Cuando todo va mal, todo va bien

Ayer tuve que escribir tres veces esta columna. A la ma√Īana, bajo el influjo de un senador oficialista que usa unos anteojos digitales de √ļltima generaci√≥n que le hacen ver las cosas con optimismo. A las 2 de la tarde, le ped√≠ que me los prestara, no los supe calibrar y descubr√≠ que sub√≠an el d√≥lar, el riesgo pa√≠s y el retiro de los dep√≥sitos en d√≥lares. Me qued√≥ un texto demasiado apocal√≠ptico. A las 8 de la noche emprend√≠ esta, la √ļltima versi√≥n. Esta vez lo hice despu√©s de mirar la realidad con los anteojos de Alberto Fern√°ndez, que, aunque convencionales, tienen un efecto parecido a los del senador: te hacen ver el lado positivo de la vida. Para Alberto, todo marcha bien. Aplaude, por ejemplo, que el Banco Central, hocicando, haya tenido que restringir la salida de divisas, que la situaci√≥n se deteriore a pasos agigantados, que se adivine un control del mercado bancario. “ Macri poniendo un cepo es mucho m√°s de lo que yo podr√≠a haber so√Īado”, me dijo. Comprob√© que es un tipo sensible. Lloraba de la emoci√≥n.

Recontra sensible, dir√≠a. El domingo se asust√≥ con la movilizaci√≥n macrista en la Plaza de Mayo y entonces el lunes, convertido en un jovencito iracundo y contestatario, sali√≥ a incendiar todo con sus cr√≠ticas al Fondo Monetario y la versi√≥n de que la misi√≥n que estuvo en el pa√≠s le hab√≠a sugerido adelantar las elecciones. El martes se llam√≥ a sosiego: solo apareci√≥ en el balc√≥n de su departamento en Puerto Madero para ver la corrida en la City. El mi√©rcoles evalu√≥ las bajas que hab√≠a provocado en el campo enemigo: la reprogramaci√≥n del pago de la deuda. El jueves decidi√≥ callarse y les pidi√≥ moderaci√≥n a los suyos. Pero el mismo jueves volvi√≥ a prender la mecha al declarar que Macri est√° contando los d√≠as hasta las elecciones; picar√≥n, picar√≥n, seguro que a √©l la cuenta regresiva le da otra cosa. Ayer apareci√≥ su entrevista con The Wall Street Journal, en la que afirma que el pa√≠s est√° en un “default virtual”. De punter√≠a anda bien: para desestabilizar hay que pegar en el coraz√≥n de los mercados. Hablar de default en Wall Street demuestra su tacto y su pulso. Le elogi√© esas condiciones y me contest√≥: “No hace falta crear el Ministerio de la Venganza. Todav√≠a no asumimos y ya est√° funcionando, jajaja”. Lo bueno es que adem√°s tiene humor.

No es que todas las ma√Īanas a Alberto le cambian la medicaci√≥n. El hombre oscila entre el estadista y el peronista cl√°sico que quiere ver a su rival en la lona y exang√ľe, entre el establishment y Cristina, entre el profesor de Derecho y el abogado de Crist√≥bal L√≥pez. Como que en estas horas tiene que atender a p√ļblicos muy distintos: los mercados, La C√°mpora, los gobernadores, los votantes… Para peor, le gusta hablar. M√°s pior: le gusta escucharse. Es verdad que tira buenas frases, pero tambi√©n que hay frases que lo tiran: “El d√≥lar a 60 est√° bien”. A la semana: “El d√≥lar tiene que estar a 51”. Deber√≠a esforzarse para que la gente no diga, despu√©s de escucharlo, que antes de sacar conclusiones hay que esperar su segunda versi√≥n o que lo desmientan sus voceros. ¬ŅQu√© pasar√° si llega a la presidencia? No veo tanto riesgo de Albert√≠tere como de Albert√≥nomo. Querr√° ir logrando autonom√≠a y, tiemblo al escribirlo, ya la escuchamos a Cristina: primero hay que temerle a Dios y, despu√©s, a ella. En lo personal, Dios me inspira m√°s confianza.

Me da l√°stima porque la crisis no nos est√° dejando ver bien la aparici√≥n de Lacunza, ministro de Hacienda trucho: en realidad, se est√° moviendo como el gran operador del Gobierno, no solo econ√≥mico, sino tambi√©n pol√≠tico. Es una suerte de jefe de Gabinete, ministro del Interior y bombero. Mesurado, conciliador, ejecutivo, podemos preguntarnos si no habr√° llegado demasiado tarde. El pobre tiene que lidiar con la estampida, con la ciclotimia de Alberto Fern√°ndez, con la revoluci√≥n de inspiraci√≥n vaticana de Grabois y con que la √ļnica argentina que estaba llenando el changuito result√≥ ser la candidata a senadora de Espert, que se choreaba las compras en los supermercados. A prop√≥sito, Cristina lo reprendi√≥ a Alberto: c√≥mo no tuvo en cuenta a esa mujer.

La crudeza de estos d√≠as tambi√©n oculta, me parece, al nuevo Macri. ¬ŅNuevo? Bueno, qu√© s√© yo; lo dej√≥ a Marcos Pe√Īa, pero ya casi no lo escucha; lo mantiene a Dur√°n Barba, pero lo mand√≥ a hacer focus groups en el zool√≥gico; no le tembl√≥ el pulso para aceptar que se “reperfilaran” (¬°aguante el creador de ese eufemismo!) los vencimientos de la deuda, una decisi√≥n traum√°tica, y acert√≥ con la designaci√≥n de Lacunza, gracias a lo cual ahora tiene el mejor gabinete de los √ļltimos 50 d√≠as.

A Macri tuvo que pasarle que las PASO lo pasaran por encima. Realmente se sorprendi√≥ con los resultados. Le hab√≠an dado un panorama totalmente distinto, como para ir inflando globos amarillos. No solo en p√ļblico: tambi√©n a solas Dur√°n Barba le dijo que Alberto no le sumaba un solo voto a Cristina, y que incluso pod√≠a restarle algunos entre los m√°s izquierdosos. Su peor hip√≥tesis es que le mintieron; la mejor, que son unos in√ļtiles. Tard√≥ en asimilar el golpe, se volvi√≥ m√°s humilde y gast√≥ el celular llamando a amigos y periodistas para contarles sus penas y pedirles opini√≥n. Aclaro: a m√≠ no me llam√≥. As√≠ le va.

Vuelvo a ponerme los anteojos de Alberto. Me niego a contar lo que estoy viendo.

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