Bienvenidos a bordo: un taxista ganó el premio de las golosinas para su hija de nueve años

El taxista adivinó y llenó el baúl de chocolates.

No por simples o ya vistos, los juegos de Bienvenidos a bordo han perdido su efectividad. Preguntas de interés general, desafíos donde vale más la maña que la fuerza, otros en cambio que son todo destreza física, y la última recreación del programa: adivinar la cantidad de golosinas que hay en un recipiente gigante.

A diferencia de otros segmentos, donde los famosos juegan a la par que los participantes anónimos (aunque siempre en nombre de un televidente), el acertijo de las golosinas desde su inicio estuvo exclusivamente destinado a los taxistas que cada noche hacen fila en la puerta del canal esperando su chance para jugar.

Y, aunque parezca mentira, su desarrollo se convirtió en una incógnita que despertó la curiosidad de la audiencia desde el primer día. Que cuatro mil, que tres mil quinientos, una sola oportunidad y la presión de adivinar el número exacto, desveló a cada uno de los concursantes que pasaron por el programa.

Pablo Ariel Bellomo, de Boedo, llegó con camisa a cuadros y una sonrisa de oreja a oreja con la intención de sacar el lingote. Sin embargo, antes arriesgó un número al azar a partir de las pistas que programas anteriores había dado Guido Kaczka: “3803”, dijo convencido. Música de suspenso, el conductor acercándose al sobre lacrado con la respuesta correcta, y después de unos segundos develó el misterio: era la cantidad exacta.

Sin poder contener la emoción, el taxista le dedicó el momento a su mujer Lorena, y a su hija Valentina, “que tiene nueve años y lo que más le gustan son los chocolates”.

Papelitos, emoción y un baúl lleno de golosinas dieron por finalizado uno de los juegos que más interés despertó en el programa.

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