Axel Hütte: otros mundos en este

No estoy seguro de que Bernd Becher (junto a Hilla), fuera consciente, cuando inauguró en 1976 su magisterio fotográfico en la Kunstakedemie de Düsseldorf, de la importancia que sus enseñanzas iban a tener en el devenir de la foto artística contemporánea. Es ya conocido: bajo la denominación de «Escuela de Düsseldorf», se agruparían una serie de alumnos suyos, nombres tan referenciales como Thomas Ruff, Andreas Gursky, Candida Höfer, Thomas Struth o el propio Axel Hütte. Todos compartían unos rasgos sintácticos comunes derivados de sus maestros: mirada neutra, fría, desnuda de cualquier emoción subjetiva, imágenes fotográficas planas, de gran calidad formal y técnica, y una voluntad casi quimérica: conseguir un registro puro y objetivo.

Aunque la mayoría de los miembros de este grupo optó por una representación de géneros como la foto de arquitectura y de retrato, Axel Hütte (Essen, 1951) es el que más se ha adentrado en los territorios naturales de la fotografía de paisaje, alcanzando en ella una merecida reputación internacional. El paisaje, un género que ha estado muy vinculado a este medio artístico, prácticamente desde sus inicios, y que ha llevado a tantos fotógrafos (pienso en nombres como el de Ansel Adams…) a dejar constancia visual -y emocional- de la naturaleza y «beber» –Nietzsche dixit- «de la copa más deliciosa que puede llenarse en su recóndita fuente…». Una copa, desgraciadamente, cada vez más alejada de los labios del hombre moderno. De hecho, casi con toda seguridad, una de sus más dolorosas carencias es la cada vez mayor distancia entre lo humano y lo natural.

La mirada fotográfica de Hütte se ha dirigido desde el principio de su trayectoria hacia la representación de una naturaleza, yo diría que «en estado puro», constatando la presencia de una ausencia: la del ser humano, e intentando capturar a través de sus imágenes la esencia inefable del medio natural. Las obras que ahora presenta en esta galería -de la que es uno de sus artistas más fieles y habituales- bajo el título de En otros mundos participan una vez más de los presupuestos formales y conceptuales que caracterizan su trabajo. Son fotos de gran belleza formal, abiertas a lecturas interpretativas personales, sin una clara temperatura de narración que pudiese conducir a representaciones de lugares y proporciones específicas, y en las que sus elementos compositivos y lumínicos contribuyen a crear una suerte de mágica realidad, la aplastante constatación de que «hay otros mundos… pero están en éste».

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