Así contó ABC el crimen de Bernardo Montoya, el detenido por la muerte de Laura Luelmo, en Cortegana

El nombre de Bernardo Montoya no era el de un desconocido en la provincia de Huelva. El historial delictivo del detenido por la muerte de Laura Luelmo en El Campillo incluye una condena de 20 años por matar a una anciana en Cortegana. Así, el primer asesinato se remonta a 1995, cuando Cecilia, una vecina de Cortegana de más de 80 años, que descubrió a Bernardo robando en su casa. «La hirió con una puñalada en la garganta, pero la dejó viva. La anciana denunció el hecho y Bernando fue detenido y puesto en libertad a la espera del juicio. Nada más estar en la calle volvió a casa de Cecilia y acabó con ella de otra puñalada. Ya no habría más testigos. Un error, pues Bernanrdo fue declarado culpable y pena su crimen en la cárcel», publicó ABC en 2005, tras el asesinato de Mateo Vázquez el primer día del año en la localidad onubense de Cortegana.

Una muerte que, según las crónicas de este medio, causó un enfrentamiento en la localidad onubense que puso en el punto de mira a los clanes gitanos del pueblo, y entre ellos a Los Montoya, a quienes señalaban como autores del crimen.

«Este Bernardo Montoya no es un gitano criado en el pueblo. Según relatan los propios gitanos, esta familia llegó hace unos diez años y los jóvenes se habían criado en Barcelona. Luego se casaron con gitanas del pueblo y entraron en la familia Aguilera, la de los patriarcas de Cortegana», escribía el periodista.

En la crónica, ABC también desgranaba el papel del hermano gemelo de Bernardo, Luciano. «Paga en la cárcel el asesinato de otra paya de Cortegana, una joven de 35 años llamada Mari Carmen», narra la información. «Según cuentan en el pueblo, Luciano robó la cartera de Mari Carmen y esa noche la chica, en un bar o una discoteca, anunció que lo iba a denunciar. Cuando llegó a su casa la estaban esperando y amaneció muerta», narraba este medio.

La muerte de Mateo Vázquez fue el detonante de un conflicto en Cortegana entre payos y gitanos. Vicente Aguilera, el patriarca, defendía ante ABC su honorabilidad. «Quien lo haga que lo pague», sostuvo a ABC en enero de 2005. La respuesta del pueblo tras el crimen no se hizo esperar: un pasquín titulado «lo que todo el pueblo piensa y nadie se atreve a decir» recorrió Cortegana como la pólvora, llevando a la localidad al borde un brote racista. «Ya estamos hartos de asesinos en este pueblo, ya estamos hartos de gitanos delincuentes y asesinos. Ya estamos más que hartos de familias gitanas asesinas como han acreditado con holgura los Montoya», rezaba el texto, según la información de ABC.

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