Crece la cosecha dorada en los Panamericanos: la consagración de Agustín Vernice, el joven que cambió el rugby por el canotaje

El festejo y el desahogo de Agustín Vernice, tras una gran carrera en el K1 1000 Crédito: Prensa Lima 2019

LIMA.- La cosecha dorada de la Argentina en los Juegos Panamericanos no se detiene: Agust√≠n Vernice, de 24 a√Īos, se consagr√≥ en el K1 1000 de canotaje y le dio la quinta presea de oro a la Argentina en Lima 2019. Su dominio de principio a fin, un verdadero carrer√≥n, lo ubic√≥ con un tiempo total de 3m31s955, una diferencia de 3.952 sobre Marshall Hughes (Canad√°) y 4.005 respecto de Vagner Souta (Brasil).

Su historia deportiva está emparentada primero con el rugby en el Club Estudiantes de Olavarría. La pelota ovalada fue su primera aliada, pero se contraponía con la fascinación de una familia fierrera, así que se tentó con medir su pericia en el automovilismo. Al final, ni la hache ni las pistas: en el agua estaba su futuro deportivo, que terminó siendo un acierto porque se ajustó a su biotipo de atleta.

Ya hab√≠a entregado un mensaje muy fuerte hace dos a√Īos dentro de un kayak, cuando le dio el primer t√≠tulo mundial al canotaje argentino con la medalla de oro en el K1 1000 metros del campeonato Sub 23 realizado en Pitesti, Rumania. Ahora, otro gran impacto con el t√≠tulo panamericano en la sede de Alb√ļfera Medio Mundo, que se suma al obtenido ayer por el K4 500.

Por entonces, cuando ganó en Rumania, Vernice no fue consciente del significado de esa conquista para el canotaje y prefirió no sobredimensionarla. Es más, supo que allí en el olimpo de los palistas permanecía Javier Correa, que fue subcampeón mundial en la categoría mayores, en aquel K1 1000 en Poznan 2001 y Sevilla 2002.

Recién nacido Agustín, la situación laboral de su papá obligó a su familia a asentarse un tiempo en Bahía Blanca. Pero a sus dos o tres meses volvieron todos a Olavarría, donde atravesó su infancia y adolescencia. Sin embargo, las demandas del kayak lo llevaron a las aguas de Tigre, su lugar de entrenamiento. Y en los campeonatos nacionales representó al club Estudiantes de esa ciudad, donde se subió al kayak por primera vez.

Hubo un d√≠a que Agust√≠n sac√≥ la cabeza por sobre la masa humana del scrum y vio en el horizonte algunos palistas. Apenas ten√≠a 12 a√Īos. Se acerc√≥ al agua, alquil√≥ un kayak y qued√≥ atrapado por la disciplina. Y en ese mismo verano de 2007 volvi√≥ a repetir ese gusto por subirse a la embarcaci√≥n y sentir c√≥mo su cuerpo encontraba una armon√≠a con el esp√≠ritu de este deporte. “Me alquilaba el kayak con la plata que mi mam√° me daba para comprar la merienda y no le dec√≠a nada a ella porque sab√≠a que le daba miedo que se me diera vuelta el bote y tuviera alg√ļn accidente”, cont√≥ hace un tiempo.

Después, llegó el momento de encontrar una guía para perfeccionar sus rutinas y así arrancó en la escuelita. Ya no era una mera diversión: empezaba a alumbrar ese esfuerzo que fue el germen de su inmersión en el alto rendimiento, así que de a poco evolucionó en la técnica y, como consecuencia, sintió el placer de la velocidad deslizándose arriba del agua.

No pasaron más de 60 días que empezó a competir en los campeonatos provinciales, pero en su primera competencia, su kayak se dio vuelta. Nada grave, en realidad, para un chico que empezaba a tomarle el pulso a la mecánica. Su mamá entendió que ya no había peligro para la integridad física de su hijo y se convirtió en su primera ladera, en un apoyo fundamental.

Ahora, Agust√≠n Vernice sigue disfrutando de la autosuperaci√≥n, en un proceso de cambio de su embarcaci√≥n, cada vez m√°s din√°mica y disfrutable para llegar a un sue√Īo ol√≠mpico. El canotaje es todo un suceso en estos Panamericanos, con dos oros que relucen.

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