Contradicciones al volante – LA NACION

Agradezco verme en la obligación de hacerle a mi auto la verificación técnica vehicular, mejor conocida como VTV. Lo digo de verdad. A pesar de que dependo mucho de mis cuatro ruedas, tiendo a tratar la mecánica de una forma bastante impiadosa. Una de mis muchas contradicciones.

En la √ļltima VTV, hace unos d√≠as, sal√≠ con un aplazo. El parabrisas estaba quebrado; me lo hab√≠a roto la barrera de un peaje, que se parti√≥ al levantarse y el fragmento que se desprendi√≥ rompi√≥ el cristal. No parec√≠a nada importante, pero me lo se√Īalaron como algo por corregir. Ya tengo parabrisas nuevo, pero encontraron otros problemas.

El m√°s serio era el estado de mis neum√°ticos. Era consciente de esto, porque hace unos catorce a√Īos pas√© por una situaci√≥n que solo la experiencia -manejo desde muy chico- y un 99% de suerte evitaron que derivara en tragedia.

Viajábamos rumbo al Palmar y, muy cerca de llegar a Colón, me dispuse a sobrepasar un camión con doble acoplado. El gigante marchaba a unos 80 kilómetros por hora, así que aceleré hasta 110 o 120. Había hecho tal maniobra cientos de veces antes, pero en esta ocasión, cuando estaba por dejar atrás el primer acoplado, el volante se volvió loco y todo el auto empezó a vibrar como si fuera a desarmarse. Estaba seguro de que iba a perder una rueda en cualquier momento.

Instintivamente, solté el acelerador, evité los frenos, corregí suavemente la tendencia del coche a irse hacia el acoplado, fuimos perdiendo velocidad y cuando quedamos detrás del camión salí despacio a la banquina. Me bajé a ver qué había pasado. A uno de los neumáticos traseros le faltaba parte de la banda de rodamiento. Mi negligencia podría habernos costado la vida. Ahora, y gracias a esta VTV rechazada, ya tengo neumáticos nuevos. Sí, otra vez venía postergándolo.

Mi abuelo Torres sol√≠a decirme: “Arielito, un auto no anda con nafta. Anda con agua y aceite.” Hace muchos a√Īos descubr√≠ cu√°nta raz√≥n ten√≠a don Manuel, una ma√Īana en que empez√≥ a salir del cap√≥ un humo blanco de lo m√°s cinematogr√°fico. Me hab√≠a quedado sin agua. Inexcusable, ya s√©.

He contado en otro lado ( https://www.lanacion.com.ar/2161175) de qu√© forma rid√≠cula casi tengo un accidente fatal en la Panamericana, hace algo m√°s de un a√Īo. El origen √ļltimo de ese incidente demuestra tambi√©n cu√°n fr√°giles son los veh√≠culos actuales.

No as√≠ los de otras √©pocas. El 5 de octubre de 1995, al volver del diario, saliendo de Puerto Madero, me detuvo un sem√°foro. Cuando se puso verde, arranqu√© y lo siguiente que recuerdo es un rel√°mpago amarillo y una sacudida devastadora. Luego -presumo- perd√≠ el conocimiento durante unos segundos y recobr√© la conciencia en el asiento del acompa√Īante. El impacto de un colectivo que se hab√≠a pasado en rojo me arroj√≥ hasta all√≠ e hizo girar el auto noventa grados. El veterano Dodge 1500 sigui√≥ marchando despacio y se detuvo sobre la vereda.

Los pasajeros concluyeron que yo estaba, como mínimo, malherido, y los vi imprecar contra el chofer. Todo se estaba poniendo bastante violento, cuando me vieron salir por mis propios medios del auto. Solo me había golpeado un poco un hombro.

Cuando pasan estas cosas solo quer√©s volver a tu casa. De modo que tom√© los datos del colectivo como en un trance y me sub√≠ de nuevo a mi auto. El motor segu√≠a andando (en serio) y circul√© con lentitud hasta mi casa en Barracas. Recuerdo que una sol√≠cita pareja me acompa√Ī√≥ con su coche durante todo el trayecto.

Llegu√©, les agradec√≠ el gesto a aquellas personas, abr√≠ el garaje, entr√© el auto y, cuando apagu√© el motor, o√≠ un estruendo met√°lico. Algo grande se hab√≠a soltado del chasis, y el coche ya no volvi√≥ a arrancar. Me hizo pensar en un caballo herido, y solo entonces me di cuenta de lo que cerca que hab√≠a estado del desastre. Le di una triste palmada a la carrocer√≠a azul y dije: “Pero me trajiste a casa”.

ADEM√ĀS

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