Corral y Huerga

Ese señor que firma «ut infra», con la insultante juventud de un consumado articulista, justo por bajo del genial Nieto, es también el autor de un guión que vertebra el documental titulado «Donde vivo y muero». Un documental, un documento, exquisito y de paladar fino. Una pieza en el justo medio entre el homenaje a un escritor tan eximio como desconocido, Antonio Corral Castanedo, y la denuncia ante el abandono y la despoblación a que están condenados muchos de nuestros pueblos. El metraje, una suma de esfuerzos jóvenes (Garabito, Francés, Vila, la productora Pez Volador y el siempre vibrante Ángel María de Pablos, entre otros), se centra particularmente en esos pueblos, arruinados palomares humanos, que se asientan en Tierra de Campos y Montes Torozos, entre las provincias de Palencia, Valladolid y Zamora. Aunque, sin distorsionantes miopías, la denuncia -no así el homenaje- podría extrapolarse casi a cualquier comarca castellano y leonesa.

A Corral Castanedo tendría un servidor que dedicarle un columna propia para hacerle justicia, a su escribir de paseante, a su pluma atenta al paisaje, a su pulso de escritor de la gleba. Pero para eso ya está el documental, que lo borda. Es cierto que el canon literario lo conforman quienes tuvieron suerte. A Corral Castanedo, su vallisoletanismo lo condenó a ser sólo firma de territorio. Quizá otros vuelos le hubieran dado otras alas. Pero no fue así. Lo de escribir y ser escritor es trabajo, pluma y suerte. A veces no acompaña. Y así hay vidas que se acaban en agraz o en pronta madurez, también literarias.

Es el caso de mi buen amigo José Manuel de la Huerga: 51 años, un corazón traicionero y una obra firme tras de sí. Inconclusa, pero no incompleta. De su «Pasos en la piedra» tuve el honor de ser pregonero en mi patria chica, por deseo suyo. Y de su autor sólo podría decir que era una de las personas más nobles que en el mundo literario me he echado a la cara. Bonhomía y generosidad. Su mano cuidaba los textos, los pulía al modo del imaginero siempre insatisfecho. Le gustaba la historia y le gustaban las historias. El pulso narrativo intenso, marcado, constante, sin altibajos. José Manuel sabía escribir y sabía contar. Ahí están esos textos que lo atestiguan. Cuando le llamé para felicitarle por el merecido de la Crítica 2017, sólo tuvo palabras de agradecimiento por haberle hecho de embajador. Era así. Generoso y amigo. Un gran escritor, una gran persona.

Corral Castanedo ha tenido su homenaje en forma de documental. Vaya el mío aquí para José Manuel, envuelto en estas palabras. Y allá donde estés, amigo, sigue escribiendo; sigue escribiéndonos. Y que la tierra te dé abrigo.

Fernando Conde

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!