«Cuando lo recogí, mi hijo me miró con cara de odio»

Marcos Mirás, el hombre acusado de asesinar a palazos a su hijo de 11 años en un monte de Oza, se enfrentó este lunes por primera vez al jurado popular encargado de dilucidar si el procesado fue consciente del crimen, o si lo cometió nublado por alguna de las supuestas enfermedades mentales que padece. Durante cerca de una hora, Mirás ocupó el estrado para contestar a la preguntas de la fiscal, de la acusación particular y de su abogado —no así a las acusaciones popular y de la Xunta— y explicar cómo era su relación con el pequeño y qué papel jugó en su prematura muerte. A la primera de las cuestiones, formulada en varias ocasiones, el acusado contestó con un «las relaciones eran difíciles» que ejemplificó diciendo que el niño no quería salir de casa cuando pasaba el fin de semana con él y que llamaba «loco» a su tío.

Sobre el día del crimen, Marcos Mirás afirmó que cuando llegó a recoger a Javier al punto de encuentro, el menor lo miró «con odio desde una esquina». «En el coche no hablamos y cuando llegamos a casa, delante de mi madre, dijo que era la última vez que venía». A través de un relato atropellado y trufado de explicaciones sobre sus presuntas dolencias psiquiátricas, el acusado también afirmó que «el Marcos Mirás normal no mata a su hijo». Aferrado a que sufre episodios que le impiden recordar determinadas vivencias, Mirás llegó a conectar esa «mirada de odio» con el triste final del pequeño. «Ese viernes empezó y acabó el fin de semana para mí. Yo vi esa reacción de mi hijo y un estímulo hizo que no recuerde lo que hice con él», aseguró ante la sala.

«Llevo 17 meses pensando»

A preguntas de la fiscal del caso, que sostiene que Mirás se llevó a su hijo en coche hasta una zona boscosa de difícil acceso para golpearlo en la cabeza en varias ocasiones y después abandonar su cuerpo, el acusado reconoció que «no sé si el que tenía delante era mi hijo». «Llevo 17 meses pensando en eso y no he llegado a ninguna conclusión. Incluso he llegado a pensar que era un montaje. Es imposible que yo consciente le hubiera hecho daño a mi hijo» insistió cuando el Ministerio fiscal sacó a relucir las manchas de sangre en su ropa y la tierra de su coche.

Por su parte, la defensa mantiene que el presunto filicida «no piensa como una persona normal» y se ampara en las «siete enfermedades psiquiátricas que le han sido diagnosticadas». De ahí que pida la libre absolución o, en su caso, una eximente completa y su internamiento en un psiquiátrico. En la otra cara de la moneda, tanto la Fiscalía como las tres acusaciones coinciden al reclamar la prisión permanente revisable para un asesinato que, aseguran, fue planificado. Como prueba de esta premeditación con la que el filicida presumiblemente actuó, la fiscal aludió a un mensaje que Marcos envió al Facebook del hermano de su exmujer un año antes de la muerte de Javier. «La última palabra no está dicha en esta historia. Todo en esta vida tiene un punto y final. El caso es que nos guste a todos», rezaba un texto que, en opinión de la fiscal, era un anuncio de lo que estaba por llegar.

Además de al único acusado por la violenta muerte de Javier, el jurado popular pudo escuchar también a la madre del pequeño. Muy emocionada por la situación y parapetada en un biombo para no cruzar la mirada con su exmarido, la madre del pequeño evidenció el maltrato psíquico al que fue sometida durante todo su matrimonio y constató cómo esta violencia empeoró cuando se divorciaron. «Dejé de salir sola a la calle porque recibía mensajes amenazantes de todo tipo» declaró la madre del fallecido. La mujer también reveló que el pequeño le había transmitido en varias ocasiones el malestar en su relación con su padre. «Me dijo que siempre parecía que estaba enfadado con él y que él no le había hecho nada. Pero yo le sacaba hierro porque quería que fuese contento a verlo», aclaró la exmujer de Mirás. En la misma línea, la testigo aseguró que incluso la tutora del menor se había percatado de que estaba «como ausente», pero que no lo relacionaron con su padre.

«Sé que a mí me va a matar»

«Sé que a mí me va a matar, pero nunca pensé que él pudiese estar en peligro», confesó la madre para más tarde reconocer que cuando Marcos no devolvió al pequeño al punto de encuentro pensó que lo estaba haciendo para que no pudiese pasar el Día de la Madre con él. «Creí que no me lo quería devolver ese día para que no pudiese disfrutar, y que a la mañana siguiente lo llevaría al colegio», se rompió.

El juicio por el asesinato de Javier proseguirá este martes con nuevas tomas de declaración con las que las acusaciones tratan de apuntalar la tesis de que el asesinato del niño fue planeado con el único objetivo de «vengarse de su exmujer». Mientras, la defensa se apoyará en los supuestos episodios de amnesia del acusado para tratar de probar que «Marcos Mirás no es la persona despreciable que han presentado» y «nunca ha reconocido ser el autor de los hechos».

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