Como una redención

Comilonas inmundas estos d√≠as, como cuando √©ramos pobres y celebr√°bamos hart√°ndonos un d√≠a al a√Īo -o tal vez dos-. Recuerdos de la miseria, estas mesas tan rebosantes de comida cargante, grasienta, absurda. ¬ęEs la tradici√≥n¬Ľ. Tambi√©n era la tradici√≥n vivir en cuevas y tener esclavos. Tambi√©n era la tradici√≥n cocerlo todo al mismo tiempo y en la misma olla.

En casi todo hemos evolucionado menos en estos excesos de miserables. El restaurante de esta semana es Note de Yuzu, un perfume creado por James Heeley en colaboraci√≥n con la Maison Kitsun√© de Par√≠s. No podemos comer m√°s hasta pasado Reyes. Si los presos independentistas hicieron su dieta prenavide√Īa nosotros tenemos que hacerla ahora. Ni para adelgazar ni para morirnos de hambre sino porque nuestro cuerpo tiene que descansar, y nuestro cerebro. Hemos comido como cerdos. Hemos ca√≠do en la total vulgaridad. Si no paramos a tiempo nos acabaremos volviendo independentistas y diremos que Espa√Īa nos roba ¬°y nos engorda!

Basta ya. No comas m√°s. Note de Yuzu, del se√Īor Heeley, que sin ser Jean-Claude Ellena es tambi√©n muy nuestro. El perfume se abre con el yuzu, este c√≠trico amargo y picante, entre la mandarina y el pomelo. En el coraz√≥n, la sal marina y las algas. Y de fondo el vetiver de Hait√≠ y el almizcle blanco. Es un perfume limpio como la derecha, japon√©s en su sutileza intencionada, ingl√©s en su equilibrio y franc√©s en su aire de m√ļsica pop dependiente de la Maison Kitsun√©. Queda muy de hombre en los hombres y muy de mujer en las mujeres: esto tambi√©n es muy japon√©s.

El frasco de 100 ml cuesta 130 euros, como cualquiera de nuestros restaurantes, con la ventaja de que el perfume te dar√° de comer algunas semanas, e incluso varios meses si no abusas de √©l. Pero abusemos, abusemos de este c√≠trico picante y que sea cada d√≠a nuestro √ļnico alimento. Que con su elegancia nos recuerde que en la verticalidad est√° el sentido de cada cosa. Que con sus c√≠tricos m√°s vol√°tiles nos devuelva a la virtud huidiza del genio, rescat√°ndonos del empacho intolerable de lo obvio al que estos d√≠as nos hemos abandonado. Cochinillos y capones, turrones y canelones. Como si fu√©ramos bestias, como si todav√≠a tuvi√©ramos hambre. Qu√© ordinariez. Qu√© asco. Nace Jes√ļs para salvarnos y nos encuentra mojando un barquillo en la copa de cava. Somos deleznables. Somos el caganer de cada Bel√©n. No nos merecemos nada.

Que un rayo de Note de Yuzu nos devuelva a la fr√≠a sensualidad de las ideas, a la cristalina inteligencia de las met√°foras que no necesitan desmenuzar la verdad sino simplemente esbozarla. Y todo se comprende sin necesidad de tragar. Tragar. Qu√© desastre. Podr√≠a vivir de oler este perfume y nada m√°s. Podr√≠a fundar con √©l una familia. P√≥ntelo en la mano, entre el pulgar y el √≠ndice con el pu√Īo cerrado. Hu√©lelo enseguida. Luego dale unos minutos y vu√©lvelo a oler, con el coraz√≥n y el fondo abri√©ndose paso. Es una fresca ma√Īana de junio en una calle secundaria del Upper East Side. La seducci√≥n de los cerebros cuando ni los cuerpos hacen falta. Un gui√Īo ir√≥nico que remite a lo que entonces nos doli√≥ pero de lo que tanto hemos aprendido. Querr√≠a escribir siempre as√≠, de un solo trazo como Dios hace a algunas chicas porque √Čl no necesita borradores.

Todo m√°s sutil, menos invasivo, m√°s libre, m√°s de hombre que intenta parecerse a Dios en lugar de recordarse a s√≠ mismo en cada acto, en cada rendici√≥n, que viene del mono, con esa arrogante ordinariez de los ateos. Todo m√°s elevado, menos rastrero. Note de Yuzu para descansar de nosotros mismos, de nuestra brutalidad atroz. No podemos volver a comer hasta pasado Reyes si no queremos acabar abriendo las c√°rceles o delirar rep√ļblicas imaginarias. Del cap√≥n a la revoluci√≥n hay s√≥lo un paso. Hasta la c√°rcel hay dos. Los Jordis se hartaban a cocidos: por Navidad y todo el a√Īo. Volvamos a pensar, volvamos a sentir, volvamos a lo que escapa a las normas del tr√°fico diario. Dejemos lo org√°nico para las bestias y acunemos al Ni√Īo de todos los hombres en la mirada limpia del almizcle blanco y el yuzu, como una epifan√≠a, como una redenci√≥n.

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