Cuando no haya otra haya

Hay pueblos que destacan por un castillo, una soberbia iglesia, unas calles empedradas de morrillo con un encanto indescriptible o un plato típico. Otros descuellan por un personaje histórico, una reñida batalla, un paisaje de deslumbrante belleza o una plaza porticada de sabor medieval. Pero pocos, sólo un puñado de escogidos, lo hacen por un árbol, excepción hecha del roble de Guernica con el mantra de los fueros, y el monástico ciprés de Silos que cantara Gerardo Diego. Entre ellos figura Herguijuela de la Sierra, una remota localidad salmantina rayana con Las Hurdes en cuyo término municipal crece el haya más meridional de la Península Ibérica y, por ende de Europa, aquejado de un deterioro biológico que preocupa a sus vecinos.

Con dos siglos de vida, el ejemplar tiene algo más de treinta metros de altura y unos treinta de diámetro en su copa. A pesar de estar catalogado como especie vegetal de singular relevancia, en Herguijuela piden a la Junta de Castilla y León que tome medidas para asegurar su supervivencia mediante una poda selectiva. Que no todo va a ser nombrar viceconsejeros, vamos. O que el titular de Fomento y Medio Ambiente, que además de juez, según sus propias palabras, es la Administración, se dé un garbeo por este municipio periférico y vea cómo el haya ha perdido una gran rama, como ya sucedió en 2014. Sin olvidar, tampoco, el riesgo de que se tronche alguna como consecuencia de la oquedad de su tronco, colonizado por un hongo.

Según el biólogo de la Universidad de Salamanca Sergio Gorjón, hay poco margen de éxito en un tratamiento para salvar un árbol, único que vive a 600 metros de altitud en un bosque húmedo junto a castaños y alisos, como último vestigio de una especie que poblaba parajes de la Sierra de Francia. Dice mucho en favor del hombre amar a los animales. Tanto o más cuidar al árbol, nuestro más firme aliado contra el cambio climático, en una tierra donde ha habido tendencia a lo contrario. Porque puede estar próximo ese funesto día en el que allí no haya otra haya.

Ignacio Miranda

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