Acosan a una joven al reconocerla como activista constitucionalista

Noche de San Esteban. En San Cugat del Vallés (Barcelona). Unas 300 personas juegan al quinto -un entretenimiento típico de algunas zonas de Cataluña, similar al bingo- en una carpa autorizada por el Ayuntamiento. En un momento dado, el loro -quien canta los números de forma distendida y con dichos y frases, cuya responsabilidad en el juego va rotando- se viene arriba y asegura que hay «fascistas» entre los presentes y que estos son de Societat Civil Catalana. María Domingo, en ese momento, piensa lo peor. No es la primera vez que la acosan por ser constitucionalista y está acostumbrada a dar la cara, sobre todo en la Universidad Autónoma de Barcelona, pero esa noche solo quiere pasar un rato con sus amigos, en su ciudad.

Domingo forma parte de la dirección de una asociación de jóvenes catalanes («S’ha acabat!») que están hartos del nacionalismo. Antes, estuvo en Societat Civil Catalana. La noche del miércoles al jueves fue señalada desde un espacio público y, al salir de la carpa, le lanzaron un vaso de plástico. Es un ejemplo más del acoso que sufren algunos activistas que dan la cara en defensa de la Constitución y los derechos civiles en Cataluña. Violencia de baja intensidad.

En declaraciones a ABC, Domingo lamenta la situación: «Todos los partidos constitucionalistas de San Cugat del Vallés me han llamado para darme su apoyo. PP, Cs y PSC. Pero nadie del Ayuntamiento se ha puesto en contacto conmigo». El Consistorio es el responsable de ceder el espacio y de autorizar la carpa para la celebración del quinto. Se hace por concurso público. «Pero solo se presenta un proyecto. Los de Cal Temerari. Está la CUP detrás», asegura Domingo, que presentará «una instancia en el registro del Ayuntamiento de San Cugat pidiendo que se les retire el permiso para la organización del quinto». Además, valora presentar una denuncia ante los Mossos d’Esquadra por lo sucedido la noche del 26 al 27, pero no es muy optimista con esta opción concreta.

«Se cura matando»

Relata lo que vivió en primera persona como algo casi habitual: «Todo iba bien hasta que pasada la medianoche, el “speaker” dijo que habían detectado que había gente fascista de Societat Civil Catalana. Lo dijo delante de 300 personas. No dijo mi nombre explícitamente, pero nos conocemos entre nosotros, y todo el mundo se puso a mirarme por si reaccionaba de alguna manera». Sin embargo, pese a su juventud -tiene 23 años- sabe que hay ocasiones en que lo mejor es hacer ver que no se ha oído nada. Pero el loro insistió. «Luego dijo que Hollywood les había enseñado que el fascismo se cura matando». Y ella siguió delante de su cartón de juego. «No dije nada, me quedé en mi sitio y seguí en la carpa un rato más».

Pero no todo el mundo tiene los pies en el suelo. «Fue al salir, hacia la una de la madrugada, justo en la entrada de la carpa cuando alguien me lanzó un vaso de plástico a la cabeza», recuerda con pesadumbre. Si no confía en la denuncia ante los Mossos es, precisamente, porque no vio al que le lanzó el vaso. Fue por la espalda. Algo habitual en todo nacionalismo. Como al que le pintan en el muro de su casa y le amenazan de muerte. María es hija de José Domingo, quien fuera diputado autonómico de Cs hace una década. En aquella época, su vivienda amaneció en alguna ocasión con pintadas amenazantes.

Mirar a otro lado

Los organizadores del quinto (Cal Temerari) también hablaron («ellos lo vieron», asegura Domingo). En Twitter siguieron el abecé del perfecto estilo de mirar hacia otro lado.

Admitieron una «polémica», pero aseguraron que «las opiniones que expresen los loros son personales y no representan necesariamente a la entidad». Desde Cal Temerari defendieron «la libertad de expresión en todo el mundo, también con el micro del quinto». María se libró del bingo.

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