Bruselas advierte de que la deuda italiana es «explosiva»

No se puede decir que las noticias del presupuesto italiano hayan sorprendido en Bruselas, aunque en la Comisión Europea probablemente mantenían la esperanza de que el ministro de Economía Giovanni Tria podría reconducir la situación. Oficialmente, la Comisión aún espera a ver qué es lo que envía el Gobierno italiano antes del 15 de octubre, pero de momento, el comisario de Economía, Pierre Moscovici, ya ha adelantado claramente que lo que han visto hasta ahora no le gusta nada. En una entrevista con una radio belga, el francés recordaba ayer mismo que «Italia, con una deuda del 132% de su PIB elige la expansión y el estímulo, lo que es un presupuesto que parece que incumple nuestras reglas». El responsable comunitario insiste en que en la UE «no nos interesa que Italia incumpla las reglas y que no reduzca su deuda, que sigue siendo explosiva».

Por ahora, la coalición de nacional populistas y demagogos no se ha atrevido a cumplir lo que había prometido en la campaña electoral, que hubiera llevado a un déficit de más del 7%, sino que ha decidido mantenerse al menos formalmente dentro de los límites del pacto de estabilidad. Otros analistas financieros, de los que ven siempre la botella medio llena, hablaban ayer de que es posible que incluso dentro de las cifras que se conocen, se pueda mantener el esfuerzo de reducción del déficit estructural.

Sin embargo, la Comisión aún espera poder reconducir la situación en el tramo del trámite presupuestario que las leyes europeas ponen en sus manos. El lunes se reúne el Eurogrupo en Luxemburgo, con un orden del día particularmente anodino, con lo que los ministros tendrán tiempo de sobra para hablar del presupuesto italiano y de sus consecuencias para la moneda única.

Italia ha vivido siempre en el filo de la navaja por lo que respecta al cumplimiento de las reglas europeas. Cuando España estaba en la enfermería, nadie se atrevía a hacer nada que pudiera desestabilizar a la tercera economía de la zona euro y los regates de los sucesivos gobiernos de Roma han logrado siempre explotar al máximo el margen de flexibilidad de las reglas europeas. Sin embargo, ahora se trata de un pulso político en toda regla. Después de haber desafiado la política migratoria, el verdaero hombre fuerte del gobierno italiano, el nacional populista Matteo Salvini, quiere medir ahora hasta donde puede tensar la cuerda en materia presupuestaria.

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