Circo mediático en el Vaticano a costa de los restos de Orlandi

Secreto tras secreto, la desaparición hace 36 años de la joven Emanuela Orlandi, cuando tenía 15 años, hija de un empleado de la Prefectura de la casa pontificia del Vaticano y hombre de confianza de Juan Pablo II, se ha convertido en uno de los grandes misterios italianos. Desapareció sin dejar rastro en la tarde del 22 junio 1983, después de recibir una clase de flauta en una escuela de música próxima a la céntrica plaza Navona. Durante las tres últimas semanas se han sucedido diversas noticias, algunas sorprendentes, pero solo han servido para aumentar el misterio de un caso que atrae la atención mundial.

Para colmo, el pasado jueves la prensa internacional se hacía eco de una carta abierta dirigida a los medios internacionales por parte de Ali Agca, el terrorista turco que disparó al Papa Juan Pablo II en la plaza de San Pedro el 13 mayo 1981, hiriéndole gravemente. «Emanuela Orlandi está viva y está bien desde hace 36 años. Fue secuestrada por una conspiración internacional ligada al tercer secreto de Fátima; el Vaticano no tiene nada que ver, pero sí la CIA», ha dicho Ali Agca, quien en los días en que fue secuestrada Emanuela Orlandi se encontraba en la cárcel de Rebibbia de Roma, donde acudió a visitarle Juan Pablo II el 27 diciembre de ese mismo año.

La familia Orlandi está harta de pistas falsas, de leyendas y de los montajes como el del el turco Ali Agca. Solo sirven para aumentar la confusión y añadir misterio al misterio, como se ha visto a lo largo de este mes, con la apertura de dos tumbas en el Vaticano. La abogada de la familia Orlandi, Laura Sgró, recibió el pasado verano una carta con una foto de dos tumbas del Cementerio Teutónico de la Ciudad del Vaticano, con un mensaje anónimo: «Buscad donde está el ángel». Según algunas reconstrucciones, desde hace años diversas personas depositan flores en la «Tumba del Ángel», en señal de piedad hacia Emanuela Orlandi, porque se decía que ahí estaba sepultada la joven desaparecida.

Golpe de escena

El Cementerio Teutónico, donde hay enterrados miembros de habla alemana de diversas instituciones religiosas en Roma, se encuentra en un área adyacente a la Basílica de San Pedro. En una decisión marcada por el deseo de transparencia, apoyada por el Papa Francisco, el Vaticano autorizó la apertura de la tumba, operación que se realizó el pasado día 11, con un golpe de escena totalmente inesperado: Se abrieron dos tumbas en este camposanto con la esperanza de encontrar los restos de Emanuela Orlandi. Pero no solo no había ningún rastro de la joven, sino que para gran sorpresa de los presentes estaban vacías. En la «Tumba del Ángel», llamada así porque está la estatua de un ángel, teóricamente tenía que estar sepultada la princesa Sophie von Hohenloe, muerta en el 1836. Se descubrió también la tumba contigua en la que debía estar enterrada la princesa Carlotta Federica de Mecklenburgo, muerta en 1840. Y también estaba vacía.

El hermano de Emanuela Orlandi, Pietro, mostró su rabia y decepción: «Nosotros habíamos recibido indicaciones precisas, no solamente las contenidas en una carta anónima: Incluso fuentes del Vaticano nos señalaban que ese era el lugar de la sepultura de Emanuela. Esto no puede acabar así. ¿Por qué todas estas personas nos han dirigido hacia ese lugar? ¿Los familiares de las princesas sabían que no estaban sus cuerpos? ¿Dónde están?».

Transparencia

Las autoridades de la Santa Sede explicaron que no era anómalo que los restos de las dos princesas no se encontraran en esas tumbas, porque se realizaron obras en los años 60 del siglo pasado y probablemente sus restos mortales fueron trasladados a otro lugar. Durante el trabajo de apertura de las dos tumbas, se encontraron cerca dos osarios. La abogada de la familia Orlandi pidió que continuara la búsqueda «Nuestro interés es colaborar activamente con la magistratura vaticana para comprender por qué las dos tumbas estaban vacías». Con autorización de la Santa Sede, el pasado sábado 20 julio se sacaron de los dos osarios miles de huesos. Ninguno se esperaba encontrar esa montaña de huesos, llenándose 24 sacos, según declaró el genetista de la familia Orlandi, Giorgio Portera..

En el Vaticano hay interés en dar la máxima colaboración. Ayer continuaban los análisis de los huesos, para intentar, en primer lugar, darles una fecha. En la Curia vaticana hay convencimiento de que entre esos huesos antiguos recogidos en el cementerio alemán no están los de Emanuela Orlandi.

La desilusión de la familia se repite una y otra vez durante 36 años. La última vez fue en noviembre 2018: En la sede de la Nunciatura apostólica en Italia, en via Po en Roma, se encontraron huesos y se lanzó la hipótesis de que podía existir una relación con la desaparición de Emanuela Orlandi. Pero los análisis científicos aclararon que aquellos huesos pertenecían a un periodo que se remonta entre los años 90 y 230 después de Cristo. Todo hace indicar que el misterio seguirá por mucho tiempo.

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