Cuixart se compara con Gandhi y admite su rol «movilizador»

¿Recuerdan la foto icónica de un hombre solo contra los tanques? A Jordi Cuixart, el acoso a la Guardia Civil del 20 de septiembre de 2017 le recuerda a las protestas contra la dictadura comunista china de 1989, en la plaza de Tiananmen, «aunque con menos intensidad». Una jornada reprimida con unas 10.000 muertes según los últimos documentos desclasificados.

Con una retahíla interminable de comparaciones desfasadas, Cuixart admitió ayer su rol como impulsor de las jornadas decisivas del plan secesionista ilegal y presentó el referéndum del 1 de octubre de 2017 como el «mayor ejercicio de desobediencia civil de Europa», por encima de cualquier evento.

El líder de Òmnium Cultural -que se enfrenta a 17 años de cárcel por el delito de rebelión- comparó el «procés» nada menos que con la oposición al franquismo, la lucha contra la segregación racial en Estados Unidos en los años sesenta, o una protesta en Holanda para evitar la deportación de una familia armenia. Y se atrevió a invocar al líder indio Mahatma Ghandi, el ejemplo de Martin Luther King y Rosa Parks, la filósofa Hanna Arendt, los supuestos antecedentes de Escocia y Quebec, o el colectivo ruso feminista y anti-Putin de las Pussy Riots.

Con esas alusiones, Cuixart justificó sus llamadas a la votación en el referéndum ilegal del 1-O, a pesar de las advertencias de que se producirían choques y de que era una jornada ilegal. «Nunca he mandado a nadie a enfrentarse a la Policía», señaló Cuixart, aunque admitió que cuanta más gente fuese, más se «visibilizaría» la violencia desproporcionada que él atribuye a los agentes, quienes cumplieron el mandato de la juez del Tribunal Superior de Cataluña que ordenó evitar el 1-O.

El acusado aceptó su papel como «agente movilizador» del 1-O sin tapujos: «La decisión del TC (la suspensión) nos plantea el dilema de dejar de ejercer derechos fundamentales y nunca, nunca vamos a renunciar. El derecho a votar se gana votando», manifestó. También negó el carácter violento del asedio del 20-S en la Consejería de Economía registrada por agentes, aunque lamentó los daños a los vehículos destrozados de la Guardia Civil, y dijo que la letrada de la administración de justicia salió por el tejado porque no quiso salir por el pasillo de la entrada.

Para avalar esos pasos contra la Justicia, Cuixart rebatió al Rey y aseguró que la democracia «está por encima del Estado de Derecho». «Sin respeto a las leyes no existe convivencia ni democracia», expresó Felipe VI hace tres días.

Gran parte del interrogatorio del fiscal se enfocó en los enfrentamientos entre policías y manifestantes en el colegio Ramón Llull de Barcelona, donde hubo siete agentes heridos y por los que hay trece agentes investigados. Un hombre perdió un ojo por un disparo de una pelota de goma. Cuixart evitó reconocer las lesiones a los agentes. «¿Considera un acto de violencia lo que sucedió?», preguntó el fiscal. «Por parte de la Policía, sí; por parte de los manifestantes fue un ejercicio de derechos fundamentales en toda regla», dijo Cuixart, que fue reprendido por su lenguaje vulgar, con expresiones como «hostia».

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