Aznar presume del legado del PP y exhibe el apoyo de Casado

Algunos en el Congreso le tenían muchas ganas a José María Aznar, prácticamente desde la guerra de Irak, y ayer se presentaron en la sala Cánovas dispuestos a lanzar contra el expresidente todos los males que le han atribuido durante años, y no solo por la corrupción. Aznar compareció en la comisión de investigación sobre la presunta financiación irregular del PP, pero en realidad ahí se habló de todo, de guerra, de bombas, de terrorismo, de Franco, del golpe de Estado de 1934, pero también de la boda de su hija y sus invitados e incluso del «tamayazo», ocurrido en el verano de 2003.

El que fuera líder del PPentre 1990 y 2004 plantó cara a PabloIglesias, Gabriel Rufián y Rafael Simancas y no solo entró en el cuerpo a cuerpo sino que a veces lo provocó. Aznar se desvinculó completamente de la corrupción en su partido, negó la existencia de una caja B e incluso que conociera al cabecilla de la Gürtel, Francisco Correa, y, con todo desparpajo, puso el dedo acusador sobre el PSOE por su corrupción, que ve mayor que la del PP.

Aznar llegó a la comisión arropado por la plana mayor del PP, con PabloCasado a la cabeza, pero también con el secretario general, Teodoro García Egea, y la portavoz del Grupo Popular, Dolors Montserrat. Casado abandonó la sala antes de abrirse la sesión.

Hasta el tamayazo

El primero en tomar la palabra fue el portavoz del PSOE, Rafael Simancas. Pidió a Aznar tres cosas: que reconociera los hechos y «la verdad» sobre la corrupción del PP, que asumiera su responsabilidad y que pidiera perdón. El expresidente no hizo ninguna de las tres. «Jamás he sido imputado ni llamado a declarar. No tengo que pedir perdón por nada», aseguró. «A lo mejor tienen que disculparse ustedes, por ser el único partido condenado por financiación ilegal», soltó, en alusión al caso Filesa, que afectó al PSOE de González.

Aznar mostró desde el principio que no se iba a dejar amedrentar por las acusaciones directas de la izquierda, en una comisión que es lo más parecido a un juicio político paralelo sobre la corrupción del PP. El expresidente aprovechó para sacar a relucir el caso ERE, los más de 800 millones defraudados y sus más de 300 cargos investigados en distintos casos, y recordó que en la sentencia de la Audiencia Nacional del pasado mes de mayo se condena al PPcomo partícipe a título lucrativo de la Gürtel, y «no hay ni una sola prueba de la supuesta contabilidad en negro».

Pero tantos años después, Simancas sigue sangrando por la herida del «tamayazo», que le dejó fuera del poder en el último momento en la Comunidad de Madrid, y aprovechó que tenía delante a Aznar para interesarse por lo suyo. En definitiva, preguntó al expresidente si él tuvo algo que ver con todo aquello. Aznar lamentó que arrastre esa frustración personal y le deseó suerte para superarlo.

El turno más esperado fue el del Pablo Iglesias. El líder de Podemos no es portavoz en esta comisión, pero ayer no quería perdérsela. Iglesias no levantó el tono contra Aznar, sus preguntas fueron dardos envenenados, y soportó con más tranquilidad de la previsible una réplica que al expresidente se le fue un tanto de las manos, cuando se refirió a la situación personal del político de Podemos.

Era la primera vez que Iglesias y Aznar se enzarzaban cara a cara, y pronto quedó clara la nula simpatía que se tienen el uno al otro. Es cierto que Iglesias disimuló más su inquina contra el expresidente, pero supo tocarle la fibra sensible cuando puso en duda que no conociera a Correa. A su juicio, es muy raro que diga eso porque fue «bastante generoso» al «regalar» los servicios de iluminación y sonido en la boda de la hija de Aznar, «por más de 36.000 euros». La alusión a su hija removió al expresidente en su asiento.

«Mi alegría por verle es bastante relativa y mi simpatía por usted es perfectamente descriptible. Usted me parece un peligro para las libertades y la democracia en España y lo demuestra todos los días», contestó Aznar, mientras la tensión en la sala podía cortarse con un cuchillo. Aznar fue más allá:«Sé que usted ha pasado familiarmente por momentos muy difíciles y le deseo todo lo mejor. Le deseo que pueda superarlo para bien. Sobre los regalos de la boda de mi hija, no le voy a decir ningún comentario. Si tiene alguna insinuación, dígala, y si no, mida las palabras».

Iglesias también le deseó «lo mejor» en lo personal, pero lanzó su último ataque cuando expuso su conclusión: «Usted ha mentido en sede parlamentaria, y es el máximo responsable de la corrupción del PP». Aznar, enfadado, respondió que a él no le impresiona nada su populismo, y le reprochó que intente acabar con el régimen de la Constitución, cuando su formación «ha recibido millones» de Venezuela e Irán, y no ha disipado las dudas sobre cobros en un paraíso fiscal. «Usted señor Iglesias ni es un señor fiable ni un señor que respete la verdad».

Rufián y el barro

Iglesias le llamó «patético» y aseguró que trabajará para que en su «patria nadie se tenga que avergonzar de tener presidentes» como él. «Me da igual de qué se avergüenza usted», replicó Aznar, en un rifirrafe que parecía interminable, y que se le fue de las manos al presidente de la comisión, Pedro Quevedo.

Si Iglesias entró en el cuerpo a cuerpo con Aznar, el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, se metió hasta el cuello en el barro para parecer más duro, aunque en realidad su intervención quedó rebajada a una bronca de bar. El diputado, que utilizó una imagen de José Couso en su camiseta negra con la palabra «asesinado», tenía ganas de liarla en su «show» particular, y nada más tomar la palabra llamó a Aznar «señor de la guerra», por Irak, y le soltó que no tenía vergüenza, entre otros motivos por solidarizarse con el preso Zaplana. Aznar había pedido respeto para el que fuera su ministro, que ahora está gravemente enfermo, con leucemia.

Aznar recordó a Rufián que forma parte de un partido golpista, cuyos máximos representantes están en prisión acusados de rebelión y sedición. Y el diputado de ERC le replicó que para golpista el PP, cuyos fundadores, apuntó, proceden del franquismo. Aznar tuvo que remontarse a 1934 para hacerle ver que ERC ya protagonizó un golpe entonces. La cosa fue a más: Rufián le acusó de ser «el padrino» del «cártel» del PP, y aunque confesó que la boda de su hija le trae «al pairo», la relacionó con mordidas de la Gürtel. Aznar lamentó su «histrionismo» y le aconsejó cambiar de camino: «Por ahí no le va a ir bien».

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