Con solo 15 a√Īos, lograron que las plazas sean aptas para chicos con discapacidad

Julieta y Lautaro Roccatagliata fueron premiados por ALPI Crédito: Alejandro Guyot

Julieta y Lautaro Roccatagliata lograron que su escuela y las plazas de su municipio fueran aptas para chicos con discapacidad

La ma√Īana en que dijo “basta”, Lautaro Roccatagliata ten√≠a ocho a√Īos. Qued√≥ petrificado al pie de la escalera de su escuela primaria cuando, junto con sus compa√Īeros, iba rumbo al aula de computaci√≥n. La asistente de celadora que iba a cargarlo hasta el lugar, tambi√©n. “Basta -repiti√≥ √©l-. No quiero que me alcen nunca m√°s”.

Lautaro y Julieta son mellizos, nacieron con el s√≠ndrome de regresi√≥n caudal, que provoca malformaciones en la parte inferior de sus cuerpos. Los m√©dicos dijeron que vivir√≠an solo dos d√≠as, pero los hermanos se rebelaron y hoy, con 15 a√Īos, son referentes en la lucha por los derechos de las personas con discapacidad: hace un mes, la reconocida asociaci√≥n ALPI los premi√≥ en el Congreso por su ejemplo de esfuerzo y superaci√≥n personal.

Entre mates y budines, reciben a LA NACION en el living de su casa en Castelar, donde viven con sus padres, Sonia y Federico, y con su hermano menor, Dante. Julieta tiene look rockero: mechones rojos, pa√Īuelo al cuello, campera de jean y u√Īas pintadas de negro. Lautaro usa anteojos y viste una remera de los Beatles. Tiene el pelo prolij√≠simo y rapado al costado. Entre sillas de ruedas y bastones, juran que “los l√≠mites no existen” y que es cuesti√≥n de “buscarles la vuelta”.

“√ćbamos a esa escuela desde el jard√≠n. No ten√≠a rampas ni ba√Īos adaptados, pero no hab√≠a problema porque el jard√≠n era en la planta baja”, recuerda Julieta. “Pero en la primaria hab√≠a escaleras para ir a todos lados: al patio, al comedor, a computaci√≥n -sigue Lautaro-. Y nos incomodaba mucho ver que nuestros compa√Īeros sub√≠an independientes y libres, y a nosotros nos ten√≠an que alzar. Ya est√°bamos grandes”.

Tanto que a los ocho a√Īos exigieron que la Escuela N¬ļ 7 Ni√Īas de Ayohuma de Parque Chacabuco fuera inclusiva. Que era su derecho y lo iban a hacer valer. La batalla fue larga y tuvo sinsabores. Pero al fin, luego de tres a√Īos y medio, llegaron las rampas, los ba√Īos adaptados, el ascensor. “Fue una alegr√≠a ver que todo lo que trabajamos rindi√≥ frutos”, recuerda Julieta. Su hermano agrega: “Cargamos con la responsabilidad de hacerlo, por las familias que no conocen sus derechos o no tienen los recursos para salir a luchar”.

Ir por m√°s

Julieta se someti√≥ a 22 operaciones y Lautaro, a 31, la √ļltima el a√Īo pasado. Las cirug√≠as reconstruyen sus tejidos y huesos, y junto a una serie de tratamientos cotidianos -hidroterapia, kinesiolog√≠a y terapia ocupacional- les dan una mejor calidad de vida. “Siempre les inculqu√© que esto no es una tragedia, que hay que atravesarlo lo mejor posible y no alojarnos en la victimizaci√≥n -dice Sonia, que es psic√≥loga-. Nos permitimos desahogarnos, pero le pongo l√≠mites a la angustia. Ma√Īana, la vida sigue”.

Con ese esp√≠ritu guerrero, los Roccatagliata fueron por m√°s. Y despu√©s de la escuela apuntaron a las plazas de su barrio, cuyos juegos no estaban pensados para que pudieran usarlos todos. “Nos angustiaba mucho y era injusto, porque la plaza es para compartir momentos con amigos”, explica Lautaro.

En 2013, Sonia le present√≥ al entonces intendente de Mor√≥n, Lucas Ghi, un proyecto para remodelar juegos, rampas y senderos de las plazas. Con una condici√≥n: los chicos deb√≠an participar del dise√Īo porque nadie mejor que ellos sab√≠an qu√© necesitaban. Ghi acept√≥ y poco despu√©s Mor√≥n se convirti√≥ en el partido con m√°s plazas inclusivas del pa√≠s: son 14 y en dos hay calesitas adaptadas.

En cada inauguraci√≥n, Julieta y Lautaro repartieron folletos para concientizar sobre los derechos de los ni√Īos con discapacidad. Y en 2014 el Ministerio de Desarrollo Social los nombr√≥ padrinos del Programa de Plazas Inclusivas a nivel federal, junto al cantante Le√≥n Gieco y al bailar√≠n I√Īaki Urlezaga. A Sonia le brillan los ojos cuando dice: “Todav√≠a recibo mensajes de mam√°s agradeciendo que pudieron llevar a sus hijos a la plaza a jugar”.

Los mellizos estudian en escuelas secundarias p√ļblicas de la Capital. A √©l le interesa la historia y se imagina, quiz√°s, como polit√≥logo. A ella, que es delegada de su curso, le gustan la literatura, la veterinaria, la biolog√≠a, la traducci√≥n y la criminolog√≠a. A ambos los apasiona la m√ļsica. Se proyectan un futuro arriba del escenario. Es un espacio que ya conocen, porque entre 2010 y 2014 participaron del programa de la actriz y animadora Panam, desde donde difund√≠an los derechos de los chicos con discapacidad. Lautaro toca la guitarra y el piano, y Julieta canta. Suelen grabar juntos.

Lautaro es fan√°tico de Boca y juega al f√ļtbol con sus bastones. Es h√°bil. Como no pudo jugar profesionalmente, se dedic√≥ al tenis de mesa adaptado. En 2017, particip√≥ junto a la selecci√≥n juvenil en los Juegos Parapanamericanos de San Pablo. Con 12 a√Īos, fue el m√°s joven de la historia en la competencia.

¬ŅSufren bullying? No es lo habitual, dice Lautaro. Lo m√°s duro, en realidad, son las miradas de l√°stima. O el silencio, describe Julieta. “Un d√≠a, un chico de cuarto se sent√≥ al lado m√≠o y me dijo: ‘Si no te molesta, quer√≠a preguntarte por qu√© estas en silla de ruedas’. Me sorprendi√≥, porque la mayor√≠a ni te pregunta. Le expliqu√© y enseguida nos hicimos amigos”.

Para sortear los obst√°culos, en todo caso, los mellizos tienen un arma √ļnica. “Lauti siempre esta ah√≠, es mi compa√Īero de vida. Somos muy diferentes, pero √©l tiene lo mismo que yo y me puede dar el punto de vista que necesito para encarar situaciones”, dice ella. Su hermano sonr√≠e y agrega: “No todo es color de rosa en la vida y siempre est√° el otro para ayudarnos. Desde chiquitos compartimos todo: los doctores, los tratamientos, las terapias. Ella es mi alma gemela”.

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