cien años no son nada

Nunca se ha resuelto esa discusión de si una imagen vale más que mil palabras, pero hay hombres que valen mucho más que eso. El Museo ABC guarda hoy más de 82.000 dibujos de Mingote, una cifra que pasma, pero que muchos desconocen, porque de lo que se acuerdan es que de sus «chistes» –así llamaba él, con modestia, a sus viñetas– no tienen fecha de caducidad y de que nos siguen arrancando sonrisas, aún con el sol cruel de julio pegando fuerte en San Lorenzo de El Escorial. Allí, en el Aula Magna del Real Centro Universitario María Cristina, se reunieron ayer más de cien personas para recordar su figura en un homenaje / mesa redonda en la que participaron el humorista Julio Rey, Bieto Rubido, director de ABC, Isabel Vigiola, viuda del dibujante, Luis Alberto de Cuenca, poeta y amigo personal de él y que fue moderada por Manuel Álvarez Junco.

Durante algo más de una hora, y tirando de anécdotas, los ponentes trataron de desentrañar un poco la complejidad de este hombre que dominó el trazo como pocos y que, además, se explayó con elegancia en el terreno de la prosa, hasta estampar su apellido en la historia de la Real Academia Española (RAE). «El epíteto genial se inventó para él o, por lo menos, se convirtió en su acompañante perpetuo, lo mismo que Aquiles es, por siempre jamás, “el de los pies ligeros”», sentenció Luis Alberto de Cuenca, evocando el epitafio que le dedicó al tercer día de su muerte, acaecida el 3 de abril de 2012. En 2019 habría cumplido los cien años…

El paso del tiempo no ha restado actualidad a su humor –«un humor blanco, un humor tierno en el que los españoles se veían reflejados», en palabras de Bieito Rubido–, pero mucho menos ha empañado la memoria que dejó en este mundo: el hombre de las más de 82.ooo imágenes supo, sobre todo, dibujar la imagen de un «hombre bueno». Y lo era. Julio Rey, que lo calificó como la «personificación» del siglo de oro del viñetismo español, destacó la generosidad de Mingote, que acogió bajo su ala a los nuevos talentos que fue descubriendo. «Era tan generoso que no tenía intimidad», bromeó.

Isabel Vigiola, su Isabel, esa mujer que dice que ya solo quiere hablar de Antonio, lo resumió así:«Era ingenuo, natural, sencillo… Necesitaba alguien al lado que le hiciera un poco malo, y esa era yo», ironizó con su particularísima guasa, esa con la que tanto se divertían, a pesar de que Mingote siempre aseguraba que él no era divertido. Porque era modesto: no le gustaba hablar en público… «Decía: yo me he hecho realmente dibujante para no tener que hablar nunca en público», recalcó Rey. «A mí me contó que, cuando los taxistas le hablaban, les decía: “no oigo nada, que estoy sordo”», remató Rubido.

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