Caos en Hong Kong por las protestas contra la ley de extradición a China

Con nubes de gases lacrim√≥genos de las que llov√≠an ca√Īonazos de agua, entre gritos y carreras, el caos se trag√≥ ayer a Hong Kong. Esta ciudad de 7,5 millones de habitantes, una de las m√°s pac√≠ficas, desarrolladas y c√≠vicas del mundo, vivi√≥ una de sus jornadas m√°s convulsas por las multitudinarias protestas contra la ley de extradici√≥n a China, que fueron dispersadas con contundencia por la Polic√≠a.

Decenas de miles de personas, sobre todo j√≥venes y hasta adolescentes que todav√≠a van al instituto, cercaron por la ma√Īana el Parlamento local para impedir la tramitaci√≥n del controvertido acuerdo, que temen les merme sus libertades, mayores que en el resto de China. Cortando la avenida de cinco carriles en cada sentido frente a las sedes del Gobierno y el Consejo Legislativo (Legco), los manifestantes quer√≠an bloquear los accesos durante 61 horas para que transcurriera el plazo del debate y se tuviera que convocar otra sesi√≥n.

As√≠ se lo explicaba a ABC Johnson, un estudiante de 17 a√Īos que se tapaba el rostro con una m√°scara junto a otros compa√Īeros de clase bajo el paso elevado que comunica la estaci√≥n de metro de Admiralty, en la isla de Hong Kong, con los edificios gubernamentales. Bajo el aguacero que cay√≥ al mediod√≠a, los j√≥venes se proteg√≠an de la lluvia con sus paraguas, el s√≠mbolo de las fallidas protestas pro-democr√°ticas del oto√Īo de 2014 que han recuperado para esta nueva lucha contra el Gobierno local y el r√©gimen chino.

¬ęHemos venido aqu√≠ para defender las libertades de Hong Kong, ya que la ley de extradici√≥n puede servir para detenernos a cualquiera y juzgarnos sin garant√≠as en China¬Ľ, expon√≠a Michael, otro estudiante de 19 a√Īos, los temores que han llevado a buena parte de la sociedad hongkonesa a oponerse al acuerdo.

Mentiras del régimen

Aunque la jefa ejecutiva de la isla, Carrie Lam, ha prometido que se respetar√°n los derechos humanos y los tribunales hongkoneses estudiar√°n caso a caso cada extradici√≥n, que ser√° solo para cr√≠menes y violaciones, los manifestantes no la creen. ¬ęNo es la primera vez que el Gobierno miente y, adem√°s, hay otros casos que nos preocupan como los secuestros de libreros¬Ľ, se quej√≥ John, de 18 a√Īos, refiri√©ndose a la desaparici√≥n en 2015 de editores cr√≠ticos con el r√©gimen, que luego fueron mostrados en la televisi√≥n estatal china ¬ęconfesando sus delitos¬Ľ. ¬ęNo queremos que algo as√≠ nos pase a nosotros¬Ľ, justific√≥ el muchacho, que asegur√≥ contar con el apoyo de sus padres y hasta de sus profesores. ¬ęNos han dicho que vengamos, pero que tengamos mucho cuidado¬Ľ, se√Īal√≥ mientras los cabecillas instaban a la multitud a aguantar bajo la lluvia.

Aunque los manifestantes lograron que se suspendiera hasta nuevo aviso la segunda lectura del proyecto de ley, provocaron la reacci√≥n de la Polic√≠a, que empez√≥ a desalojarlos con gases lacrim√≥genos, pelotas de goma, espray de pimienta y ca√Īonazos de agua. Haciendo con paraguas la cl√°sica formaci√≥n de la ¬ętortuga romana¬Ľ, los j√≥venes resist√≠an los envites asomando levemente sus cabezas, protegidas con cascos, gafas de pl√°stico y mascarillas.

Martilleando sus cascos con las porras para asustar a la multitud, los antidisturbios se abr√≠an camino lanzando botes de gas que, en ocasiones, los j√≥venes acertaban a devolverles, dibujando estelas humeantes que sobrevolaban la batalla campal. A pesar de algunos choques violentos entre los manifestantes y la Polic√≠a, hay que resaltar que los j√≥venes apenas han roto ni quemado nada, limit√°ndose a intentar recuperar sus posiciones con paraguas cuando eran forzados a retirarse. De igual modo, los antidisturbios no han tenido que entregarse tan a fondo como sus colegas occidentales cuando tratan de controlar, por ejemplo, las manifestaciones antiglobalizaci√≥n del G20 o, en el caso de Espa√Īa, el acoso al Congreso o las protestas independentistas en Catalu√Īa.

Revelando su inocencia, los j√≥venes retroced√≠an entre toses y l√°grimas para huir de los gases y avanzaban gritando pu√Īo en alto cuando se disipaban. Entonando el grito de guerra de la protesta, ¬ęChet Guo¬Ľ (¬ę¬°Retiradlo!¬Ľ), ped√≠an la anulaci√≥n del controvertido acuerdo de extradici√≥n con el autoritario r√©gimen de Pek√≠n. ¬ę¬°No podemos permitirlo! Si la ley sale adelante, Hong Kong ya no ser√° Hong Kong nunca m√°s. ¬°Seremos China!¬Ľ, gritaba llorando, emocionado, un muchacho de 17 a√Īos apodado Natural. Hace cinco a√Īos, con solo 12, era demasiado peque√Īo para unirse a la ¬ęRevuelta de los Paraguas¬Ľ que pidi√≥ pleno sufragio universal sin √©xito. Pero ahora, aseguraba, ¬ęno estoy dispuesto a renunciar a la lucha por la libertad de Hong Kong¬Ľ.

Decenas de heridos

Tras varias horas de idas y venidas entre cargas de la Polic√≠a, resultaron heridas m√°s de 70 personas, de las que 21 eran agentes. Seg√ļn informaba anoche el peri√≥dico ¬ęSouth China Morning Post¬Ľ, la mayor√≠a se recuperaba bien, pero hab√≠a dos cuyo estado era serio. A tenor de lo visto, es un milagro que la cifra no sea mayor. Pero m√°s por el riesgo de la masa que por la violencia en s√≠ de las protestas o la represi√≥n policial. Aunque ambas han sido elevadas para una ciudad tan tranquila como Hong Kong, han resultado mucho menos destructivas que los disturbios que suelen sacudir a Europa o Estados Unidos.

A pesar de todo ello, incidentes de esta magnitud son tan poco habituales en Hong Kong que no se ve√≠an desde la ¬ęRevuelta de los Paraguas¬Ľ en 2014, que reclam√≥ pleno sufragio universal ocupando casi tres meses la avenida ante el Consejo Legislativo y las sedes del Gobierno local. Por ese motivo, Amnist√≠a Internacional (AI) se apresur√≥ a criticar la actuaci√≥n de los antidisturbios. ¬ęLas feas escenas de la Polic√≠a usando gases lacrim√≥genos y espray de pimienta contra los manifestantes pac√≠ficos son una violaci√≥n de la ley internacional¬Ľ, denunci√≥ su director, Tam Man-kei, seg√ļn informa el SCMP.

Por su parte, la jefa ejecutiva de Hong Kong, Carrie Lam, difundi√≥ un v√≠deo de tres minutos acusando a los manifestantes de organizar ¬ędisturbios¬Ľ por el caos desatado en la ciudad. ¬ęAlguna gente ha recurrido a actos peligrosos, o incluso potencialmente fatales. Estos incluyen incendios, usar barras de hierro afiladas y tirar ladrillos a los agentes de Polic√≠a, as√≠ como destruir instalaciones p√ļblicas¬Ľ, censur√≥ Lam.

Acusando la inestabilidad, la Bolsa de Hong Kong perdió un 1,8 por ciento y espera con preocupación para ver cómo se desarrolla la jornada de hoy.

Una vez desalojados la mayor√≠a de los manifestantes de los alrededores del Parlamento, sus √ļltimos reductos fueron arrinconados en otra avenida contigua, Queensway, y en el Distrito Central, donde los agentes los vigilaban mientras esperaban a que les venciera el cansancio. Sin un l√≠der visible que los dirigiera, los manifestantes se limitaban a insultar a los polic√≠as, pero cualquier movimiento de estos los asustaba y provocaba una desbandada. As√≠ ocurri√≥ cuando, en la barricada montada a la entrada del ¬ębarrio rojo¬Ľ de Wan Chai, alguien dijo que las furgonetas de la Polic√≠a los estaban rodeando para detenerlos. Asustados, muchos manifestantes echaron a correr hasta que otro, a voces desde un paso elevado, les conmin√≥ a seguir resistiendo durante toda la noche manteniendo la calle cortada. Ahora est√° por ver c√≥mo reaccionar√° hoy la sociedad hongkonesa ante este brote de violencia. En 2014, y tras una represi√≥n similar, cientos de miles de personas se echaron a la calle y provocaron la ¬ęRevuelta de los Paraguas¬Ľ, la crisis pol√≠tica m√°s grave que ha vivido Hong Kong desde su devoluci√≥n a China en 1997. Hoy se ver√° si la segunda ¬ęRevuelta de los Paraguas¬Ľ contin√ļa o ha sido sofocada por la Polic√≠a.

Lee m√°s: abc.es


Comparte con sus amigos!