Cl√°sica y Moderna – LA NACION

El local de Callao 892, donde Clásica y Moderna ha funcionado desde 1938, está cerrado. La Justicia dispuso su clausura como derivación de un juicio por alquileres adeudados entre los propietarios del inmueble y el titular del fondo de comercio.

No es un hecho insensible para la ciudad la suerte de este bien que la Legislatura local declar√≥ hace a√Īos de inter√©s cultural. Por el contrario. Cl√°sica y Moderna tiene una tradici√≥n que se ha proyectado al exterior, particularmente a Madrid. Esa idea de Natu y Paco Poblet, hijos del fundador, Francisco Poblet, de aunar en 1988 a la antigua librer√≠a espect√°culos y muestras art√≠sticas, confiri√≥ a los porte√Īos la oportunidad de disfrutar de un nuevo modelo en el campo de la creatividad cultural de Buenos Aires. Los descendientes de don Francisco dotaron as√≠ a la ciudad, como pioneros, de un tipo de espacio que estaba presente entonces en Par√≠s y en unas pocas ciudades m√°s de Europa.

El ministro de Cultura de Buenos Aires, Enrique Avogadro, ha dicho bien que la situación de Clásica y Moderna no es producto de una supuesta crisis del libro, sino de la crisis patrimonial y financiera de una familia. A la muerte de Natu, que estuvo precedida bastante antes por la de Paco, Clásica y Moderna ya estaba en situación delicada, hasta el punto de haberse enajenado la propiedad del local. Su heredero, Alejandro Monod, filósofo, nunca ocultó que estaba lejos de ser la persona indicada para la compleja administración donde a la sabiduría del librero eficiente y conocedor de las obras que tiene entre manos, se suma, por un lado, el dominio de la gastronomía y del personal que la hace posible, y por el otro, la no menos ardua cuestión de la contratación de artistas.

¬ŅVolver√° Cl√°sica y Moderna a acoger a los porte√Īos, a gente del interior y a turistas extranjeros que acud√≠an a ella atra√≠dos por su leyenda y la menci√≥n de las figuras notables de las letras, y otras no tanto, que frecuentaron sus tertulias o que bast√≥ que se asomaran fugazmente al c√©lebre lugar para que en alg√ļn imaginario period√≠stico quedaran registradas como parte sustancial del inventario?

No lo sabemos, pero lo deseamos. No solo por la melancol√≠a de que la ciudad pierda un √°mbito de vasto renombre en su cultura y de una m√≠stica que raramente se forja sin tantos a√Īos como los transcurridos. Tambi√©n, porque su caso nos pone a todos a prueba, sobre nuestras habilidades para preservar los bienes culturales de Buenos Aires en consonancia con f√≥rmulas que respeten el sentido com√ļn, estimulando la participaci√≥n privada en emprendimientos de tal naturaleza, o considerando incluso el esfuerzo personal de los mismos porte√Īos en el rescate, sin que medie la pol√≠tica ni que el Estado deba hacerse cargo de problemas de privados.

En 2008, cuando “Cl√°sica” cumpli√≥ 70 a√Īos, hubo una celebraci√≥n con notable participaci√≥n de artistas que moviliz√≥ el entonces ministro de Cultura, Hern√°n Lombardi. Se public√≥, incluso, un libro conmemorativo. La parte menos conocida de lo que es, en el fondo, una riqu√≠sima historia de familia, es que el primero de los Poblet, don Emilio, de origen catal√°n, hab√≠a fundado en 1916 la Librer√≠a Acad√©mica. Lo acompa√Īaron en esa empresa, situada en un lugar m√°s pr√≥ximo al Congreso, sus hijos.

Los √ļltimos descendientes siempre honraron la memoria de los mayores, a pesar de las diferencias objetivas que en asuntos p√ļblicos los separaban: los viejos Poblet hab√≠an estado consustanciados, como pocas otras familias espa√Īolas radicadas en Buenos Aires, con el franquismo. Acaso en esa alegor√≠a √ļltima de comuni√≥n entre ascendientes y descendientes anide una raz√≥n m√°s para desear una resoluci√≥n inteligente al caso suscitado por “Cl√°sica”: en un pa√≠s en el que la pol√≠tica lo ha degradado todo, hasta relaciones de familia.

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