Antoine de Saint-Exupéry, el escritor que surgió del cielo

El 31 de julio de 1944 Antoine Saint-Exupéry despegó de la isla de Córcega a bordo de un Lockheed Lightsning P-38 para fotografiar posiciones enemigas al este de su Lyon natal. Se trataba de un vuelo de reconocimiento en el tramo final de la Segunda Guerra Mundial, y además era un piloto experimentado, pero nunca más se supo: su avión se perdió en el Mediterráneo, cerca de las costas de Marsella.

Tras varias teorías acerca de la misteriosa desaparición (su cuerpo no se ha encontrado, aunque sí su aeronave), el piloto alemán Horst Rippert reconocía en 2008 en un periódico francés que era el autor de los disparos que derribaron el avión. Él mismo había visto caer la aeronave al agua, aunque no sabía que habría pasado con quien iba dentro y aseguró que « de haber sabido que era Saint-Exupéry, no habría derribado ese avión».

Pero lo hizo y se convirtió en el triste punto final a los 44 años -los primeros del siglo XX- del autor menos conocido que su «Principito». La fama de su obra aumentó tras su muerte y hoy en día es el libro en francés más leído y traducido. Son más de 250 los idiomas en los que es posible leer la obra, y también se encuentra en el sistema braille. La última en incorporarse a la lista es de apenas unos días, una edición en mallorquín.

El éxito de «El Principito» ha eclipsado no sólo el resto de su obra, sino también otras de las muchas facetas que desempeñó a lo largo de su vida, como la de inventor, mago con las cartas o periodista.

Escritor en tiempos de guerra

Durante los años 30 del siglo pasado Saint-Exupéry colaboró con la prensa francesa de la época y fue enviado como reportero a algunos de los principales escenarios de su tiempo, como la Guerra Civil española. «Lo hizo por las dificultades económicas que atravesaba en unos años en los que no pudo vivir de las que fueron sus dos principales ocupaciones como piloto y escritor, sin que fuese la vocación la que le llevó al periodismo», señala Montse Morata, doctora en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y experta en Saint-Exupéry.

En nuestra contienda estuvo en dos ocasiones. La primera de ellas en Barcelona y el frente de Lérida en el verano de 1936, y la segunda en Madrid, donde, en abril de 1937, convivió con los milicianos en las trincheras de Carabanchel. De aquellas experiencias salieron unos reportajes con una visión humanista alejada de ideologías que, sin embargo, no le salieron gratis. Después el régimen franquista le negó el visado para cruzar por España hacia Portugal, rumbo a su exilio en Nueva York durante la Segunda Guerra Mundial.

La aviación fue otra de sus pasiones y fuente de inspiración para sis obras. En 1926 publicó su primera novela breve «El aviador» y consiguió un contrato como piloto de línea para una sociedad de aviación. Desde ese momento, cada una de sus experiencias se verían reflejadas en sus obras, como el accidente aéreo en el desierto del Sáhara que inspiró su obra «Tierra de hombres» y ganó numerosos premios en Francia y Estados Unidos. También escribió «Piloto de guerra» (1942) o «Carta a un rehén», entre otras obras. En Nueva York dedicó parte de su vida a un retiro literario en el que escribió «El Principito», en 1943.

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