Blázquez tacha de «falso e injusto» que se crea que la pederastia es exclusiva de sacerdotes

El cardenal arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, ha dedicado su última carta pastoral a la pederastia con la que intenta transmitir su visión sobre los casos de abusos sexuales a menores en la Iglesia Católica reiterando la premisa de «tolerancia cero» y la necesidad «de erradicar todos estos males».

La misiva, publicada en la revista, Iglesia en Valladolid, hace referencia a los casos de Chile, Irlanda, Estados Unidos o Australia, pero llega la misma semana en la que se ha conocido la condena de la Santa Sede al cura José Manuel Ramos Gordón a estar recluido en un monasterio durante diez años y no ejercer el sacerdocio por haber abusado de un menor en un colegio de Puebla de Sanabria. Aunque la carta estaba escrita con anterioridad a la publicación de la pena, Blázquez señala en su escrito que «no cabe en la Iglesia que niños, confiados por los padres a sacerdotes y educadores católicos, hayan sido víctimas, a veces con humillaciones inimaginables de degradación, por parte de quienes se debía esperar un comportamiento respetuoso y evangélico».

El arzobispo de Valladolid afirma que ante la «publicación de informes tremendos, que se refiere a hechos acontecidos hace 30, 40 y 60 años, se ha podido tener con esta avalancha la impresión de que la pederastia es exclusiva de sacerdotes, y de que los curas católicos son pederastas». «Esta insinuación es falsa e injusta», afirma en el texto. En este sentido, recordó que según estudios estadísticos, el 80% de los casos tiene lugar en las familias, el 3% en la Iglesia y el resto en el deporte y la educación y apela a las palabras de Ángela Merkel de que «el problema no es sólo de la Iglesia Católica y protestante sino de la sociedad». En cualquier caso, Blázquez asegura que «los seguidores del Evangelio están particularmente obligados a seguir las enseñanzas de Jesús».

Encubrimientos

En otro punto de la carta pastoral, el purpurado reconoce que «ha habido limitaciones para percibir la gravedad de los hechos y sus dimensiones; ha habido formas equivocadas de proceder de presbíteros y de obispos». Y entre estas actuaciones reprochables se refiere al «encubrimiento» o a pensar que «se resolvería la situación cambiando al sacerdote de lugar o asegurándose el silencio con dinero, sin caer en la cuenta de que así se exponían a posibles chantajes futuros». «Es necesario erradicar todos estos males». añade Blázquez.

El cardenal lamenta, además, el caso en el que «no se ha concedido el mínimo resquicio a la presunción de inocencia, vapuleando un día sí y otro también al grupo de sacerdotes de Granada». Y se queja de que tras una sentencia firme absolutoria, no se han hecho eco de cómo la acusación era calumniosa.

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