Álvarez Sotomayor, ¿el Colón auténtico?

La identidad real de Cristóbal Colón es un misterio a la altura del Santo Grial. En los últimos años, diversos autores han discutido sobre si esa convención alcanzada comúnmente acerca del origen genovés del navegante era errónea. Las más diversas teorías han visto la luz, algunas más sólidas que otras. A este debate se incorpora ahora la investigadora Carmen García, que defiende en una minuciosa reconstrucción que Colón era, en realidad, el gallego Pedro Álvarez de Sotomayor. A lo largo de un documentado ensayo de casi cuatrocientas páginas —al que ha tenido acceso ABC—, la estudiosa traza las conexiones de Colón con Galicia, las compara con la vida de Álvarez de Sotomayor, y refuta a modo de alegato judicial —García procede del mundo del derecho— las teorías de otros candidatos identificados en algún momento como el virrey de las Indias.

No es la primera vez que se relaciona a Colón con Álvarez de Sotomayor. Uno de los pioneros en la investigación colombina, Alfonso de Philippot Abeledo, ya planteó esta opción, aunque con una teoría diferente a la ahora expuesta. La dificultad para probar este aserto radica en la ausencia de fuentes directas o de documentos que lo afirmen de manera rotunda, por lo que las teorías se formulan a través de las conexiones con personajes reales y situaciones históricas, una labor de cotejo y análisis milimétrica fundamentada sobre 79 coincidencias «al 100%» y ninguna incompatibilidad que las desacredite, en opinión de la investigadora.

Estas coincidencias serían «los orígenes familiares, la herencia genética, los recuerdos y el comportamiento» de uno y otro, «los episodios históricos y la red de contactos» en común. Por ejemplo, la investigadora reinterpreta el criptograma de la firma de Colón, que él mismo detalla en un documento de 1498, y la reconstruye en la forma «XSMAYS» de la que deduce «un mensaje oculto», una contracción de Xan Soto Mayor Stúñiga, una rúbrica que habría empleado Álvarez de Sotomayor. Pero, ¿quién era este hombre?

Perfil histórico

«Nació en Galicia unos pocos años antes de 1440», recoge el ensayo, «siendo hijo bastardo de dos personas nobles que no llegaron a casarse. Su padre era el señor de la Casa Sotomayor y su madre era hija de Diego López de Zúñiga, Conde de Monterrey». En su testamento, su padre «lo reconoce como hijo y ordena que lo eduquen en el Convento de Santo Domingo de Tui», lo que lo rehabilita familiarmente. En 1456, su hermano Alvaro Páez de Sotomayor «se apropia de la ciudad de Tui y expulsa al obispo Luis Pimentel», y es «en 1458 cuando aparece documentada la presencia de Pedro Álvarez de Sotomayor en la Catedral de Tui», y es a partir de este momento «cuando comienza realmente su carrera eclesiástica».

La muerte de su hermano «hizo que se convirtiera en el señor de la casa de Sotomayor, motivo por el que tuvo que colgar los hábitos, casarse y tener herederos». Además, las necesidades económicas «hizo que necesitara grandes suma de dinero, por lo que tuvo que dedicarse además de al comercio, a ser corsario», conocido en Portugal como «Pedro Joao Coulao». Por disputas territoriales, Álvarez de Sotomayor (que se añadió el Álvarez al apellido en homenaje a su hermano fallecido, según García y Vasco da Ponte, otro especialista colombino) se posicionó en contra de los Reyes Católicos. Para recuperar su favor, habría enviado a su esposa, Teresa de Távora, a la Corte. Pero al mismo tiempo, con el proyecto de las Indias ya en su cabeza, estaría buscando una ruta para ofrecérselo al rey de Francia.

En opinión de García, esa ruta a Francia hace un evidente desvío por Huelva debido a que Sotomayor tenía un hijo con otra mujer, Felipa Móniz, con la que vivió durante unos años de exilio en el norte de Portugal tras la revuelta de los irmandiños, y esta tenía parientes onubenses con los que dejar a cargo el vástago. García sostiene que el propio Sotomayor contaba igualmente con familia en esta zona.

A su llegada al Monasterio de la Rábida en 1483, el ensayo plantea que el navegante confiesa sus planes de entregarle las Indias a Francia en venganza por la traición del rey Juan II de Portugal y por estar en rebeldía con la sucesión de Isabel la Católica como reina de Castilla, pero el religioso y el duque de Medinaceli le convencen para que recapacite. En 1485 «llegan a un acuerdo definitivo», en el que los reyes de Castilla perdonan a Sotomayor y «aceptan ayudarle en el proyecto de las Indias, a cambio debe renunciar a todas sus propiedades en Galicia, sufrir el destierro de por vida, no regresando jamás a su tierra».

Es esta «muerte civil» a la que, según García, haría referencia el hijo de Pedro de Sotomayor cuando en su testamento manifiesta que su padre falleció años atrás, una de las flaquezas que se le imputan a esta teoría colombina. Para García, este documento «formaba parte del montaje para mantener una ficción» y, de paso, evitar que Portugal pudiera reclamar las Indias para su Corona. De ahí que, a partir de ese 1486, Pedro Álvarez de Sotomayor abandonara su nombre real y eligiera el alias de Cristóbal Colón para su entrada en Castilla al servicio de Isabel y Fernando. El resto ya es conocido.

García plantea además una hipótesis que desmonta la versión del descubrimiento casual de América. A su juicio, «Colón llegó a descubrir América porque gozó de una red de contactos privilegiada», y sabía exactamente dónde desembarcaba, una información que obtuvo «de los secretos mejor guardados de la Ordem de Cristo», orden heredera de los templarios en Portugal y de la que Pedro Álvarez de Sotomayor sería miembro.

Igualmente, no considera casual que la carabela «Pinta» arribara a Baiona tras el primer viaje colombino, sino fruto de la presencia de marinos gallegos a bordo y de los propios orígenes del descubridor en esta tierra. Álvarez de Sotomayor, además, sería conocido por otros nombres, como Conde de Camiña, Vizconde de Tui o Pedro Madruga, un apelativo que entronca con la historia de la villa de Baiona.

Descartando alternativas

Uno de los capítulos más detallados es el que Carmen García dedica a descartar las otras identidades dadas a Cristóbal Colón, en base a «incompatibilidades históricas». La más llamativa es la del lanero genovés Cristophorus Columbus, quien «solo tiene de parecido con el verdadero que se llamaba parecido, pero el lanero se llamaba así de verdad, mientras que el verdadero descubridor de América se llamaba de verdad con otro nombre y solo utilizó Cristóbal Colón como alias», cuando ocultó su auténtico nombre al entrar en el monasterio, según relata Fray Bartolomé de las Casas.

La investigadora también rechaza las candidaturas del hijo de Príncipe de Viana, del supuesto hijo de Aldonza de Mendoza y de Diego Gómez Manrique, del portugués Segismundo Henriques o de Pedro Ataide. En todos ellos encuentra hechos históricos en sus respectivas biografías que no concuerdan con otras conocidas y acreditadas del descubridor. «Es necesario, por lo tanto, reescribir de nuevo una página entera de la historia del descubridor de América», sentencia la investigación.

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