«Algunos libros», E. M. Forster radiactivo

Sépanlo: hubo un tiempo en que un escritor del calibre y alcance de Edward Morgan Forster (Inglaterra, 1879-1970) entraba semana tras semana y a lo largo de tres décadas en los estudios de la radio pública británica, la BBC, para hablar y reflexionar y hacer pensar acerca de ese objeto tan familiar como extraño llamado libro. Y Forster lo hacía con esa mezcla de sencillez, claridad, amabilidad y refinada profundidad que definió, también, su parte escrita. En este sentido, el primero de los textos/charlas aquí recopilados se titula «¿Son útiles los libros?» y debería ser de lectura obligatoria para todo aquel que lea y escribe. Superadas con una sonrisa esas páginas introductorias, comienza la fiesta. Y el efecto es el de tener al mejor guía posible en un equivalente exclusivamente literario de la portada de «Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band». Porque aquí están Shakespeare, Austen, Joyce, Kipling, Twain y siguen las firmas bajo la mirada y en la voz de un narrador inglés que se vuelve más interesante cada año que pasa.

Éxito temprano

Se sabe que Forster fue gay a la manera de muchos de su generación (discreta) pero escritor a la manera de pocos (cuando uno piensa que lo tiene perfectamente catalogado, algo ocurre que lo reafirma casi como especie que empieza y termina en sí mismo). Forster gozó de éxito temprano y creciente, se retiró inesperadamente temprano luego de «Howards End» en 1910 (que ha sido reeditada por Navona con traducción de Eduardo Mendoza); regresó triunfalmente con ese misterio magistral que es «Pasaje a la India» en 1924 (una cruza de novela imperial que a la vez anticipa los enfermizos «thrillers» de Patricia Highsmith); y volvió a desaparecer permaneciendo a la vista de todos, paseando por el King’s College y discretamente satisfecho, tradicional pero vanguardista, con ser el eslabón perdido pero fácil de encontrar entre John Galsworthy y Virginia Woolf. No conforme, en 1927 Forster reunió una serie de conferencias dictadas en Cambridge con el título de «Aspectos de la novela»: libro que continúa hoy siendo tan influyente como discutido.

Y ya como fantasma omnipresente, Forster no sólo publicó de forma póstuma una optimista y delicada casi confesión gay («Maurice», en 1971) sino que también tuvo una exitosísima reencarnación como «adaptable» favorito en películas elegantes y disfrutables cuyo positivo efecto residual era el de incitarte a revisitar sus fuentes originales para descubrir que lo suyo era mucho más que buen vestuario y diálogos inteligentes.

«Algunos libros» -que es a su vez muchos libros- incorpora también el texto que le dedicó en su momento la «forsteriana» confesa Zadie Smith y funciona un poco como complemento del ya mencionado «Aspectos de la novela». Si aquel era como un L.P. perfecto, lo que aquí se ofrece son esas caras B y «rarities» a menudo mucho más interesantes que el single. En lo que hace a si son útiles o no los libros, las respuesta es sí porque, concluye Forster, los libros mejoran a las personas.

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