Cristina y Moyano, obsesionados por la política ficción

Perseguido por prestamistas y deudas crecientes, un lud√≥pata ilustrado y lleno de hijos acept√≥ de mala gana la sugerencia de un editor l√ļcido: escribir una novela sobre mafiosos de Nueva York. El escritor acorralado no ten√≠a la menor idea de c√≥mo eran en verdad los g√°nsteres y entonces consult√≥ hemerotecas y archivos period√≠sticos, mezcl√≥ las personalidades de los tristemente c√©lebres Frank Costello y Vito Genovese; les a√Īadi√≥ la voz de su propia madre inmigrante y sus conceptos f√©rreos sobre la familia; invent√≥ de su cosecha una jerga y algunos c√≥digos y rituales, y cre√≥ situaciones y secuencias surgidas de la inspiraci√≥n. Hace hoy cincuenta a√Īos se publicaba El padrino. Y Mario Puzo, a pesar de aquel √©xito arrasador, se recriminaba haber compuesto una “novela de escritorio”, sin el menor estudio de campo, consagrada esencialmente a su imaginaci√≥n narrativa. Lo m√°s ir√≥nico del caso es que los mafiosos verdaderos adoraron a Vito y a Michael Corleone, y comenzaron a adoptar sus frases y a imitar sus gestos.

Es un ejemplo can√≥nico acerca de c√≥mo se noveliza y de c√≥mo a veces la realidad copia la ficci√≥n. Si un “padrino” del mundo real hubiera querellado en ese momento a Puzo, no solo habr√≠a sido injusto, sino tambi√©n profundamente torpe, puesto que los Corleone no son nadie en particular (y a la vez son todos) y porque esa demanda hubiera autoincriminado a su impulsor. Que espont√°neamente decide ponerse el sayo e intimidar con esa actitud a guionistas y productores. A pesar de su reconocida admiraci√≥n por Jimmy Hoffa (camionero vinculado al crimen organizado), nadie dice que los Moyano sean mafiosos (Dios nos libre), pero su ins√≥lita demanda por una serie manifiestamente ficcional que nada tiene que ver con una biopic (otro g√©nero) deber√≠a analizarse bajo estas coordenadas: ataca la libertad art√≠stica y propagandiza lo que intenta callar. Hasta es posible que nuestros sindicalistas comiencen en poco tiempo a imitar la estetizaci√≥n que logra Julio Ch√°vez y su fraseolog√≠a literaria. El asunto, sin embargo, no acaba en esta pol√©mica leguleya, puesto que algunos kirchneristas han salido a defender el buen nombre y honor de su principal sost√©n y de su gran fuerza de choque, y porque han reclamado que el programador de Canal 13 se dedique mejor a mostrar empresarios corruptos, figuras que son un clich√© de la televisi√≥n y del cine argentinos de todos los tiempos. La idea no es, sin embargo, excluyente ni del todo mala: Netflix podr√≠a hacerse una panzada con los empresarios procesados de la causa de los cuadernos. Procesados por pagar coimas a los kirchneristas.

El punto es que los magnates gremiales, que asombran al mundo con su descaro y que tienen por lejos el mayor desprestigio social, jam√°s hab√≠an sido retratados. Y que cuentan incluso con la protecci√≥n del establishment universitario y cultural, siendo que los rige la mussoliniana Carta del Lavoro, y que esa burocracia sindical -con excepciones que confirman la regla- ha cometido tropel√≠as de grueso calibre. En los a√Īos 70, a pedido de Per√≥n, participaron incluso en la cacer√≠a de “zurdos” y fueron perdonados por sus propias v√≠ctimas: todo sea para no perder la franquicia peronista y para no ponerse en la vereda de enfrente de la “columna vertebral” del Movimiento. M√°s tarde, a lo largo de toda la era democr√°tica, muchos de esos personajes se han enriquecido de manera obscena, frente a un progresismo imp√°vido, y han protagonizado episodios de violencia escalofriantes, que fueron ignorados por los organismos de derechos humanos. Lo extra√Īo no es que Suar haya industrializado semejante material dram√°tico; lo sorprendente y escandaloso es que nadie antes lo hubiera hecho. Esto en Hollywood no pasa.

Suar ha pisado adem√°s un terreno minado que le pertenece en exclusividad al kirchnerismo: la pol√≠tica ficci√≥n. Se trata de una competencia desleal. Porque Cristina Kirchner no solo ha cooptado a una minor√≠a ruidosa de la far√°ndula y ella misma se mueve como la m√°s carism√°tica actriz de melodrama; ha sabido crear -m√°s a√ļn que el mism√≠simo Apold- una realidad paralela llena de imposturas, negacionismo estad√≠stico, contabilidad creativa, enemigos de la patria y √©picas irreales. Es l√≥gico que una facci√≥n basada en la “recaudaci√≥n” y en la mentira considere a los periodistas como blancos m√≥viles. En el gran espect√°culo montado por la arquitecta egipcia nosotros somos testigos en peligro, tanto los que investigan los il√≠citos como los que desenmascaramos los camelos, porque unos y otros rompemos la verosimilitud de la obra. Y as√≠ no hay p√ļblico que aguante, compa√Īeros. El odio hacia los periodistas ha crecido en estos a√Īos; la Pasionaria del Calafate considera que somos los grandes culpables de todas sus desgracias y, por lo tanto, de las penurias del pa√≠s. Se equivocan quienes piensan que esto se trata de un problema colateral. Es algo nodal, puesto que no hay populismo perdurable con periodismo libre. Vendr√°n a deg√ľello.

La actual campa√Īa electoral es coincidentemente una gran ficci√≥n: estos relativos buenos modales de la hora no son m√°s que una mascarada. La doctora, a quien con justicia consideran en el Instituto Patria “un fen√≥meno social y cultural que se encuentra por encima de las candidaturas”, les ha ordenado a sus fan√°ticos que se sofrenen por un rato. Aunque algunos no pueden con su genio (ay, An√≠bal, An√≠bal), la mayor√≠a de los int√©rpretes ha aceptado su nuevo papel de moderados y pacifistas: todo sea para que la funci√≥n llegue a buen t√©rmino, y para que algunos amn√©sicos entren por el aro. Es por eso que los actores reales hablan de la Conadep del periodismo y de eventuales guerras civiles, y luego se arrepienten o se callan, o denuncian que fueron manipulados por la prensa amiga. Los tel√©fonos suenan; nadie quiere ser “funcional a la derecha”. Es que van en busca de los pesimistas y los decepcionados de la clase media baja, que seg√ļn sus propios sondeos se sienten lastimados por la econom√≠a de Cambiemos, pero responsabilizan tambi√©n por esta mishiadura al kirchnerismo y lo identifican con la corrupci√≥n. Es un p√ļblico dif√≠cil y susceptible, y entonces la directora ha mandado reescribir el libreto y lo ha plagado de astucias: no ser agresivos, no mostrar aparato, no relativizar la corrupci√≥n, no reivindicar acr√≠ticamente su gesti√≥n y no hablar de Venezuela. Pero como el follet√≠n se desarrolla tambi√©n en WhatsApp, hay sorpresas y sobresaltos; un video viralizado estos d√≠as muestra a dos chavistas tilingos de Palermo Soho que se imaginan su propio futuro si ganara Macri: el horror. Es decir, haciendo delivery en moto, trabajo decente que adoptan los exiliados venezolanos; esos migrantes desesperados que vienen huyendo precisamente de la hecatombe chavista, a la que nos dirig√≠amos en 2015 a tambor batiente.

Si es por WhatsApp prefiero quedarme con Ra√ļl Alfons√≠n, que alguien trajo a las redes desde 1989: “Usted puede discutir con un hombre que est√© a su derecha o a su izquierda -advierte-. Va a ser una discusi√≥n racional. Lo que es imposible es discutir con un populista. Porque le contesta con voluntarismo, con eslogan, con falta de escr√ļpulos, con demagogia. Entonces, claro, la cosa se hace mucho m√°s ramplona de lo que el pueblo argentino merece”. Suar deber√≠a hacer una biopic sobre Alfons√≠n, porque fue √©l quien denunci√≥ primero que nadie a la mafia sindical, quien sufri√≥ sus represalias y quien defini√≥ el populismo como lo que es: una mentira barata que sale muy cara.

ADEM√ĀS

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