Campana: penal modelo y puerta a la libertad para los jóvenes

Se construy√≥ en Campana una c√°rcel “modelo” para j√≥venes reclusos Fuente: Archivo

La nueva c√°rcel ya recibi√≥ a los primeros reclusos de entre 18 y 22 a√Īos que transitan la etapa final de sus condenas

LA PLATA.- Acaban de llegar los primeros 24 presos a una c√°rcel nueva. Arrastran sus frazadas hechas bolsos con todas sus pertenencias. Con toda su vida. Son flacos y j√≥venes: tienen entre 18 y 22 a√Īos y condenas que no superan los cinco a√Īos. Les falta poco para salir en libertad. Esta c√°rcel sin ratas, cucarachas ni superpoblaci√≥n les parece el para√≠so en comparaci√≥n con los lugares de donde vienen.

La Unidad Penitenciaria 57 de Campana se inaugur√≥ unos d√≠as antes de que llegaran esos primeros presos. Es la concreci√≥n de un proyecto de la gobernaci√≥n de Daniel Scioli que hab√≠a quedado trunco. La obra fue adjudicada en 2014, pero se paraliz√≥. Solo estaba construido el 20%. En diciembre de 2016, la gesti√≥n de Mar√≠a Eugenia Vidal la retom√≥. Poco m√°s de dos a√Īos despu√©s es una realidad y, tambi√©n, un desaf√≠o.

La inversión fue de $844.000.000. El Gobierno nacional ayudó con fondos para dos cárceles por $450.000.000. Una de ellas es esta, aunque fuentes del Ministerio de Justicia provincial consultadas por LA NACION no precisaron cuánto fue para cada una. La empresa contratada para la construcción del penal fue Centro Construcciones.

La Unidad 57 tiene capacidad para 576 personas en cuatro módulos de seis pabellones. Cada pabellón tiene seis celdas con cuatro camas.

Cada módulo tiene un sector de escuelas con aulas y talleres donde se dictarán los niveles primario y secundario y cursos de formación laboral en reparación de PC, informática y programación, herrería, carpintería, mecánica de motos y reparación de calzados, impresiones en 3D y panadería, entre otros.

Las autoridades provinciales prometen que en cada pabellón también habrá huertas autosustentables y los presos llevarán a cabo actividades de reciclado de residuos.

“En este penal va a ser obligatorio estudiar, aprender un oficio y seguir un r√©gimen de pautas de disciplina y de convivencia”, explic√≥ el ministro de Justicia, Gustavo Ferrari.

Aquí, adonde están llegando los primeros 24 presos, serán alojados quienes estén detenidos por delitos como robos, hurtos o encubrimientos. Deben firmar un acta de conformidad con las normas especiales del penal, tras una selección que hará la Dirección General de Asistencia y Tratamiento del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), donde se evaluarán los informes criminológicos y la conducta de los jóvenes.

En el √°mbito del SPB hay 3402 internos j√≥venes adultos. La mayor√≠a (un 76%) tienen 20 o 21 a√Īos. Como entrar√°n solo 576 en Campana, m√°s de 2800 presos j√≥venes seguir√°n en las mismas condiciones de superpoblaci√≥n y hacinamiento en las c√°rceles donde est√°n alojados.

En este penal va a ser obligatorio estudiar, aprender un oficio y seguir un régimen de pautas de disciplina y de convivencia

Gustavo Ferrari, ministro de Justicia bonaerense

Para lograr el traslado a un lugar que, seg√ļn les prometieron, ser√° para estudiar y trabajar, los j√≥venes deb√≠an pertenecer al Programa Integral de Asistencia y Tratamiento para J√≥venes Adultos (Piatja), de la Direcci√≥n General de Asistencia y Tratamiento del SPB.

El programa empezó a funcionar en noviembre de 2010 y está destinado exclusivamente a atender las problemáticas y a apuntalar opciones de vida para el egreso de los jóvenes presos en la provincia.

Los que quer√≠an llegar a esta nueva c√°rcel tambi√©n ten√≠an que firmar un acta de conformidad de pautas de convivencia: deben cumplir con los horarios y las actividades del pabell√≥n, y abstenerse de consumir, tener, distribuir o comercializar alcohol y sustancias psicoactivas. Si usan viseras, pa√Īuelos o pantalones arremangados, ser√°n evaluados por un equipo interdisciplinario. Seg√ļn se lee en el acta, este equipo buscar√° “evitar que se propaguen y se instalen modos y formas tendientes a la identidad con el delito”.

Vista del interior de uno de los pabellones de alojamiento de la nueva c√°rcel, en los que se ve las puertas de las celdas (para cuatro internos, con ba√Īo privado) y la luminosa sala de estar Fuente: Archivo – Cr√©dito: Gobernaci√≥n bonaerense

El jefe de la unidad, el prefecto Gast√≥n Collado, no sabe cu√°ndo le enviar√°n m√°s j√≥venes. A√ļn recorre los pasillos vac√≠os, muestra las celdas, los patios, los espacios de talleres y las herramientas ya listas, a la espera de ser usadas, puestas sobre la mesa como en una exposici√≥n.

“Cada m√≥dulo tiene su escuela. Ac√° no va a pasar que no haya lugar para estudiar, como en otras unidades”, dice Collado, y mira unas aulas inmaculadas, con mesas, sillas, dos computadoras equipadas al fondo del sal√≥n y un pizarr√≥n verde que a√ļn ninguna tiza roz√≥.

Llegar√°n tambi√©n organizaciones para trabajar con los j√≥venes, como Justicia Restaurativa y Deportistas por la Paz. Seg√ļn el acta de conformidad, es obligaci√≥n que los presos participen de todas las actividades y de las asambleas cada d√≠a.

Todos los guardias que custodiar√°n a estos j√≥venes acaban de recibirse. Son 259 guardias y 59 oficiales adjutores, que son aquellos que ya tienen el primer grado de oficiales. Ninguno de ellos, excepto los jefes, ha tenido ninguna pr√°ctica en ninguna c√°rcel. “No est√°n ‘contaminados'”, admiti√≥ Collado.

Lautaro, Marcelo y Facundo, j√≥venes presos, ya llegaron de otras unidades. Est√°n acomodando sus cosas. Hicieron todo lo necesario para que los trasladen a la Unidad 57 de Campana, a una c√°rcel nueva, a una promesa de estudio y trabajo para estos √ļltimos meses tras las rejas.

Lautaro: “Ac√° podemos cambiar nuestra vida”

Lautaro tiene 22 y ya pasó por seis unidades en Sierra Chica, La Plata y Olmos
Lautaro tiene 22 y ya pasó por seis unidades en Sierra Chica, La Plata y Olmos

Hac√≠a un tiempo que Lautaro viv√≠a solo en Villa Insuperable, Lomas del Mirador. Ten√≠a 18 a√Īos cuando lo condenaron a cinco a√Īos por robo agravado por uso de arma. Ahora tiene 22 y ya pas√≥ por seis unidades en Sierra Chica, La Plata y Olmos.

“Decid√≠ venir porque es un lugar nuevo donde podemos cambiar nuestra vida. All√° hab√≠a menos trabajo, menos estudio, menos recreaci√≥n”, dice Lautaro, sentado en el banco de cemento de la celda. √Čl entr√≥ en el Programa J√≥venes Adultos en 2017, cuando estaba en la U9 de La Plata.

En la Unidad 1 de Olmos, su destino anterior, estaba estudiando el √ļltimo grado de la escuela primaria. Eran unos 2800 presos en total, y 50 en su pabell√≥n. De ah√≠ salieron seis para esta nueva c√°rcel.

Entr√≥ a la U57 arrastrando su frazada en forma de bolso. Adem√°s de la ropa y los elementos de higiene llevaba un peque√Īo ventilador. Antes de entrarlo mat√≥ las cucarachas que se le hab√≠an venido de la otra prisi√≥n. “Nuestra vida dentro de la c√°rcel est√° ah√≠. Es nuestra casa, donde vamos la llevamos”, dice, y mira su frazada todav√≠a cerrada.

Lautaro piensa que ac√° ser√° todo distinto: “Ac√° es todo muy nuevo. Est√° buena la cancha en el medio, el patio que tenemos, el SUM de visitas para la familia. Tenemos ducha en el ba√Īo. En las otras no hay, una vez que nos ‘engomaban’ [encerraban] ya no nos pod√≠amos ba√Īar”, cuenta.

Dice que tendr√°n m√°s comodidad porque ser√°n cuatro en una celda para cuatro. No como en la Unidad 45 de La Plata, en la que en una celda de cuatro entraban nueve. “Dorm√≠amos de a dos. A veces, en el piso, sin colchones. En invierno te pod√≠as agarrar cualquier enfermedad”, explica.

A pesar de tener estudios, trabajo, cursos hechos, incluso un tratamiento para las drogas, el juez de La Matanza que lleva su causa le neg√≥ la condicional. Para terminar de cumplir su condena deber√° pasar en Campana un a√Īo y dos meses m√°s.

Marcelo: “La diferencia que veo es el lugar que hay”

A Marcelo le quedan ocho meses para salir; estuvo casi dos a√Īos y medio preso en Olmos
A Marcelo le quedan ocho meses para salir; estuvo casi dos a√Īos y medio preso en Olmos

A Marcelo le quedan ocho meses para salir. Los casi dos a√Īos y medio que lleva preso siempre estuvo en Olmos. Es la primera vez que sale de ah√≠. Tiene 22 a√Īos, es de San Mart√≠n y est√° a punto de ser pap√°.

“Eleg√≠ venir porque ya llevaba mucho tiempo all√°, me falta poco para irme a casa y estaba viendo que todo lo que hac√≠a no me estaba sirviendo de nada”, cuenta Marcelo un rato antes de empezar a ordenar sus cosas, que carg√≥, como todos, en una frazada atada para soportar la poca ropa.

Desde que est√° preso fue a cursos de literatura, pintura, derechos humanos, reparaci√≥n de motos, estudi√≥ en el colegio y sali√≥ a todas las tareas que le permit√≠a el Programa J√≥venes Adultos del Ministerio de Justicia bonaerense. Pero nada de eso logr√≥ que la pena de tres a√Īos que le dieron los jueces por robo agravado disminuyera o que le dieran la prisi√≥n domiciliaria.

“La diferencia que veo con el otro penal es el lugar donde estoy. All√° en una celda de ocho personas viv√≠amos 16. De noche hab√≠a pibes que no dorm√≠an; se levantaban los dem√°s a las siete de la ma√Īana y los que estaban de noche descansaban”, dice, sobre las condiciones que acaba de dejar atr√°s, en las que siguen viviendo los j√≥venes en la Unidad 1.

All√°, en Olmos, los pabellones est√°n “desengomados”: esto significa que las celdas no se cierran y de noche no es raro que se arme pelea. √Čl se encargaba de organizar que quedaran siempre dos o tres despiertos para “cuidar el sue√Īo de los dem√°s”.

El a√Īo pasado no pudo terminar el colegio porque dejaron de ir a buscarlo para los traslados. “Vos est√°s esperando a las siete de la ma√Īana a que te busquen, pero no van y despu√©s dicen que nosotros no queremos estudiar”, dice, resignado.

En este tiempo pensó mucho. Dice que acá siempre hay tiempo. Piensa que cambió, pero también sabe que eso se va a ver de verdad cuando vuelva a su casa.

Facundo: “Siempre delinqu√≠, pero estudiar me gusta”

Le faltaban cinco días para cumplir 19 cuando Facundo cayó preso; lo condenaron por cuatro delitos
Le faltaban cinco días para cumplir 19 cuando Facundo cayó preso; lo condenaron por cuatro delitos

Le faltaban cinco días para cumplir 19 cuando Facundo cayó preso. Lo condenaron por cuatro delitos: tenencia de arma de guerra, enfrentamiento, robo simple y resistencia a la autoridad. En la persecución en la que lo agarraron recibió un tiro en una pierna.

Antes de eso ya hab√≠a terminado la escuela, pero eso de robar no era algo nuevo para √©l. “Siempre delinqu√≠, desde que soy chico. Pero estudiar siempre me gust√≥; yo decid√≠ ir a la escuela y cuando no iba hac√≠a lo que hac√≠a”, reconoce. En lo que le quedaba de tiempo libre ayudaba a su t√≠o, que trabajaba arreglando equipos de aire acondicionado.

Es de San Mart√≠n. Y es uno de los pocos que tienen el secundario completo y quieren ir a una universidad. Decidi√≥ pedir el traslado a esta unidad penitenciaria porque le dijeron que ac√° podr√≠a tener alg√ļn taller de contabilidad o de administraci√≥n de empresas. Cuando salga quiere estudiar Derecho y ayudar a otro t√≠o en un lavadero de autos. Antes de llegar a la Unidad 57 estaba en la 47 de San Mart√≠n. “All√° los cursos eran muy pocos. En mi pabell√≥n no hab√≠a trabajo”, dice. Y repite lo mismo que Marcelo: “La polic√≠a no te iba a buscar, y despu√©s te daban de baja”.

Cuando entr√≥ a la c√°rcel de Campana le sacaron un chaleco inflable y una remera gris. Como los guardias visten ropa negra, no quieren que se confundan con los presos. No les permiten ropas de esos colores. “Es como que est√°s preso, pero vos deber√≠as poder andar como vos quer√©s. Estamos privados de nuestra libertad no de lo que pod√©s usar y lo que no”, piensa Facundo.

Le dieron cuatro a√Īos de condena. Ahora le queda un a√Īo y cuatro meses. Quiere salir para poder estar con su hija. Tiene claro que el tiempo que perdi√≥ no lo recupera. “Quiero salir y progresar. Tengo una nena que va a cumplir 2 a√Īos. Perd√≠ mucho tiempo de estar con ella”, dice, y mira el piso.

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