Con tensión extrema, los venezolanos que viven en Buenos Aires pasaron su peor fin de semana

Eduardo, desesperado por noticias Fuente: LA NACION РCrédito: Ignacio Sánchez

“Con much√≠sima tensi√≥n emocional” describe Eduardo Ruiz, un caraque√Īo de 34 a√Īos, cuando se le pregunta c√≥mo vivi√≥ los √ļltimos d√≠as las noticias provenientes de su Venezuela natal. Hace m√°s de dos a√Īos que reside en Buenos Aires y est√° acostumbrado a mantener un di√°logo fluido con los familiares que quedaron en su pa√≠s. Pero su fin de semana fue particularmente angustiante. “El viernes, s√°bado y domingo estuvimos en una tensi√≥n como de novela, pegados a los celulares, portales de noticias y redes sociales. Las comunicaciones se perdieron, uno mandaba mensajes y no llegaban, las l√≠neas estaban saturadas porque todos quer√≠an hablar. No nos movimos de casa para no perdernos nada”, cuenta.

Su chat familiar fue sumando c√≥digos postales en el √ļltimo tiempo: Australia, Miami, Malta, Buenos Aires. “Estamos regados por el mundo y todos los santos d√≠as nos mandamos un mensajito para saber que estamos bien”. Ruiz es m√ļsico y dirige un grupo de cantantes, percusionistas y bailarines llamado AfroRumba; son 16, todos venezolanos. Tambi√©n trabaja como camillero en una cl√≠nica de Villa Urquiza.

Su principal obsesi√≥n, como la de muchos otros compatriotas, es juntar dinero para traer familiares a vivir a este pa√≠s. Junto a su esposa ya logr√≥ ayudar a que vengan unos nueve. “No te imaginas la felicidad que genera. Es como si lo sacaras de la c√°rcel, traerlos a Buenos Aires y que puedan comer algo que no probaban hace a√Īos. Un t√≠o de mi esposa que lleg√≥ hace un tiempo ten√≠a 6 meses sin comer fideos, fijate qu√© tonter√≠a. Fue lo primero que comi√≥ cuando lleg√≥. Mi esposa hac√≠a tres a√Īos que no probaba una manzana verde. En cuanto aterriz√≥ en Buenos Aires lo primero que quiso hacer fue ir a una verduler√≠a. Comi√≥ una manzana y se puso a llorar como si fuera un manjar exquisito. Imaginate”.

En la pensi√≥n donde vive Francisco P√©rez, en el barrio de Constituci√≥n, el temor a las malas noticias se siente en el aire. “Siempre est√°n los nervios, es una residencia donde todos somos venezolanos. Ha pasado ya, a una vecina se le muri√≥ su mama porque no consigui√≥ una pastilla. Muchos otros familiares sufren infartos o ACVs por el estr√©s. Es un temor que uno tiene todos los d√≠as, pensar que si se enferma tu mam√° no vas a poder acompa√Īarla, ayudarla o despedirte. El estr√©s con el que vivimos es muy dif√≠cil”, cuenta.

Francisco tiene 28 a√Īos, trabaja en marketing y lleg√≥ despu√©s de viajar nueve d√≠as en colectivo desde su San Cristobal natal. “Vend√≠ absolutamente todas mis cosas y no me alcanz√≥ para volar, me tuve que venir por tierra en autob√ļs. Y por suerte a√ļn ten√≠a pasaporte, hoy se venden a cinco mil d√≥lares en el mercado negro”. Sus pap√°s quedaron en San Crist√≥bal, que queda a menos de 60 kil√≥metros de la frontera con Colombia, pa√≠s con el que Nicol√°s Maduro rompi√≥ relaciones. Como la mayor√≠a de los casos, quienes migran son los j√≥venes.

√Āngela Torres trabaja entre 17 y 18 horas por d√≠a como manicura a domicilio para poder enviar plata a Venezuela. Es licenciada en RRHH y lleg√≥ sola hace dos a√Īos: en Caracas quedaron su mam√°, su t√≠a y sus tres hijos. Cada quince d√≠as intenta enviarles unos cuatro mil pesos. Hasta que puedan llegar a Buenos Aires, agradece la tecnolog√≠a que le permite mantenerse conectada con ellos. “Todos los d√≠as del mundo, gracias a Dios, puedo hacerles una videollamada y saber de sus vidas”, relata.

Los peque√Īos tienen 12, 7 y 5 a√Īos y se espera que puedan llegar en unos meses. “Es mi mayor sue√Īo”, cuenta. √Āngela suele estar permanentemente conectada y este fin de semana la moviliz√≥ especialmente: “Estuve llorando todos estos d√≠as. Ver que se quema la ayuda humanitaria cuando no hay gazas en los hospitales es completamente horrible, da mucha impotencia”. Para resistir la tristeza, se junta con sus amigos “paisanos”. “Nos reunimos en casas, nos pasamos contactos, o tomamos una cerveza por Palermo o Plaza Serrano. Hablamos, compartimos y nos consolamos”, cuenta.

La foto de perfil de Rossana Salcedo cuenta en una imagen la sensaci√≥n de coraz√≥n partido que describen muchos venezolanos: ella sonr√≠e en el Puente de la Mujer, en Puerto Madero, pero tambi√©n cubre toda la foto un filtro amarillo, azul y rojo que dice Im with you Venezuela. Ella vive en La Matanza y coordina un grupo de whatsapp para embarazadas llamado “Mamis en Espera venezolanas”, que organiz√≥ tras conocer muchas mujeres en situaci√≥n de total vulnerabilidad.

“La mayor√≠a se vienen solas y embarazas, arriesgando todo porque all√° no consiguen medicamentos. Llegan ac√° con lo puesto y tal vez les toca trabajar todo el d√≠a paradas como vendedoras para poder pagar el alquiler”. Con lo poco que puede, porque est√° sin trabajo, Rossana les consigue ropa para beb√©s y las contiene. Salvo por su esposo y su hijo, que viajaron con ella, toda su familia qued√≥ en Caracas.

“Estoy completamente angustiada por todo lo que est√° sucediendo. Ellos viven a unas pocas cuadras de Miraflores, donde est√° el presidente y me preocupa much√≠simo lo que pueda suceder. Yo les digo, porque no se enteran por los medios de all√°, que traten de tener agua potable y de salir poco”, cuenta. Su principal miedo: que salgan los colectivos a la calle a disparar a mansalva.

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