¬ęBailar y pensar al mismo tiempo es posible¬Ľ

Las estanter√≠as del piso de Jorge Drexler (Montevideo, 1964), en el barrio madrile√Īo de Chueca, son un reflejo de su personalidad. Acogen, no exhiben. Sin orden ni concierto, colocados sin voluntad de epatar, se mezclan los premios y los instrumentos, los libros y los discos. Los hay de todo tipo, percusi√≥n, viento, cuerda; jazz, rock, pop; ficci√≥n, historia, medicina. Un vetusto cat√°logo de partituras de los Beatles comprado en una tiendita de Jerusal√©n, que describe como uno de sus ¬ębienes m√°s preciados¬Ľ, ocupa un lugar especial. Est√° bien escondido. Y en una vitrina algo polvorienta hay un par de gram√≥fonos dorados. Le pedimos que saque uno para la foto de esta entrevista, pero resulta que son ¬ęlos viejos¬Ľ, los que gan√≥ en 2014 ( los tres que se llev√≥ hace un mes ¬ętodav√≠a no han llegado¬Ľ). Le decimos que da igual, que la gente no lo va a notar si tapa la plaquita del a√Īo con los dedos. Pero dice que no, que le da verg√ľenza, que ponerse en plan exhibicionista le da ¬ęuruguashez¬Ľ.

Para entender el origen de ese libro de los Beatles, y de muchas otras cosas en su vida, habría que remontarse a la historia de la familia de su padre.

Eran jud√≠os alemanes. Escaparon del nazismo en 1939, muy tarde, cuando ya hab√≠a ocurrido la noche de los cristales rotos en Berl√≠n, que es donde viv√≠an. No se lo pod√≠an creer, no lo vieron venir. Cre√≠an que era algo pasajero y adem√°s amaban Alemania, eran s√ļper alemanes. No pod√≠an creer que algo as√≠ fuera a suceder. Se fueron quedando, se fueron quedando, y fueron de los √ļltimos que salieron. Pocos meses despu√©s, ya no se pod√≠a salir. De hecho, cuando fueron a pedir visado, el √ļnico pa√≠s que se lo dio fue Bolivia, porque se hab√≠an cerrado las canciller√≠as de todos los pa√≠ses a los que intentaron ir primero: Argentina, Uruguay, Estados Unidos. Ten√≠an familia en Latinoam√©rica y por eso quer√≠an ir a Argentina o a Uruguay, pero en una maniobra bastante vergonzosa, hubo una convenci√≥n en Lima donde se decidi√≥ que estos pa√≠ses, como no se sab√≠a qu√© iba a pasar con la guerra, dejaran de dar visados para no enemistarse con el Reich. Salvo Bolivia. All√≠ mi padre vivi√≥ desde los 4 a los 12 a√Īos, y all√≠ muri√≥ mi bisabuelo, naci√≥ mi t√≠o‚Ķ En Oruro, en el Altiplano. Despu√©s se fueron a Uruguay, campe√≥n del mundo de f√ļtbol, la Suiza de Am√©rica, un pa√≠s pr√≥spero y con un alt√≠simo √≠ndice de alfabetizaci√≥n y de cultura.

Ahora sigue siendo un modelo en muchas cosas.

En muchas cosas, sí, pero en otras… Estoy muy orgulloso de mi país, lo que pasa es que los que viven allí todo el tiempo ven más las carencias que no vemos desde fuera. Allí, en la facultad de Medicina, mi padre conoció a mi madre, que no es judía. Y contra todo pronóstico formaron una familia, teniendo orígenes muy diferentes.

En su infancia fue muy importante una vecina, María Elena Abella, que le cuidaba cuando sus padres estaban trabajando.

Era profesora de piano cl√°sico, y fue como mi tercera abuela. Cuando muri√≥, me dej√≥ su piano de regalo. Est√° en Montevideo, as√≠ que lo disfrutan m√°s mis hermanos, aunque yo voy cuatro veces al a√Īo. Mar√≠a Elena ten√≠a una hija tupamaro presa, y encontr√≥ en m√≠ y mis hermanos los hijos o nietos que no ten√≠a. Casi nos adopt√≥, porque mis padres trabajaban much√≠simo en ese momento. Recuerdo que sobre su piano ten√≠a una foto del Guernica gigantesca. Me vio jugando con el piano y les dijo a mis padres: ¬ęParece que el ni√Īo tiene o√≠do¬Ľ. Y empez√≥ a darme clases.

Aprender a tocar m√ļsica bajo un Guernica tiene un simbolismo brutal.

F√≠jese si llegu√© a asociar ambas cosas, que cuando nos mudamos de casa pusimos una reproducci√≥n del Guernica sobre nuestro piano. Para m√≠, estaba asociado al piano, era una extensi√≥n de √©l, con esos colores blancos y negros. La fotograf√≠a mental del cuadro y el piano pas√≥ a formar parte de mi fondo visual. El a√Īo pasado, en el 80 aniversario del cuadro, toqu√© frente a √©l en el Reina Sof√≠a, en un homenaje de Radio 3. Y pude estar tan cerca como para olerlo.

¬ŅCu√°ndo se mud√≥ con su familia a Jerusal√©n?

Despu√©s de sufrir la dictadura uruguaya. Mis padres tuvieron much√≠simos problemas, no estuvieron presos, pero eran abiertamente de izquierdas, y los m√©dicos de izquierdas eran muy vigilados por el r√©gimen, porque la guerrilla acud√≠a a ellos cuando hab√≠a que curar a un herido. Lleg√≥ un momento en que se hizo insoportable. Al mismo tiempo, mi t√≠o ya se hab√≠a ido a Israel, y en mi casa hab√≠a esta visi√≥n milenarista de regreso a la Tierra Santa, por la familia de mi padre. No por la de mi madre, que era completamente uruguaya, de muchas generaciones, y agn√≥stica. Yo crec√≠ en una casa en la que se daban bandazos identitarios. Hab√≠a una √©poca muy laica, otra en la que celebr√°bamos la Navidad, otra en la que celebr√°bamos P√©saj, Rosh Hashanah, de repente a mi padre le daba con que est√°bamos desarraigados y nos mandaba a clases de hebreo‚Ķ Yo no ten√≠a amigos jud√≠os cuando era chico, me cri√© en un entorno diverso, de escuela p√ļblica. Mi t√≠o era jud√≠o y se vest√≠a de Papa Noel (risas). Y mis abuelos maternos y paternos se quer√≠an mucho, much√≠simo, aunque eran muy diferentes. Mi abuelo paterno era un jud√≠o comerciante, y mis abuelos maternos, que eran descendientes de asturianos, eran unos idealistas. Pertenec√≠an a un movimiento de maestros inspirado por la Escuela Libre de Ense√Īanza de los tiempos de la Rep√ļblica espa√Īola, y con dieciocho a√Īos montaron una escuela rural autosustentada en la que despu√©s naci√≥ mi madre. A m√≠, de alguna manera me convirtieron en el eje. Era el nieto var√≥n mayor, y me pusieron los nombres de los dos abuelos, como para hacer una pax familiar (risas).

En su colegio de Israel le permitían faltar a clase, siempre que fuera para practicar piano.

En el a√Īo 79, cuando viaj√©, la dictadura uruguaya estaba en su punto √°lgido. Llevaba durando seis a√Īos y parec√≠a que no iba a acabar, estaba muy consolidada y ya se cre√≠a eterna. No ve√≠amos lo que empez√≥ a pasar a partir del plebiscito del a√Īo 80. El clima de opresi√≥n en el que me cri√© es indescriptible, porque una dictadura, en un pa√≠s chiquito es mucho m√°s densa, llega a todas partes, hasta los cajones de la ropa. En la mesa, en nuestra casa, baj√°bamos el tono si se hablaba de pol√≠tica. En clase yo cantaba el himno formando filas, con el pelo al raso y el uniforme al completo. Mucha represi√≥n en todos los √°mbitos de la vida. Cuando llego a Israel, lo que m√°s me llam√≥ la atenci√≥n fue la libertad. El polo opuesto. Se acababa de firmar la paz con Egipto, y a√ļn no hab√≠an empezado las horrorosas guerras del L√≠bano, no hab√≠a llegado el desastre moral de las guerras de ocupaci√≥n. Eso carcome a un pa√≠s desde dentro. Pero entonces era un pa√≠s donde se respiraba la libertad. All√≠ fui a mi primera manifestaci√≥n, escrib√≠ mi primera canci√≥n, di mi primer beso, fui a mi primer concierto‚Ķ con ¬°Eric Clapton! Un d√≠a en la escuela, vi un piano en un auditorio y me sent√© a tocarlo sin pedir permiso. De pronto, detr√°s de m√≠ estaba la directora. Yo no sab√≠a qu√© decir, c√≥mo pedir perd√≥n, eso en Uruguay hubiera sido una falta grav√≠sima, pero ella dijo: ¬ę¬ŅSabes tocar? Cada vez que quieras faltar a clase puedes venir aqu√≠ a practicar¬Ľ. Hab√≠a incluso un clima de libertad sexual, ba√Īos para chicos y chicas, yo estaba fascinado.

All√≠ se fragu√≥ una relaci√≥n entre m√ļsica y libertad.

Entre m√ļsica, sexo y libertad (risas). Me di cuenta de que la m√ļsica ten√≠a ese poder de liberarte y de curarte en el amor. Y all√≠ pas√≥ otra cosa muy importante: Israel dej√≥ en m√≠ la semilla del cosmopolitismo. Yo no la detect√© en ese momento, la v√≠ m√°s tarde. Tuve que aprender ingl√©s, abrirme a otra cultura, y en medio de todo eso recib√≠ todo el rock ingl√©s. Adem√°s, Israel estaba muy bien preparado para la aclimataci√≥n de los reci√©n llegados. No vives en una casa, vives en una casa de integraci√≥n, con gente de Ir√°n, Rusia, Sud√°frica, Argentina‚Ķ Para jugar al baloncesto ten√≠a que saber contar en ruso.

Entonces, la vuelta a Uruguay sería dura.

S√≠, la viv√≠ con mucha pesadumbre. Incluso llegu√© a escaparme de casa porque no quer√≠a volver. Ya en Uruguay, me promet√≠ a m√≠ mismo terminar la secundaria y volver a Israel. Pero eso me hubiera llevado a tener que luchar en la guerra del L√≠bano. Creo que mi padre se dio cuenta de eso, y le dio miedo. Pero llega 1980, el plebiscito en Uruguay, y sale el ¬ęno¬Ľ, la bofetada a la dictadura. Ah√≠ empez√≥ a generarse un movimiento de resistencia, y de pronto me doy cuenta de que tengo 17 a√Īos y estoy en el centro de un cambio social monumental. Entro en la facultad de Medicina, en el 83, y la dictadura cae en el 84. Viv√≠ las manifestaciones, e incluso el decano nos dej√≥ las llaves de la facultad. √Čramos los due√Īos de Medicina.

¬ŅFue un l√≠der estudiantil?

Yo nunca tuve militancia pol√≠tica. Me cri√© en un entorno tan hiper-politizado que, cuando empez√≥ todo,‚Ķ Yo ya hab√≠a estado fuera, y ve√≠a las estructuras de partido y no me las cre√≠a. Ve√≠a sus intereses de poder. Pero estuve en todas las manifestaciones, y aunque no est√°bamos afiliados a ning√ļn partido s√≠ √©ramos de izquierdas. Form√© la Comisi√≥n de Cultura de Medicina con otros compa√Īeros, pero sin filias partidistas. All√≠ aprend√≠ mucho de gesti√≥n cultural.

En ese momento, empezó a escribir textos.

S√≠, y a partir del 89 junt√© textos y m√ļsica, y empec√© a escribir canciones en serio.

Cuando publicó sus dos primeros discos, decía que las letras eran un quebradero de cabeza. Lo cual resulta curioso, claro.

Lo son todav√≠a (risas). Yo me consideraba lo primero guitarrista, despu√©s m√ļsico, despu√©s cantante, y en cuarto lugar, letrista. Las letras eran siempre lo √ļltimo que hac√≠a, porque no ten√≠a m√°s remedio. Me pas√© los dos primeros discos intentando encontrar a alguien que me escribiera las letras, pero entonces me di cuenta de que nadie podr√≠a hacerlas por m√≠. Da mucho dolor de cabeza escribir letras, eso nadie te lo dice. Pero como ten√≠a formaci√≥n po√©tica, y paciencia para sentarme delante de un papel, lo consegu√≠. Para hacer buenas canciones, hay que saber acordes, pero adem√°s de eso tienes que saber, o por lo menos querer, la palabra. No hace falta estudiarla, vale con quererla. A rega√Īadientes, me convert√≠ en escritor de letras y, curiosamente, lo que m√°s empezaron a pedirme otras personas fue eso, letras.

Demos un peque√Īo salto a 1995, al m√≠tico encuentro con Sabina, tras el cual √©l le sugiri√≥ que se viniera a nuestro pa√≠s. Creo que en ese momento, usted pensaba que a quien se llevar√≠a a Espa√Īa era a su √≠dolo, Eduardo Darnauchans.

El ¬ęDarno¬Ľ era uno de los m√ļsicos que llev√°bamos a tocar a Medicina. Estaba en mi pante√≥n de artistas uruguayos. Siempre pens√© que se parec√≠a m√°s a Sabina que yo, pero viv√≠a una vida de excesos y era dif√≠cil dar con una noche en la que fuese capaz de transmitir su talento. Yo me manten√≠a m√°s como en la sobria ebriedad de Escohotado, manten√≠a la sobriedad suficiente como para poder tocar. Esa noche que fui telonero de Sabina, √©l no pudo escucharme. Pero despu√©s apareci√≥ en el camerino y me dijo: ¬ęNo he podido verte, por favor toca algo aqu√≠ y ahora¬Ľ. Cog√≠ la guitarra, le cant√© una canci√≥n y me dijo: ¬ę¬ŅTienes algo que hacer? ¬ŅNo? Vente a Madrid¬Ľ. Dos meses despu√©s llegu√© aqu√≠.

El inmigrante

Diez a√Īos despu√©s de aquello, siendo ya un artista de √©xito a ambos lados del charco, Drexler gan√≥ el Oscar a la mejor canci√≥n por ¬ęAl otro lado del r√≠o¬Ľ. Como todos recordamos, no le dejaron cantarla en la gala, lo hizo Antonio Banderas. Pero que la estatuilla est√© por ah√≠ entre los estantes del sal√≥n, sin destacar por encima del maremagno de objetos e instrumentos, no se debe a la persistencia de un sabor agridulce tras aquella pol√©mica. El autor ya dijo en su momento que a pesar de su queja inicial (env√≠o una carta a los medios, mostrando su desagrado por la decisi√≥n de la Academia), despu√©s supo que ¬ęeso pasa mucho en los Oscars, que no dejan cantar a los compositores¬Ľ. El tiempo de entrevista se nos acaba, as√≠ que desviamos la conversaci√≥n hacia otra cosa muy importante que sucedi√≥ en los meses siguientes. Se separ√≥ de la artista Ana Laan, y colabor√≥ por primera vez con Leonor Watling, su actual pareja.

En su disco ¬ę12 segundos de oscuridad¬Ľ (2006) grab√≥ por primera vez con Leonor, ¬Ņverdad?

S√≠, pobre. Fue una colaboraci√≥n que no estuvo a la altura de la artista. Fueron s√≥lo unos coritos en una canci√≥n. Me arrepent√≠ despu√©s. Es dif√≠cil encajar a una invitada en una canci√≥n que ya est√° muy cerrada. Le ten√≠a que haber dado una estrofa entera. Pero eso pasa muchas veces. Cuando Sabina colabor√≥ en una canci√≥n m√≠a por primera vez, hice lo mismo. S√≥lo unos coritos. Y la gente me dijo: ¬ę¬Ņpero est√°s loco? Ten√©s a Sabina y no le dej√°s una estrofa?¬Ľ. Todo es por ser uruguayo. Los uruguayos somos muy pudorosos para todo, tambi√©n para pedir las cosas.

Acerc√°ndonos un poco m√°s a la actualidad, ya inmersos de lleno en la era digital, ¬Ņc√≥mo result√≥ aquella aplicaci√≥n de m√≥vil que invent√≥, con la que se pod√≠an alterar sus canciones a gusto del usuario?

Ese es el experimento m√°s lindo y m√°s loco que he hecho en mi vida. Estoy muy orgulloso de ello. Hoy en d√≠a est√° descatalogada, porque al cambiar el sistema operativo se necesitan miles de euros para actualizarla. El a√Īo que viene voy a intentar relanzarla. El otro d√≠a se la mostr√© a una persona de iTunes y le pareci√≥ una cosa incre√≠ble. Espero que no me robe la idea, como hicieron otros‚Ķ Despu√©s se lo cuento fuera de micr√≥fono. Aquella aplicaci√≥n al final nadie la us√≥. En ese momento hubo un equipo muy motivado para dise√Īarla, pero ahora, despu√©s de la burbuja de las ¬ęapps¬Ľ‚Ķ Para m√≠, de todos modos, fue un ejercicio po√©tico, no comercial.

Llegamos a los Grammy de hace un mes, donde dejó con un palmo de narices a los artistas urbanos y de reguetón.

Lo que yo creo que necesita el reguet√≥n‚Ķ aunque se ve que no necesita nada, porque est√° arrasando‚Ķ Lo que necesita para gustarme a m√≠, que soy el oyente m√°s insignificante, que no soy su ¬ętarget¬Ľ, es que se trabajen mejor los afectos y las ideas. Bailar y pensar al mismo tiempo es posible. Eso se aprende muy bien escuchando a Caetano Veloso. Pero, por desgracia, el reguet√≥n est√° muy restringido a un sector de la realidad humana.

De los tres premios, quiz√° esperaba mejor grabaci√≥n por ¬ęTelefon√≠a¬Ľ y mejor disco cantautor por su √ļltimo √°lbum, ¬ęSalvavidas de hielo¬Ľ, pero ¬Ņque ¬ęTelefon√≠a¬Ľ tambi√©n se llevase mejor canci√≥n?

No salgo de mi asombro. Adem√°s, para m√≠ la canci√≥n del a√Īo era ¬ęMalamente¬Ľ, y J Balvin deb√≠a haberse llevado alg√ļn premio m√°s, seguramente incluso alguno de los que me llev√© yo. Pero ¬ęMalamente¬Ľ s√≠ que me parec√≠a claramente la canci√≥n del a√Īo, tambi√©n porque ¬ęTelefon√≠a¬Ľ hab√≠a salido hace mucho tiempo y estaba cansado de ella (risas). Pero es una buen canci√≥n. Tengo otras mejores, pero esta me pone muy contento cuando la toco, me sale la sonrisa. Eso casi nunca me pasa. La compuse en este mismo sof√° en el que estamos sentados ahora.

El ambiente en una gala de los Grammy, ¬Ņes tan ¬ęcool¬Ľ que puede congelarte?

(Risas) No es muy ¬ęcool¬Ľ, en realidad no hay c√≥digo de etiqueta como en otras galas parecidas. Puedes ir como quieras, m√°s relajado. Pero las alfombras rojas, todos sabemos lo que son. Lo lindo es no tom√°rselo en serio, sumergirte como un escafandrista y divertirte lo m√°s que puedas. Lo que no me gusta es Las Vegas, es una ciudad que me entristece, es todo de cart√≥n piedra. Por eso, un premio que resulta dif√≠cil creer que lo mereces, resulta a√ļn m√°s dif√≠cil de creer en un contexto tan irreal como el de Las Vegas.

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