¬ęCal√≠gula¬Ľ, lo humano en su dimensi√≥n totalitaria

A Cal√≠gula lo volvi√≥ loco el tomar conciencia de que era demasiado humano. Quiso ser un dios, y mancharse las manos de muerte como un dios, pero se qued√≥ en un hombre cuya misi√≥n fue intentar mostrarnos que la dignidad humana no existe, que la falta de importancia de la vida suplanta cualquier metaf√≠sica y cualquier religi√≥n. Escrita y revisada durante la Segunda Guerra Mundial, la ¬ęCal√≠gula¬Ľ de Albert Camus proyecta desde luego una reflexi√≥n existencial, la del hombre y sus l√≠mites, pero tambi√©n pol√≠tica: el totalitarismo como enfermedad moral, como delirio. La escenograf√≠a ideada por Paco Azor√≠n es, por eso, tan sorprendente como simb√≥lica, con ese frontispicio inclinado que se inspira en el Pallazo della Civilt√† del Lavoro y que Mussolini quiso que fuera el s√≠mbolo del fascismo en aquella Exposici√≥n Universal de Roma que nunca lleg√≥ a inaugurarse.

Mario Gas crea, de esta manera, un montaje perturbador como el reflejo de una daga, de enorme potencia visual y de indudable carga filos√≥fica. Y acierta, para el espectador de hoy, en limpiarlo de ese tono de p√ļlpito existencialista en que otros directores han ca√≠do, incorporando incluso gui√Īos a la cultura pop (Cal√≠gula convertido en David Bowie). Gas monta una obra febril donde la fiebre interpretativa de Pablo Derqui, en el papel de Cal√≠gula, derrocha la saliva de lo apasionado, las venas de esa crisis de la personalidad, la mirada del terror y de la enajenaci√≥n. Cuarenta grados en el term√≥metro de una interpretaci√≥n que sobrecoge por su calidad y por su verdad. Junto a √©l, la elegancia gestual de M√≥nica L√≥pez, haciendo una Cesonia de muy alta factura, acertando a interpretar a esa mujer donde se combinan la perversi√≥n, la complicidad y el amor.

Mario Gas acierta tambi√©n en darnos esa dimensi√≥n de t√≠teres que tienen algunos personajes menores. Sin embargo, echamos en falta el humor delirante y sombr√≠o con el que Camus resuelve el absurdo. La risa de Cal√≠gula no ense√Īa sus dientes de guada√Īa, ni sus ojeras de insomne, y eso que nuestro emperador cre√≠a que el humor era una forma m√°s de asesinato.

Para este ba√Īo de sangre, el vestuario es de gran gala, como si la sinraz√≥n existencial y el crimen necesitaran cogernos vestidos de fiesta. Una iron√≠a en un discurso lleno de iron√≠as.

Cal√≠gula busca en el rostro de los muertos las palabras de lo imposible. Mario Gas busca mostrar en el lun√°tico Cal√≠gula la complejidad del alma humana, los abismos de nuestro malestar, los peligros de practicar cualquier poder cuando se vuelve enajenado e inhumano. Todav√≠a en nuestra historia reciente se reconoce al emperador gritar: ¬ęA√ļn estoy vivo¬Ľ.

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