Alberto Novillo, un toledano en la tragedia de Gilmamesh

Es la obra épica más antigua que se conoce de la humanidad. La epopeya de Gilgamesh es la primera obra literaria que hace énfasis en la mortalidad humana frente a la inmortalidad de los dioses. Esta apasionante historia la vive ahora desde las tablas el actor toledano (La Puebla de Almoradiel) Alberto Novillo, en una adaptación de la compañía Aidos Teatro que se representa hasta el próximo 3 de marzo en el Teatro Fernán Gómez de Madrid, bajo la dirección de Álex Rojo.

Gilgamesh es el despótico rey de Uruk, cuyos súbditos se quejan a los dioses cansados de su lujuria desenfrenada, la cual lo lleva a forzar a las mujeres de la ciudad. Los dioses atienden este reclamo creando a Enkidu, un hombre salvaje destinado a enfrentarse a Gilgamesh. Pero cuando ambos entran en combate, en vez de darse muerte se hacen amigos para siempre y emprenden peligrosas aventuras. Hasta la muerte de Enkidu, lo que le lleva desesperadamente a la búsqueda de la inmortalidad.

Con 18 años, Alberto Novillo inició sus estudios en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid (RESAC) y comenzó así su carrera como actor en La Joven Compañía dirigida por Jose Luis Arellano, donde participó en montajes como Fuenteovejuna, El señor de las moscas y Hey boy hey girl, versión de Romeo y Julieta del dramaturgo catalán Jordi Casanovas.

Espero que me salga más trabajo a partir de este personaje. Los actores tenemos que dedicarnos a mil cosas para poder pagar las facturas

En 2015 debutó por primera vez en la pequeña pantalla en la famosa serie «La que se avecina». También lo hizo ese mismo año en el cine con el largometraje «Historias románticas (un poco) cabronas» de Alex Ygoa y además como actor protagonista del videoclip nacional «Minuto a minuto» del grupo de rock madrileño Por instinto. Desde 2016 forma parte de la nueva cantera de actores del Teatro de la Abadía, donde recibe una formación rigurosa en movimiento expresivo, voz y palabra. En este mismo teatro participó en 2017 en el montaje de la obra valleinclanesca «El embrujado», bajo la dirección de Lino Ferreira.

En 2018 fue seleccionado por Contexto Teatral y la Plataforma de directoras y directores en emergencia para formar parte del elenco de «Las funciones por hacer» en El Pavón Teatro Kamikaze durante la temporada 2018/2019. Hasta este mismo mes de febrero, en que ha estrenado la adaptación teatral de la epopeya de Gilgamesh.

-¿Es el personaje de Enkidu el más importante de su carrera teatral?

-Hasta ahora mismo sí porque los personajes que he interpretado en la Joven Compañía no tenían un rango tan importante de trabajo y texto.

-¿Cree que le consolida como actor?

-Todas las herramientas que he aprendido durante tantos años en la RESAC, en el Teatro de la Abadía y en la Joven Compañía las pongo ahora en esta función. Y no sé si me va a consolidar más o no, pero sí espero que me salga más trabajo a partir de este personaje.

-La carrera del actor es un aprendizaje constante.

-Sí, en esta profesión es bueno estar entrenándote todos los días, aunque no te estés preparando para hacer un montaje, una obra de teatro o un casting, pero sí es bueno estar trabajando el cuerpo, y también la mente, para que las cosas que has aprendido no se desengrasen. Lo que ocurre es que, luego, los actores tenemos que dedicarnos a mil cosas para poder pagar las facturas.

-Sí, con la excepción de los actores «famosos», esos pocos que están en todas las películas o series de televisión, es difícil subsistir. ¿Qué prefiere, la televisión o el teatro?

-Me gustan los dos medios y me gustaría ir compaginándolos, pero sí es verdad que el teatro, que es lo que más he hecho hasta ahora, me encanta porque la hora y media que dura la función y que estás contando la historia de un personaje sabes que es verdad, no hay cortes, no hay parones, mientras que en televisón es todo mentira. Y además está el público delante, que no es comparable con las cámaras de televisión. En el teatro cada día tu trabajo es diferente porque cada día el público es diferente, y hay una energía diferente, y te lanzas al vacío, y eso es maravilloso. Eso no lo tiene el cine.

-En esta obra está inmerso en una gran tragedia. ¿No se reconoce algún tipo de vis cómica?

-Desde muy niño me encantaba ver Hostal Royal Manzanares, seguía mucho a Lina Morgan, y desde siempre digo que es mi actriz favorita. Sí me reconozco vis cómica; de hecho me siento muy a gusto haciendo comedia, lo que pasa es que aún no me han dado un papel de comedia donde pueda sacar mi vis cómica. Pero sí, me gusta mucho hacer el tonto, la comedia.

-¿Le ha supuesto mucho esfuerzo preparar el personaje de Enkidu?

-Aparte de la tralla física que me ha supuesto el personaje, lo que más me ha costado de él es aceptar la muerte. Enkidu es castigado porque no ha llevado a cabo el objetivo para el que ha sido creado por los dioses, que es matar a Gilmamesh. Pero cuando va a matarlo, en mitad de la lucha le perdona la vida, se hacen amigos, se enamoran y unen sus fuerzas para emprender aventuras contra dioses malignos. Lo que más me ha costado como actor es aceptar que me voy a morir y voy a dejar este mundo. Muero en los brazos de Gilmamesh y es como si me dejara ir, cuando emprendo el camino hacia el infierno. Es como una persona que tiene cáncer, se va despidiendo y llega un momento en el que lo acepta.

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