Buscan renovar US$2800 millones de deuda de corto plazo

Para sobrellevar el test, reducen plazos y reabren una opción para las Lete

La convocatoria fue lanzada el viernes y bastó una mala rueda de negocios para que lo que surgía como un complejo test se transformara en una exigente prueba que puede incluso definir el clima de negocios de allí en más.

La jornada de mercados de hoy girará en torno de los resultados que el Gobierno obtenga en su intento de lograr el mayor grado de refinanciación para deuda de corto plazo por el equivalente a US$2800 millones que le vencen pasado mañana. Es que un traspié puede provocar mayor incertidumbre, dado que la licitación es la primera en un cargado cronograma para tratar de renovar buena parte de los US$10.700 millones en este tipo de títulos de deuda por vencer antes de las elecciones o los casi US$14.000 millones hasta el final del mandato de Macri.

La convocatoria lanzada a inversores en medio de un rebrote en el recelo hacia el riesgo argentino es para lograr los fondos que permitan al Gobierno cubrir buena parte del pago por US$1602 millones que enfrenta el viernes en letras del Tesoro (Lete) en dólares, junto a otros $67.000 millones en Lecap (letras de capitalización) y Lecer (letras que ajustan por inflación), dos títulos en pesos que al cambio actual equivalen a poco menos de US$1200 millones.

Por el lado de las Lete, el ojo estará puesto en el porcentaje de renovación de los US$909 millones que están en manos de inversores privados. Tomando en cuenta la posible reticencia inversora, el Gobierno ofrece a los inversores suscribir una solo a 35 días (a vencer el 4 de octubre) y otra a 140 días (caduca el 17 de enero, con lo que se encargará de su pago el próximo gobierno), para la que reabrió la opción de comprarla con pesos, buscando tentar por esta vía a los que busquen una cobertura cambiaria. El problema es que estos mismos títulos, dada la oleada de ventas que sufrieron en las últimas semanas por el desarme de fondos comunes de inversión (FCI) que invertían en ellas, rinden tasas del 40% en el mercado secundario, es decir, podrían comprarse baratas por esa vía, lo que conspira contra su demanda por la subasta.

Por el lado de los $67.000 millones que vencen de títulos en pesos la expectativa es algo mejor porque cerca del 30% de la tenencia está en manos de organismos públicos y del resto se supone que hay inversores institucionales privados que se mueven en pesos y se pueden ver tentados a renovar en busca de capturar buenas tasas.

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