Acosadores, la pesadilla recurrente de Hollywood

La fama, esa espada de doble filo por la que millones rifan su suerte en Instagram, tiene un precio. Ser una celebridad es una llamada de atención a lo bueno y a lo malo. Las estrellas lo saben y se protegen. Mientras disfrutan de la admiración de los admiradores legítimos, guardan con celo su intimidad porque conocen el peligro de los acosadores. Existe la idea equivocada de asociar al acosador con un admirador, cuando no es así. El entusiasmo nunca debe confundirse con la paranoia y la obsesión. Los acosadores se saltan las leyes, invaden casas, persiguen a sus víctimas y, en ocasiones, llegan a cometer crímenes. Esta semana, la policía detuvo en Rhode Island a un hombre con una mochila cargada de herramientas para entrar en casa de Taylor Swift. La cantante, a pesar de haber tenido casi una docena de acosadores en su corta carrera, no termina de acostumbrarse al peligro del acecho. «Me pone nerviosa cuando la policía descubre a mis acosadores. Trato de no hablar de ello, pero me asusta. Estoy agradecida porque puedo permitirme contratar guardaespaldas», ha dicho Swift, quien el pasado mes de abril sufrió otro incidente, cuando Roger Alvarado fue detenido por segunda ocasión cerca de su casa de Nueva York. El acosador, que vive obsesionado con la cantante, ha pasado a disposición judicial y se estima que pase en la cárcel entre dos y cuatro años.

Hay muchas estrellas que en algún momento de su carrera tienen que lidiar con algún seguidor que traspasa los límites de la adoración. Pero lo de Taylor Swift es para tomárselo más en serio, aún si cabe, porque la artista no deja de acumular acosadores en su historial. Para entender su situación es importante tomar perspectiva. La mayoría de los acosadores viven una realidad que no existe y, en muchos casos, padecen trastornos psiquiátricos. Solitarios y con problemas sociales, la mayoría de ellos buscan sentirse importantes. Quizás, el caso más conocido de los acosadores fue el fan de Jodie Foster que, por llamar la atención de la actriz, intentó un magnicidio disparando al presidente Ronald Reagan. John Hinckley Jr. estaba obsesionado con Foster hasta el punto de enrolarse en la Universidad de Yale para estar cerca de ella. Hinckley, que tiene un altísimo coeficiente intelectual, demostró que cuanto más inteligente el acosador, más peligroso se vuelve. Su idea era llamar la atención de Foster intentando matar a alguien importante. Decidió asesinar en nombre de la protagonista de «Taxi Driver» al presidente Reagan, a quien disparó en Washington el 30 de marzo de 1981. Reagan sobrevivió y Hinckley fue ingresado en un hospital psiquiátrico en DC. De hecho, su obsesión no ha remitido y tuvo que ser sedado cuando Foster dio su discurso anunciando que era gay.

Boda Sharon Tate y Roman Polansky – AFP

Una acosadora que logró su propósito fue Yolanda Saldívar, presidenta del club de fans de la cantante de Tex-Mex Selena, a quien asesinó en un motel de Texas. Su asesina fue su acosadora. Saldívar había conseguido la confianza de la artista y se encargaba de sus tiendas de ropa, cuando Selena descubrió que Saldívar la robaba, la echó de su empresa y eso provocó la ira de su seguidora que hoy sirve una sentencia de por vida y saldrá libre en el año 2025.

Más suerte tuvo Gwyneth Paltrow que consiguió declarar legalmente demente a su acosador, hoy recluido en una institución mental en California. Dante Michael Soiu recibió gran atención en el año 2000 cuando empezó a acosar a la entonces ganadora del Oscar. Los detalles dan miedo. Soiu enviaba cartas diariamente a Gwyneth, expresándole su amor y su preocupación por ella. Luego llegaron los paquetes, uno con un vibrador y una nota que decía «te amo». Después aparecería en su casa y luego en casa de sus padres. Afortunadamente la policía consiguió detenerle y encerrarle. Otro caso famoso en Los Ángeles fue el de Rebecca Schaeffer, una actriz principiante a quien su salto a la fama en 1989 en la serie «My Sister Sam» le costó la vida. Su acosador la mató en su casa. Robert John Brado apareció en la puerta del apartamento de la actriz y la disparó sin mediar palabra cuando ella abrió la puerta. Desde entonces Hollywood se guarda con celo, aunque, como explicó Joan Didion en un ensayo, fue el asesinato de Sharon Tate -por la «familia» de Charles Manson, del que ahora se cumplen 50 años-, el principio del fin del movimiento hippie y del amor libre que reinaba en la ciudad. Ya no hay casas de puertas abiertas, ya nadie se fía de nadie; los famosos viven en urbanizaciones cerradas en barrios exclusivos de Malibú, Pacific Palisades, Calabasas, Bel Air o Mullholand Dr., con garita de seguridad y protegidos por cámaras, drones, perros y hasta exmiembros del servicio secreto. Nada es poco para su seguridad.

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