Comenz√≥ la campa√Īa sucia, aunque los equipos electorales la niegan

Los precandidatos presidenciales Alberto Fern√°ndez y Mauricio Macri Fuente: Archivo

Los equipos de campa√Īa juran que ellos no, pero que los rivales s√≠. Juran que nada tienen que ver con los ataques an√≥nimos, las “fake news” y otras porquer√≠as que circulan por redes sociales, internet y tel√©fonos m√≥viles. Plantean que eso “ya pas√≥ de moda” y que hasta puede resultar contraproducente. Pero las agresiones, mentiras y medias verdades dominan las semanas previas a las elecciones primarias del 11 de agosto. Del lado de los candidatos apuntan a militantes que se cortan solos, se “pasan de rosca” y agreden por su cuenta. Pero eso tambi√©n es mentira, seg√ļn reconstruy√≥ LA NACION tras dialogar durante semanas con referentes de las campa√Īas, due√Īos de agencias de comunicaci√≥n, estudiosos de las redes sociales, tuiteros y “trolls” que accedieron a dialogar bajo reserva estricta de sus nombres.

¬ŅPor qu√© es mentira que los equipos de Mauricio Macri y Alberto Fern√°ndez nada tengan que ver con la campa√Īa sucia? Porque todos los d√≠as, a toda hora, equipos integrado por publicistas, dise√Īadores, comunicadores e inform√°ticos dise√Īan y propagan videos, afiches, “memes” y hasta aplicaciones para tel√©fonos m√≥viles destinados a ensalzar al candidato propio y esmerilar a sus rivales.

Esos materiales se suben a las redes sociales y se difunden a trav√©s de WhatsApp, Telegram, Signal y otras opciones de mensajer√≠a con dos variantes centrales. Si el contenido es sobre el candidato propio se sube a las cuentas oficiales de ese postulante en Instagram, Twitter y Facebook, y se distribuye entre sus colaboradores, militantes para que lo propaguen con sus nombres y apellidos. Tambi√©n entre personas p√ļblicas catalogadas como “influencers” que lo subir√°n a sus cuentas en redes sociales, por afinidad o a cambio de hasta 2500 d√≥lares, seg√ļn reconstruy√≥ LA NACION.

¬ŅUn ejemplo de la propagaci√≥n positiva? “Juntos por el Cambio” ofrece en Internet bajar una aplicaci√≥n para tel√©fonos m√≥viles que contiene “videos e informaci√≥n para compartir”, como as√≠ tambi√©n “ideas que te van a ayudar a seguir sumando gente que defienda el cambio”. ¬ŅQu√© domicilio registr√≥ el “desarrollador” de esa app? Balcarce 412, sede central del PRO.

Por el contrario, la ruta que sigue el material negativo es m√°s dif√≠cil de reconstruir. Entre otras razones, porque sus creadores esconden sus manos y recurren a terceros para difundirlo. As√≠, por ejemplo, tres tuiteros de renombre cercanos a Cambiemos precisaron por separado a LA NACION que reciben contenidos por WhatsApp contra el kirchnerismo y que ese material proviene de la Fundaci√≥n Pensar y de “Parque Patricios”. Es decir, de la nueva sede del Gobierno porte√Īo.

¬ŅOtro ejemplo? Seguidores an√≥nimos de Alberto Fern√°ndez crearon una p√°gina en Facebook y otra en Instagram con videos, afiches y “memes” de campa√Īa, pero con una particularidad: ning√ļn contenido es a favor del candidato propio. Son ataques a Macri, otros candidatos de Cambiemos y sus militantes.

Parte de ese material negativo que se difunde por las redes sociales y aplicaciones m√≥viles contra Macri y Fern√°ndez podr√≠a ser desarrollado por aficionados. Pero otros son elaborados por profesionales. Como el video que combina una entrevista a Alberto Fern√°ndez de 2014 -como detect√≥ el proyecto colaborativo Reverso contra la desinformaci√≥n- con la est√©tica y m√ļsica de “¬ŅQui√©n quiere ser millonario?”, el programa que conduce Santiago del Moro. O el falso tr√°iler de un inexistente documental de Netflix con la supuesta direcci√≥n del espa√Īol Pedro Almod√≥var sobre los “Panama Papers” con Macri como protagonista.

La artiller√≠a sucia incluye, por supuesto, todo tipo de agresiones en Twitter, ya sea a trav√©s “trolls” (personas que esconden su identidad para atacar, acosar o amedrentar a otros) y “bots” (cuentas cuya generaci√≥n de contenido es automizado). As√≠, por ejemplo, el experto en redes Fabio Baccaglioni analiz√≥ lo que ocurri√≥ en Twitter con diez temas relevantes (“hashtags”) entre el 9 y 13 de julio, con resultados “interesantes”, como los calific√≥.

¬ŅQu√© detect√≥ Baccaglioni tras analizar m√°s de 53.000 publicaciones en los que participaron 17.000 usuarios? Que apenas 4600 aportaron material original en relaci√≥n a esos “hashtag”, mientras que la mayor√≠a se dedic√≥ a retuitear contenidos ajenos para generar una masa cr√≠tica suficiente para que esos temas parecieran dominar la agenda p√ļblica del d√≠a. As√≠, una decena de cuentas retuitearon m√°s de 300 mensajes, mientras que otra cuenta lleg√≥ a retuitear 800 mensajes, a un promedio de un mensaje cada dos minutos durante 24 horas. “Ametralladoras de compartir mensajes”, las caracteriz√≥ Baccaglioni, incluso cuando algunas de esas cuentas “ni seguidores tienen”.

¬ŅPara qu√©? ¬ŅCu√°l es el fin? “La estrategia es simple, atacar con lo que se pueda al rival, muchas veces tan s√≥lo son tuits con el ‘hashtag’ sin contenido alguno, forzar tem√°ticas en la lista de ‘hashtags’ del d√≠a y con eso dar por cumplida la jornada. Estimo que se paga por haber alcanzado dicho objetivo” plante√≥ Baccaglioni en su blog y estim√≥ que en Twitter la proporci√≥n de “trolls” podr√≠a ser de 3 kirchneristas por cada uno del PRO.

Oportunidades y riesgos

Apoyadas en los millones de datos p√ļblicos y privados con que cuentan los equipos de campa√Īa, las redes sociales y aplicaciones como WhatsApp o Telegram permiten oportunidades hasta ahora inexistentes de “segmentar” los mensajes de los candidatos. Es decir, llegar a cada votante seg√ļn sus intereses y deseos identificados con “Big Data” e inteligencia artificial. Por edad, g√©nero, poder adquisitivo, nivel educativo, ubicaci√≥n geogr√°fica o, por ejemplo, si est√° a favor o en contra de la legalizaci√≥n del aborto, seg√ļn haya subido fotos a Internet con alg√ļn pa√Īuelo verde o celeste.

Pero las redes sociales tambi√©n presentan riesgos para los equipos de campa√Īa. Entre otros, que los ataques resulten contraproducentes. Ya sea porque el candidato rival pueda victimizarse y empaparse en una oleada de solidaridad, o porque esa agresividad puede espantar a propios y ajenos por igual.

“El tono del militante fan√°tico aleja, incluso a los que sienten simpat√≠as al que est√° de acuerdo con el argumento”, plantearon Dami√°n Coll y Ariel Carrel en su libro “¬°En Campa√Īa! Manual de comunicaci√≥n pol√≠tica en redes sociales”. “Algunos sostendr√°n que la forma es lo de menos cuando el contenido es contundente; nosotros decimos [que] el contenido es todo y la forma tambi√©n”, remarcaron ambos expertos, que participaron en las campa√Īas presidenciales de 2015 y, tambi√©n, en las de este a√Īo.

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