Bosques: el Chaco es uno de los 11 lugares con mayor deforestación

Anualmente se pierden cientos de miles de hectáreas de bosques nativos Fuente: Archivo РCrédito: Greenpeace

Mientras el mundo se estremece por los incendios en el Amazonas, los bosques nativos de la Argentina también se encuentran bajo asedio.

Informes oficiales y estudios realizados por institutos científicos y ONG muestran que se pierden anualmente cientos de miles de hectáreas de estos tesoros de la naturaleza que brindan servicios indispensables para la vida y el desarrollo socioeconómico.

Despu√©s del Amazonas, el Gran Chaco es la ecorregi√≥n boscosa m√°s extensa del continente americano y la que despierta mayor preocupaci√≥n. Es uno de los 11 puntos con mayor deforestaci√≥n del mundo y, seg√ļn calcula un trabajo de la Fundaci√≥n Vida Silvestre (FVSA) realizado con apoyo t√©cnico del INTA, si nada cambia, en 2028 habr√° perdido una superficie equivalente a 200 veces la ciudad de Buenos Aires.

Otro estudio, esta vez de Greenpeace, advirti√≥ a comienzos de este a√Īo que en el norte del pa√≠s cuatro provincias concentran el 80% de los desmontes: Santiago del Estero, Chaco, Formosa y Salta, y que el 36,3% de la superficie deforestada durante el lapso analizado correspondi√≥ a bosques nativos.

La ecorregi√≥n chaque√Īa se extiende en gran parte de la Argentina, Paraguay, Bolivia y una peque√Īa porci√≥n de Brasil, y sus bosques, matorrales, praderas, sabanas, pantanos y humedales la hacen algo √ļnico en el mundo.

Es, tambi√©n, el mayor reservorio de bosque nativo que tiene el pa√≠s. “A pesar de ser un √°rea semides√©rtica por los par√°metros clim√°ticos, sostiene √°rboles con las maderas m√°s duras del mundo”, comenta Gustavo Sosa, ingeniero forestal y fundador de Inbioar, una compa√Ī√≠a de investigaci√≥n y desarrollo de herbicidas naturales.

Se calcula que “entre 2007 y 2014 se registr√≥ all√≠ una p√©rdida de 1,95 millones de hect√°reas de bosques a una tasa anual de desmonte comparable con la que ocurre en los focos de deforestaci√≥n m√°s altos del mundo -subraya Manuel Jaramillo, director de la FVSA-. De continuar con la misma tendencia, para 2028 se producir√° una p√©rdida adicional de cuatro millones de hect√°reas”.

Y con el bosque se perderá su capacidad de capturar dióxido de carbono (gas de efecto invernadero), la biodiversidad que alberga y su acción regulatoria de la hidrología de la llanura. También dejarán de existir otros bienes no materiales, pero que influyen en la calidad de vida y pueden impulsar industrias como el turismo.

“A estos ecosistemas les pedimos varias cosas -explica Esteban Jobb√°gy, ingeniero agr√≥nomo e investigador superior del Conicet en la Universidad Nacional de San Luis-. La m√°s exigente es guardar la biblioteca pr√≠stina de la vida para las generaciones que vendr√°n. Eso podemos resolverlo preservando porcentajes de alrededor del 10% del bosque. Tambi√©n esperamos que guarde carbono, para lo que necesitamos superficies mucho m√°s grandes. Y para que cumpla su funci√≥n hidrol√≥gica se requiere como m√≠nimo salvaguardar entre el 20% y el 50% de su superficie”.

Adem√°s, seg√ļn explica el investigador, los bosques tienen influencia en el clima, aunque todav√≠a no se entiende exactamente c√≥mo. “Por ejemplo -agrega-, sabemos que una parte importante de las lluvias en Salta, Santiago del Estero y hasta San Luis viene del Amazonas. Es decir que bosques lejanos pueden tener efectos sobre las precipitaciones a distancia. Tambi√©n, sobre las condiciones de temperatura”.

En la ecorregi√≥n chaque√Īa ocurre la mayor deforestaci√≥n del pa√≠s

El pa√≠s tiene hoy unos 53 millones de hect√°reas bajo el ordenamiento territorial que exige la llamada “ley de bosques”, sancionada en 2007 y reglamentada en 2009. Es una categorizaci√≥n que deben hacer las provincias y consiste en asignarle un color a cada zona de acuerdo con sus usos posibles: desde la conservaci√≥n (rojo) hasta la posibilidad de transformaci√≥n para la agricultura (verde), pasando por el uso sustentable (amarillo).

“Del total, alrededor de 11 millones de hect√°reas son de zonas verdes -dice Diego Moreno, secretario de Pol√≠tica Ambiental en Recursos Naturales del ex-Ministerio de Ambiente-. Hasta 2014 o 2015, se deforestaban anualmente alrededor de 300.000 hect√°reas; hoy, esa cifra est√° entre 150.000 y 170.000. Pero la ley no hay que mirarla solamente por los n√ļmeros de deforestaci√≥n. El gran desaf√≠o es qu√© tipo de producci√≥n habilitamos en las √°reas amarillas, porque hay intervenciones agresivas que terminan generando la p√©rdida del bosque. Lo que estamos buscando es el manejo con ganader√≠a integrada, una modalidad a la que ya adhirieron 10 provincias”.

Jaramillo, por su parte, considera que aunque hubo avances todav√≠a resta hacer funcionar el sistema de asignaci√≥n de recursos que dispone la ley para las √°reas amarillas y rojas. “El presupuesto creci√≥ en valores absolutos, pero disminuy√≥ en valores relativos -puntualiza-. Es necesario que crezcan los fondos y que las provincias sean mucho m√°s √°giles en implementarlos y rendirlos”.

Pero, a pesar de lo delicado de la situaci√≥n, tambi√©n hay buenas noticias. Una de ellas es que, aunque el avance de la actividad agr√≠cola y ganadera hace retroceder los bosques, no necesariamente est√°n perdidos para siempre. “En ecosistemas como el chaque√Īo, la tierra que hoy es agr√≠cola puede volver a ser bosque; es un error pensar lo contrario -dice Jobb√°gy-. Son secos y naturalmente hay fuegos, por lo que tienen capacidad de recuperarse”.

Adem√°s, los cient√≠ficos tambi√©n desaf√≠an la idea de que es imposible articular la actividad productiva con la protecci√≥n de la naturaleza. “No es una cosa o la otra -destaca Lucas Garibaldi, director del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecolog√≠a y Desarrollo Rural del Conicet-. Podemos implementar formas de producir promoviendo la biodiversidad”.

Y afirma Jobb√°gy: “Para hacerlo posible, ser√° necesaria una discusi√≥n muy profunda entre los actores que est√°n en el territorio. En nuestro Chaco, el problema es que la producci√≥n se da en escala industrial, es diferente de lo que ocurre con la agricultura familiar que se puede practicar en √Āfrica. Tenemos que promover acuerdos. Es dif√≠cil y no hay recetas autom√°ticas”.

Precisamente, en un documento distribuido ayer a la tarde de cara a las elecciones, la FVSA consigna: “Necesitamos instaurar un nuevo pacto entre la naturaleza y las personas que permita revertir la disminuci√≥n de la biodiversidad de la Tierra. En particular, los cambios de uso del suelo -conversi√≥n y degradaci√≥n de los ecosistemas naturales- y la forma en la que generamos, transmitimos y consumimos energ√≠a. Estos son los sistemas que tenemos que reordenar si la Argentina quiere crecer de manera sostenida”.

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