Alberto Gil debuta con una novela negra titulada presenta «Ocho pingüinos»

Gonzalo Cortés, alias «Cortes», es un veterano crítico de cine del diario Pueblo. Durante años su mayor quebradero de cabeza es constatar –una y otra vez– los estragos de la censura. Pura rutina. Hasta el día en que asiste al estreno del «El eclipse» en un cine de la Gran Vía y descubre el cadáver de una mujer, degollada en el patio de butacas. Le han robado la documentación y nadie sabe quién es. Desde ese instante, con ayuda de un colega de sucesos, una reportera de sociedad y el corresponsal de un diario francés, Cortes comenzará una indagación en la sombra, que se vuelve una pesadilla. Pueden averiguar poco y no pueden publicar casi nada. Al primer asesinato le suceden otros. Siempre mujeres. Y «Cortes» y sus colegas van viendo cómo cualquier mínimo resquicio en su indagación choca con el silencio oficial y lleva a un callejón sin salida.

Éste es el hilo argumental de «Ocho pingüinos», novela negra del periodista Alberto Gil, recién editada por Almud ediciones y que recorre algunos escenarios de aquel Madrid de los 60. La Dirección General de Seguridad, las grandes salas de cine, los cafés o el viejo Instituto Anatómico Forense.

«Ocho pingüinos» también es la crónica negra de un año, 1963, en el que se vivieron momentos decisivos del franquismo. Las ejecuciones de Julián Grimau, Francisco Granado y Joaquín Delgado, que provocaron la repulsa internacional, el conflictivo estreno de la película «El verdugo» y otros episodios que configuran el telón de fondo de las andanzas de un asesino en serie y convierten a 1963 en «El año del verdugo».

Y por último, la novela ofrece el retrato de una galería de ocho personajes: un constructor, un abogado arribista, el gerente de un banco, varios políticos corruptos…  embarcados en una de las muchas tramas de especulación urbanística que medraron durante el franquismo y cuyo «modus operandi» no ha variado desde entonces.

 

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