Comiendo entre templarios en Toledo

Adentrándose por las tortuosas callejuelas que suben desde la catedral de Toledo en dirección al Alcázar, al llegar a la plaza del Seco, se levanta un inmueble que desde fuera no llama mucho la atención. Se trata de la Casa del Temple, ubicada en el número 2 de la calle de la Soledad, cerca de la iglesia de San Miguel el Alto, donde, según se cuenta, en los siglos XII y XIII no sería difícil cruzarse con algún caballero templario pertrechado con su hábito y la cruz roja patada en el pecho.

No obstante, no existen documentos históricos que demuestren la relación de los templarios con este edificio ni de la cesión del rey Alfonso VIII del inmueble a esta orden militar. Sí que hay alguna referencia documental del siglo XII en la que se habla de las tiendas del Temple en la plaza del Seco, justo al lado, donde había un zoco islámico por aquel entonces, e incluso ha aparecido una cruz patada que está expuesta en la vivienda.

Pero, quizás, lo que mucha gente desconoce es que la Casa del Temple es el edificio civil con estructuras en uso más antiguo de la ciudad y, probablemente, uno de los más vetustos de España, ya que posee elementos arquitectónicos de los siglos XI-XII en la misma posición y con la misma función para la que fueron creados.

Mencionada en la novela Ángel Guerra (1891), de Benito Pérez Galdós, el edificio conserva los restos de un antiquísimo palacio hispanomusulmán de grandes dimensiones, que en su día debió de comprender toda la manzana hasta la calle del Cobertizo de San Miguel y que está datado entre finales del siglo XI o comienzos del XII. No obstante, el edificio conserva restos islámicos anteriores, de época califal, entre ellos unos zócalos subterráneos con valiosos restos pictóricos, los mejor conservados y más importantes de la España del siglo X. Por este motivo, fue declarada Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento.

El artífice de que todos esos tesoros salieran a la luz es el propietario del inmueble, Amador Valdés, promotor y economista, enamorado del arte y de la historia, que decidió aunar profesión y vocación, y que, tras varias experiencias gratificantes, hace 30 creó una empresa dedicada a la búsqueda y rehabilitación de edificios históricos.

Amador Valdés, propietario de la Casa del Temple
Amador Vald̩s, propietario de la Casa del Temple РAna P̩rez Herrera

Este empresario madrileño ha restaurado casas andaluzas, manchegas, castellanas y navarras. Pero las preferencias de Amador Valdés se fueron decantando por Toledo, donde llegó en 1992 y donde ha rehabilitado una quincena de edificios históricos, a los que se les ha dado un uso civil «para sacarlos de la situación de abandono en la que estaban».

Premio Europa Nostra 1998

Según cuenta Amador Valdés a ABC, en 1992 llegó a Toledo desde su Madrid natal y, dos años más tarde, adquirió la Casa del Temple. Fue en esos años cuando realizó la primera restauración contemporánea de esa casa, algo que le valió para recibir numerosos premios y galardones, entre ellos un Europa Nostra en 1998.

«Es un lujo ser el propietario de uno de los edificios más antiguos de España —afirma su propietario—, por lo que siento una tremenda satisfacción y una gran responsabilidad de mantenerlo para que llegue a futuras generaciones». Durante los últimos años, ha alquilado la Casa del Temple a inquilinos que han destinado este espacio sobre todo al sector hostelero.

«Por su proximidad al antiguo Alcázar y su vecindad con la plaza del Seco, también con importantes restos de un arco islámico, fue, sin duda, un edificio de excepcional relevancia», aclara Amador Valdés. De hecho, algunas de sus carpinterías, entre ellas la valiosa armadura de par y nudillo situada en la planta superior, poseen paralelismos en edificios como la Aljafería de Zaragoza y el alfarje de la iglesia segoviana de San Millán.

Posteriormente, durante la baja Edad Media, el edificio fue reformado y sufrió la misma evolución y reparcelación que otras muchas casas toledanas. Ya a mediados del siglo XIX fue documentado por Amador de los Ríos en Toledo pintoresco. En este libro explica que, por entonces, la zona más occidental de cuanto quedaba del primitivo palacio comenzó a ser conocida como Casa del Temple, mientras que la oriental, que no se ha conservado, era denominada Casa de la Parra. De aquí procedía la valiosa alacena mudéjar que salió de Toledo en 1870 con destino al museo South Kensington de Londres (actualmente, The Victoria and Albert Museum).

Última rehabilitación

La última rehabilitación que ha sufrido la Casa del Temple se terminó a principios del año pasado, gracias al trabajo del Consorcio de Toledo dirigido por la arquitecta brasileña Teresa Simoes. Las tareas, cuyo coste fue superior a 40.000 euros, incluyeron la limpieza y la restauración de las carpinterías de la planta baja.

Pero la novedad ahora mismo de la Casa del Temple es su oferta cultural y de ocio, ya que este espacio ha reabierto sus puertas hace tres semanas como museo, sala de exposiciones temporales, gastrobar y lugar para actos. De hecho, el próximo viernes 5 de octubre comienza a ofrecer sus primeras cenas, los sábados habrá eventos y actividades para todos los públicos —con talleres de arqueología para niños—, y todos los domingos también se degustará un «brunch». Quizá, quién sabe, se puedan encontrar con algún caballero templario mientras saborean un vino de la tierra.

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