Comarcas de la región agonizan por la sequía y los posibles cortes de agua

El sur de Castilla y León agoniza por una sequía amenazante. La noticia saltó de forma anecdótica en Ávila con la cancelación de la fiesta de la espuma y continuó de manera más seria con la suspensión de la 58 edición del Concurso Hípico Nacional de Saltos de Obstáculos. Para colmo, el Ayuntamiento ha declarado la situación de emergencia y han saltado las alarmas. Nadie quiere imaginar qué sucedería si al abrir el grifo no obtienen como de costumbre el preciado bien. Los abulenses no son los únicos que sufren a diario este tormento. Municipios como Medina del Campo, Olmedo o Arévalo, entre otros, se enfrentan a un problema sin solución a corto plazo. «Tenemos que ir semana a semana. No sabemos qué puede ocurrir dentro de un mes. Si no llueve la situación puede empeorar», lamenta a ABC el teniente alcade de Ávila, José Ramón Budiño, preocupado por su ciudad.

Las Cogotas, el único embalse del Estado de la cuenca del Duero que hay en la provincia de Ávila, se ha convertido en las últimas semanas en el epicentro de la sequía. El pantano cuenta ahora con 15,3 hectómetros cúbicos, sólo el 26% del total. El año pasado a estas alturas atesoraba el 82%, según datos de la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD). La situación del embalse afecta a tres de las localidades más grandes de Valladolid y Ávila. El concejal de Urbanismo y Medio Ambiente de Medina del Campo, Borja del Barrio, explica la primera medida que han tomado: «Se ha emitido un bando con recomendaciones a la población sobre el buen uso del agua». El alcalde de Olmedo, Alfonso Centeno, coincide y asegura que «estos consejos a los ciudadanos sobre cómo consumir el agua se tendrían que emplear haya o no haya sequía». Su homólogo en Arévalo, Francisco León, apunta que fueron «avisados desde marzo porque se avecinaba un verano muy seco».

En Ávila la sequía se ha cebado más que en ningún otro punto de Castilla y León. Han declarado la situación de emergencia en la ciudad y su Ayuntamiento ya tiene las primeras medidas urgentes sobre la mesa. Vivir esta situación no es nuevo para los abulenses. «Es un mal centenario», afirma Budiño. «Aquí los embalses no tienen capacidad, llueve poco y las temperaturas no favorecen nada». La ciudad bebe aguas municipales que provienen de los embalses Becerril, Serones y Fuentes Claras, pero no es suficiente. La sequía los ha dejado prácticamente vacíos. «Nuestra idea es realizar muchos sondeos de manera urgente», admite. Una solución complicada. «Un sondeo ofrece 1.500 litros cúbicos de agua al día y en Ávila «se gastan una media de 20.000 diarios». Los cortes de agua, el gran temor. «No queremos alertar todavía, pero es algo que puede pasar en un futuro», anuncia.

Aunque la preocupación ha surgido en el sur de la Comunidad por la escasa cantidad de agua que hay en la zona del río Adaja, también hay nerviosismo por su calidad. El portavoz del PSOE en Medina del Campo, José María Magro, en declaraciones a este periódico, se atrevió a decir que el agua de su municipio tenía «olor a gasolina». Del Barrio, del Partido Popular, líder en la ciudad medinense, explica que «el sabor y el olor del agua vienen provocados por unas algas que hay en el cauce». Concretamente por culpa de la Geosmina y la Metilisoborneol, tal y como recoge un comunicado del Ayuntamiento. «No tiene afecciones sobre la salud del consumidor», apunta la nota de prensa. «El agua es potable, claro, pero no es aceptable», afirma Del Barrio. En Olmedo ocurre algo muy parecido. Alfonso Centeno admite que «tiene un olor desagradable» y su explicación se encuentra en la «escasez en Las Cogotas, que arrastra lodos y algas». Un problema añadido.

A largo plazo

Las soluciones planteadas más urgentes se repiten en todos los municipios: avisar a la población de la crítica situación, recomendar el buen consumo del agua y evitar el gasto público en jardines y fuentes.

Pero solo con esto parece que no basta porque la sequía puede resurgir de nuevo. Los ayuntamientos ya se han puesto manos a la obra para buscar soluciones a largo plazo. «La política de los últimos 50 años no ha sido buena, debería haber más embalses», se sincera Centeno. Del Barrio, de Medina del Campo, ya ha movido los primeros hilos: «Hemos preguntado cuánto nos costaría mejorar la potabilizadora, que lleva desde 2006 sin tener ninguna inversión». Ávila es la ciudad que tiene el proyecto más ambicioso. «Queremos sumar Las Cogotas como cuarto embalse en caso de que haya sequía, pero no va a ser nuestra fuente principal», asegura Budiño. El consejero de Fomento y Medio Ambiente, Suárez-Quiñones, aseguró esta semana que las obras terminarán en 2021.

Si la capital abulense bebe en un futuro de Las Cogotas, el resto de municipios podrían verse afectados y molestados. Budiño cree que no: «Lo entenderían porque es de sentido común». Alfonso Centeno, alcalde de Olmedo, explica que si ahora «beben tres localidades de ahí y lo pasan mal, qué pasará si se suma Ávila». Pero lo entiende: «Sus habitantes tienen el mismo derecho». Francisco León, regidor de Arévalo, encuentra su moraleja: «Puede que esto nos sirva para que nos demos cuenta de que no podemos seguir malgastando el agua».

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!