«Cualquier día habrá otro muerto»

La detención en Bélgica de Ricardo Guerra, el ultra que el 8 de diciembre de 1998 asesinó a Aitor Zabaleta en los alrededores del Vicente Calderón, ha causado perplejidad y rabia entre los aficionados de la Real Sociedad, el equipo del que era seguidor el hincha acuchillado hace dos décadas en la previa de un partido europeo ante el Atlético de Madrid. Jesús Rodríguez, presidente de la Peña Maite Taldea, participó hace unos días en los actos organizados para recordar el veinte aniversario de la muerte de Zabaleta y este lunes se despertó con la noticia adelantaba por ABC de que su asesino había sido detenido el pasado martes por realizar saludos nazis junto a otros peligrosos ultras en las calles de Brujas. «No nos podíamos imaginar una noticia como esa, nos hemos quedado perplejos. Los actos que se han celebrado por el 20 aniversario de la muerte de Aitor están muy recientes y por eso estamos, si cabe, aún más impresionados. Hace solo unos días recordamos a Aitor y hoy nos enteramos de que su asesino se encuentra suelto por ahí, viajando por el extranjero», lamenta a este periódico.

ABC se puso este lunes en contacto con Iker, el hermano de Aitor Zabaleta, para intentar conocer su opinión sobre la detención de Ricardo Guerra, pero declinó amablemente hacer declaraciones y se limitó a explicar que la familia prefería no realizar ningún tipo de manifestación.

Una horas antes, fuentes de Instituciones Penitenciarias habían confirmado que Ricardo Guerra tenía aprobado un permiso, desde el 10 al 17 de este mes, en el centro de inserción social de la Comunidad de Madrid en el que se encuentra internado en tercer grado. Aunque no había solicitado autorización para viajar a Bélgica, acompañó hasta Brujas a un grupo de peligrosos ultras de Suburbios Firm, facción que hace años fue expulsado del Frente Atlético. Este lunes, como estaba programado, regresó a su centro al finalizar ese permiso. «Saber que el asesino de Aitor estaba suelto por ahí nos ha provocado indignación, tenemos la sensación de que la Justicia ha sido muy permisiva», añade el presidente de la Peña Maite Taldea.

Aitor Esteban, portavoz del PNV en el Congreso, fue más allá y tildó de «inaudito» que Guerra pudiera desplazarse hasta Brujas estando interno en un centro de inserción social. En su opinión, resulta «evidente» que el asesino de Zabaleta no se ha rehabilitado y reclamó la vuelta del ultra a la cárcel.

Recientemente, la Real Sociedad ha dado el nombre de Aitor Zabaleta a una de las tribunas de Anoeta como homenaje al aficionado que hace veinte años murió de una cuchillada en los alrededores del Vicente Calderón. Su asesino fue condenado en 2000 a 17 años de cárcel, pero no será totalmente libre hasta 2023 porque arrastraba otras penas que fueron «refundidas».

Sin vínculo con el Atlético

Pese a ello, Guerra viajó la semana pasada a Brujas. Lo hizo, tal y como confirmó el Atlético de Madrid a ABC, sin entrada porque el club, como es norma en los encuentros europeos, solo concede localidades, siempre nominativas, a sus socios y el asesino de Zabaleta no tiene ninguna relación con la entidad rojiblanca. «Después de la muerte de Aitor no se ha aprendido, los clubes, aunque no quiero generalizar, no han tomado las medidas que deberían para erradicar de una vez por todas a esta gente de los campos de fútbol. En mi opinión, los equipos siguen siendo permisivos con unos individuos a los que no les interesa el fútbol y que se refugian entre la manada para cometer actos delictivos. Hacen mucho daño a este deporte», afirma Jesús Rodríguez.

Una desagradable sensación que también comparte el presidente de otra agrupación de aficionados realistas. Iñigo Gastón, de la Peña Martu Taldea, asegura que «los clubes siguen dando cobijo en las gradas a los ultras, a un 98 o 99 por ciento de los equipos, me atrevería a decir, le conviene tener este tipo de gente en los estadios». «Cualquier día, en cualquier lugar, puede pasar otra desgracia como la que le ocurrió a Aitor porque descerebrados hay en todos los sitios. Puede ser en cualquier campo, lamentablemente, la muerte de Aitor Zabaleta no sirvió como enseñanza. Cualquier día puede haber otro muerto», avisa.

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