Concetto Lo Bello, el primer √°rbitro estrella

Quiz√°s el primer √°rbitro estrella de la historia del f√ļtbol fue el italiano Concetto Lo Bello, apodado El Pr√≠ncipe o El Tirano de Siracusa, donde naci√≥.

Lleg√≥ a la m√°xima categor√≠a del arbitraje italiano en 1954 y en ella se mantuvo durante veinte a√Īos. Dirigi√≥ Mundiales, Eurocopas, la final Manchester-Benfica y aquella Intercontinental entre el Real Madrid y Pe√Īarol. Fue el √°rbitro con m√°s presencias en la Serie A.

Su importancia, sin embargo, no se explica con esos logros, sino por su estilo e influencia. Aunque circunscrito a Italia, fue el primer √°rbitro en ser realmente famoso, en tener hinchas y detractores y en protagonizar portadas.

Transform√≥ gestualmente el rol arbitral. Fue el primero que sali√≥ al campo caminando dignamente junto a los futbolistas, superando la carrerita vergonzante y solitaria. ¬ęLa personalidad ha destruido al √°rbitro. No arbitra los partidos, los usa como un escenario¬Ľ, dijo de √©l el legendario entrenador milanista Nereo Rocco, con el que se las tuvo tiesas.

Lo Bello era alto, guapo, y su presencia imponente se adornaba de gestos de marcado autoritarismo. No era ya un colegiado gordo o fond√≥n, sino un atleta que cuidaba su forma como los futbolistas y se abalanzaba en√©rgico sobre la jugada. Ten√≠a el aspecto de un tenor de √≥pera que manejara el partido como un director. Lo Bello indicaba cada acci√≥n del juego con ademanes teatrales y se enfrentaba cara a cara con los futbolistas, separ√°ndolos a veces con un peque√Īo y caracter√≠stico empuj√≥n.

A ese estilo unía un insólito sentido de la justicia y una desconocida seguridad en sí mismo. Estando en categorías inferiores un balón le rebotó en la cabeza y acabó dentro de la portería. El error era suyo pero concedió el gol sin dudarlo porque su fidelidad al reglamento estaba por encima de todo, incluso de su integridad física. Era tan anticasero que escapó de varios intentos de linchamiento. En una ocasión tuvo que salir del campo disfrazado de policía.

Lo Bello consiguió enfurecer por igual a todos los grandes equipos italianos y sus arbitrajes marcaron algunos partidos que decidieron campeonatos.

La Juventus quiso vetarlo y el milanista Rivera le responsabiliz√≥ directamente de tres ¬ęscudetti¬Ľ perdidos por el Mil√°n.

En 1969 arbitr√≥ un importante Fiorentina-Cagliari en el que los dos equipos llegaban con opciones. Gan√≥ el Cagliari 0-1 con pol√©mica. Lo Bello no se√Īal√≥ dos penaltis que protestaron los locales y adem√°s anul√≥ el empate en los √ļltimos minutos. El p√ļblico se enfureci√≥ y comenz√≥ a gritar ¬ę¬°Duce, Duce!¬Ľ, compar√°ndolo con Mussolini. Hubo lanzamiento de botellas y tuvo que salir escoltado tras varias horas encerrado en el vestuario.

Indro Montanelli escribi√≥ sobre aquel partido: ¬ęLo Bello entraba en el campo con el paso del propietario que patrulla sus parcela¬Ľ. Si la comparaci√≥n con Mussolini ten√≠a cierta verosimilitud, los t√©rminos estaban alterados: era el Duce el que podr√≠a aspirar a ser Lo Bello, y no al contrario.

Al d√≠a siguiente, su nombre ocup√≥ todos los titulares de la prensa. ¬ęUn show con una sola estrella¬Ľ, sentenci√≥ un periodista. En el Parlamento, un diputado pidi√≥ que se limitara el poder de los √°rbitros. La Fiorentina fue ampliamente sancionada por los sucesos y el √°rbitro necesit√≥ la escolta de dos carabinieri para regresar a la ciudad.

Lo Bello, sin embargo, no se dejó intimidar y al partido siguiente, jugado en Vicenza, volvió a ser protagonista. Localizó en la grada un individuo que le estaba insultando de forma repetida e hizo que un policía lo identificara. Después le demandó por difamación.

Autoritario y desconcertante

El arbitraje de Lo Bello era autoritario de un modo desconcertante. Ten√≠a reacciones de d√©spota genial que representaba con su gesticulaci√≥n la lealtad a la reglas. El sonido imperativo de su silbato era famoso y sus manos se mov√≠an fren√©ticamente. Mov√≠a tanto las manos y con tanta energ√≠a que en tres ocasiones acab√≥ golpeando sin querer a futbolistas al se√Īalar un penalti o un fuera de juego.

En un Spal-Napoli pit√≥ tres penaltis en contra del equipo local. Con 0-2 en el marcador y en pleno diluvio, un bal√≥n dio en el brazo de un defensor del Spal. El p√ļblico, ya ampliamente enfurecido, le grit√≥ ret√°ndole a pitar el tercero. Lo Bello dud√≥ quiz√°s un instante, mir√≥ a la grada y se√Īal√≥ el penalti con una sonrisa en los labios. Luego tuvo que refugiarse en una iglesia cercana al estadio. La ira no acab√≥ en ese d√≠a. El ministro de finanzas era hincha del Spal y durante los meses siguientes Lo Bello recibi√≥ varias inspecciones de hacienda.

En 1960 expuls√≥ a un jugador en un Yugoslavia-Dinamarca por insultarle en serbocroata. Despu√©s pudo haber cambiado la historia del f√ļtbol. En el Mundial de Inglaterra de 1966 arbitr√≥ la semifinal entre Alemania Occidental y la URSS, expulsando a la estrella sovi√©tica Chislenko. La ira de los pa√≠ses del Este oblig√≥ a retirarle de una final que luego se decidir√≠a con el gol fantasma de Hurst. Inglaterra se llev√≥ su Mundial, aunque queda la duda de si hubiera sucedido lo mismo de haber arbitrado Lo Bello.

Fue el primer √°rbitro italiano en conceder una entrevista. En televisi√≥n, en ¬ęLa Domenica Sportiva¬Ľ, reconoci√≥ tambi√©n por primera vez un error de arbitraje. Era el nacimiento de la Moviola. Lo Bello fue tambi√©n el primer √°rbitro en seguir una carrera pol√≠tica. Fue elegido como diputado democristiano, aunque sigui√≥ pitando porque, en sus palabras, ¬ęYo soy un hombre libre¬Ľ.

Sus iniciativas ayudaron a crear instalaciones deportivas en su sur natal. Luego presidió la Federación de Balonmano y fue sucedido por su hijo, también colegiado aunque con menor fortuna.

Lo Bello inspir√≥ el personaje de una comedia italiana, ¬ęEl √°rbitro¬Ľ, protagonizada por Lando Buzzanca, un actor de parecidos rasgos: fuerte mand√≠bula, bigote cuidado, gran presencia f√≠sica. El √°rbitro de esa pel√≠cula llevaba un peine en los partidos, controlaba los hidratos de carbono de su desayuno y era insobornable hasta la comicidad. Cre√≠a, no sin cierta raz√≥n, que las masas del estadio acud√≠an a verle arbitrar.

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