habl√≥ de cristificar el universo y de universificar a Cristo. No fue comprendido ni por los suyos ni los cient√≠ficos, pero multitudes de gentes confiaron en √©l. Evoluci√≥n de la materia hacia el esp√≠ritu. A trav√©s del esp√≠ritu humano, la evoluci√≥n de la materia (hab√≠a le√≠do ¬ęLa evoluci√≥n creadora¬Ľ de Bergson, obra condenada por la Iglesia) avanzaba, seg√ļn √©l, hasta unirse en un punto com√ļn que denominaba Punto Omega.

De todo esto y mucho más se habla en este libro. Se podrá estar o no de acuerdo con Teilhard (esto requiere haberlo leído y al menos tantos conocimientos como él tenía), pero nadie podrá discutirle la fidelidad a su credo y a sus votos.

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