Blanca Portillo tira del carro de Bertolt Brecht

«De los clásicos contemporáneos, Bertolt Brecht es, para mí, y quiza sea un poco exagerado decirlo, el Shakespeare del siglo XX». Son palabras de Ernesto Caballero, que explican por qué ha elegido «Madre Coraje y sus hijos» -cumbre del dramaturgo alemán- para despedirse del Centro Dramático Nacional, que ha dirigido durante los últimos siete años. La obra, añade Caballero, es «una catedral de la dramaturgia contemporánea».

«Madre Coraje y sus hijos» cuenta la historia de una cantinera, Anna Fierling, que en medio de la guerra va tirando de un carro de una trinchera a otra, de un bando a otro. «No quiere -explica Ernesto Caballero- que termine la guerra, pues de ella depende el sostenimiento de su pequeño comercio. La guerra, ese gran negocio, que con su aciaga factura de muerte y destrucción se va cobrando la vida de sus hijos, no parece despertar a Madre Coraje de su propia alienación. ¿O tal vez no sea así? Acaso cuando al final, reemprende su marcha arrastrando su carro en soledad, lo haga desde una conciencia alentada por esa “rabia de mecha larga” que ella misma preconiza en un momento de la obra».

Y para componer el que califica Caballero como «uno de los más grandes personajes femeninos de la historia del teatro», ha contado con Blanca Portillo. Ella encabeza un elenco que completan Bruno Ciordia, Raquel Cordero, Paco Déniz, Ángela Ibáñez -una actriz con discapacidad auditiva, que encarna a la hija muda de la madre Coraje-, Paula Iwasaki, Ignacio Jiménez, Jorge Kent, Janfri Topera, Jorge Usón y Samuel Viyuela. Paco Azorín firma la escenografía y, junto al propio Caballero, la iluminación; Gabriela Salaverri ha creado el vestuario y Luis Miguel Cobo la música y el espacio sonoro. El montaje incluye las canciones originales que creó Paul Dessau.

«Bertolt Brecht escribió “Madre Coraje y sus hijos” entre 1938 y 1939, como respuesta a la invasión alemana de Polonia -cuenta Ernesto Caballero-. Es un alegato pacifista, pero su intención es clara: criticar a los que sacan provecho económico y comercial de las guerras». Con humor y distancia, sigue el director del CDN, «y mucha vitalidad, Brecht nos narra un cuento -con mucha miga- en el que nos habla de nuestra propia responsabilidad ante situaciones adversas extremas, como son las guerras, y plantea varias preguntas: ¿existe el heroísmo? ¿Y la filantropía? ¿Son posibles hoy en día?»

«Hay mucho de autobiografía en “Madre Coraje y sus hijos”. Encontramos parlamentos de una socarronería y una ironía que pareciera que es el propio autor, y no sus personajes, quien habla», continúa Caballero, que asegura que «el teatro, tal y como ahora lo concebimos, no se entiende sin la aportación de Bertolt Brecht. En sus obras expone con suma perspicacia las relaciones de los hombres y mujeres entre sí; es decir, hace arte analizando la sociedad y nos alerta de las dinámicas que pone en juego el poder y que muchas veces están más cerca de lo que sospechamos; la sociedad, como es el caso actual con la irrupción de las redes sociales, puede ejercer la tiranía sobre sí misma en virtud de sofisticados mecanismos de poder. De esto habla Brecht con profusión».

El texto original está situado en la Guerra de los Treinta años -Brecht se inspiró en una novela picaresca alemana del siglo XVII-, pero Ernesto Caballero asegura que su puesta en escena es «dialéctica, no arqueológica. Habla de las guerras de ahora; no quiere ser un montaje realista, sino poético y épico». Para ello emplea un espacio despojado, en el que se ha desnudado la caja escénica. «Es un montaje esencial, en el que el carro que arrastra la protagonista constituye el centro de la escenografía, en el que juega un papel fundamental la iluminación: aquí es parte del espacio escénico».

Blanca Portillo asegura que nunca ha tenido interés en hacer «personajes»; «me interesa contar historias, me importa en manos de quien me pongo y con que compañeros hago el viaje. Y me interesa interpretar a seres humanos». Así que, confiesa, ha intentado acercarse al ser humano que es Anna Fierling; no ha sido, reconoce, sencillo. El término «madre coraje» es hoy en día, añade, una figura arquetípica, «pero cuando hablamos de la que creó Brecht pensamos en negativo; es la personificación de la codicia. En realidad debería ser “madre coraza”, aunque por dentro hay emocionalidad, miedo… Es, como somos todos, una mujer llena de contradicciones, llena de cinismo. Enseña a sus hijos que la vida es puro sufrimiento. Anna Fierling es una superviviente pero que es completamente consciente de su oscuridad. No creo que fuera casualidad que Brecht creara una madre coraje y no un padre coraje, porque las mujeres eran islas en medio de ese océano masculino».

Completa la actriz que está feliz de poder contar la historia de madre Coraje en estos tiempos. «Desgraciadamente, la obra está profundamente vigente en nuestros días. Vivimos en medio de guerras, no sólo conflictos armados, sino guerras comerciales, mediáticas… En medio de manipulaciones. Y en estos momentos y ante estas situaciones nos preguntamos: “¿Y yo qué pinto? ¿Qué puedo hacer y qué hago realmente?”».

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