Cómo funciona un hotel de cinco estrellas convertido en hospital para pacientes con Covid-19

MADRID Guardar

Habitaciones minimalistas, con la cama y una mesilla –además de la tele– casi como único mobiliario. Cabeceros plastificados. Sin cortinas ni alfombras que puedan ser vía de contagio. En cada habitación, un paciente que se toma la temperatura a diario –y, en ocasiones, también la saturación del oxígeno– y la comunica por teléfono al control de enfermeras, situado en el vestíbulo de cada planta. Así son los once hoteles medicalizados de Madrid, cinco de los cuales ya reciben pacientes.

Hace apenas una semana, el Gran Hotel Ayre Colón abría sus puertas a unos usuarios singulares: sus instalaciones se convertían en plantas de hospital, y sus huéspedes en pacientes. Ahora, ya funciona «como un reloj», explica orgulloso José Luis Escalante, coordinador sanitario de este hotel-hospital que posiblemente hoy ya llene de pacientes sus nueve plantas.

Nada que propague el virus

De hecho, las rutinas hospitalarias se han integrado totalmente en el hotel. El Ayre (cuatro estrellas) fue el primero en funcionar. El Miguel Ángel (cinco estrellas) ha sido el último en ponerse en funcionamiento: en la tarde-noche del miércoles ya recibía sus primeros pacientes. Su director, Manuel Murga, explicaba que recibieron «indicaciones de nuestra propiedad para que colaboráramos lo más posible» con las autoridades sanitarias.

El Hotel Miguel Ángel ha facilitado tres plantas, 112 habitaciones, además de las cocinas y las salas de reuniones que «ahora serán almacenes». Los inspectores de la consejería de Sanidad visitaron el establecimiento y comprobaron si sus condiciones se adaptaban a las necesidades de un hotel sanitarizado: espacio para los pacientes, fáciles accesos, etc.

Luego, llegó la hora de retirar «todo aquello susceptible de propagar el virus»: cortinas, mobiliario suplementario … Lo mismo que hicieron en el Ayre Colón cuando llegaron los equipos técnicos: «Sacaron de cada habitacion todos los muebles supérfluos». Su aspecto ahora es mucho más espartano: los cabeceros y otros muebles que permanecen se han plastificado;«y cada vez que cambie el paciente que la ocupa, se sustituye el plastificado», detalla Escalante.

Los vestíbulos de cada planta se aprovechan para los controles de enfermería. «Es casi un hospital, solo que no tiene ni quirófanos ni consultas». Sus pacientes también son especiales: personas que están en una fase leve del coronavirus, tras pasar por un hospital, pero que aún tienen que pasar la cuarentena antes de volver a casa.

«En algunos casos, no pueden hacer el aislamiento en su domicilio porque allí hay niños pequeños, o personas mayores, y sería peligroso; lo que se prima es que no se propague el virus». En otros casos, lo que ocurre es que sus casas «no reúnen las condiciones para cumplir la cuarentena: no tienen en ella una habitación para ellos solos, ni un baño individual».

Todos son pacientes válidos:«Se asean solos, tienen movilidad, etc». Tampoco tienen ni oxígeno ni suero:«Toda su medicación es por vía oral».

Uno por habitación

De momento, en los hoteles-hospital sólo hay una persona por habitación, pero esto podría cambiar en breve: «Yo estoy llenando el Ayre», indica Escalate: «hoy (por ayer jueves) ya llego a la novena planta, y luego empezaremos a ver la necesidad de que haya dos pacientes por habitación». Algo que quizá, señala, «personalmente puede venirles bien, porque estar como ahora 24 horas completamente solo…».

De la comida se encarga «un catering que fue contratado por la consejería de Sanidad». Yla limpieza también está al cargo de empresas externas al hotel. «Del establecimiento sólo tenemos personal de soporte, por si hay algún problema con la calefacción o con un ascensor».

Durante las 24 horas del dia, cuentan con médicos, enfermeras y auxiliares. «Se procura tener el mínimo contacto posible con cada paciente»; se les visita una vez al día, y a partir de ahí, ellos mismos se toman la temperatura y la comunican al control de enfermeras a través del teléfono de su habitacion. Incluso algunos cuentan con un dispositivo portatil para medir la saturacion de oxígeno en sangre, que si baja mucho puede suponer una complicación importante.

Cada hotel está conectado con su hospital:el Ayre Colón con el Gregorio Marañón,el Miguel Ángel con el Clínico San Carlos.«Estamos conectados informáticamente y todo lo que se recoge aquí va a la historia clínica del paciente», indica Escalante. También las prescripciones de medicinas llegan a la Farmacia del hospital, que se encarga de llevárselas. «Al igual que pasa con los pijamas, las batas…».

Algunos, pocos, de los pacientes han tenido que volver al hospital por alguna complicación de «un virus que es muy traidor»; otros están a punto de recibir el alta:«Este viernes posiblemente sean las primeras», indica el coordinador del Ayre.

La recepción de este establecimiento está a punto de convertirse en un servicio de admisión, desde el que poder pasar llamadas a la habitación a los pacientes más vulnerables o que no tengan o sepan usar móviles. Porque las visitas, como en toda cuarentena que se precie, tampoco están admitidas.

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