Abusos: clericalismo y tolerancia cero, la puja de la interna vaticana

Francisco asistió ayer al tercer día de la cumbre, en el Vaticano Fuente: LA NACION

Detrás de los casos de pedofilia emerge la pelea de las facciones eclesiásticas en torno a la protección de la Iglesia y de sus hombres

ROMA. “Los trapos sucios se lavan en casa”. Durante las √ļltimas d√©cadas, las altas jerarqu√≠as de la Iglesia Cat√≥lica utilizaron este refr√°n como m√°xima de comportamiento ante los delitos graviora, los pecados m√°s graves, como los abusos de menores cometidos por sacerdotes. Como reconoci√≥ el arzobispo malt√©s, Charles Scicluna, m√°ximo experto en pedofilia del Vaticano, rein√≥ un “c√≥digo del silencio” mafioso, de omert√°.

Para no crear esc√°ndalo entre los fieles, la estrategia era silenciar, encubrir, trasladar al culpable a otra di√≥cesis, pagar dinero a las v√≠ctimas consideradas tambi√©n culpables para que callaran. Todo funcion√≥ hasta que se destaparon miles de casos a fines de la d√©cada de 1990, primero en Estados Unidos, luego en Australia, Irlanda, Alemania, Chile y dem√°s pa√≠ses, en una “epidemia” que ha puesto a la Iglesia al borde del abismo.

¬ŅPor qu√© es tan dif√≠cil erradicar los abusos sexuales en el clero? Si bien se ha avanzado mucho desde que en 2002 Juan Pablo II dijo que “no hay lugar en el sacerdocio para quien da√Īa a un ni√Īo”, la crisis sigue m√°s viva que nunca y amenaza a la Iglesia. ¬ŅPor qu√©? “Porque se encuentra radicado desde hace siglos el concepto de la ‘raz√≥n de Estado’, en este caso, la raz√≥n de la Iglesia: la instituci√≥n no debe ser atacada”, explic√≥ a LA NACION Marco Politi, prestigioso vaticanista de Il Fatto Quotidiano y autor junto a Carl Bernstein del best seller Su Santidad.

Justamente por eso Politi consider√≥ “absolutamente extraordinaria y una muestra del coraje de Francisco” la cumbre, que hubiera sido totalmente “impensable” a√Īos atr√°s. Y que por eso de que “los trapos sucios se lavan en casa”, algunos hubieran preferido que no se hiciera.

Al cabo de estos tres días de sesiones históricas sobre todo porque por primera vez la voz de las víctimas en el pasado ignoradas, maltratadas, atacadas y revictimizadas por las autoridades eclesiásticas ha sido puesta en el centro, queda claro que detrás de los abusos se oculta una interna eclesiástica con líneas muy contrastantes.

“Hay sensibilidades distintas. Hay personas que tienden a preocuparse m√°s por el buen nombre de la Iglesia, por el derecho de la defensa de los sacerdotes acusados y es comprensible”, admiti√≥ un monse√Īor que pidi√≥ el anonimato.

Para la derecha conservadora que suele atacar a Francisco, el gran y √ļnico problema que deber√≠a enfrentarse es la homosexualidad, tendencia que relacionan a los abusos, pese a que no existe ning√ļn estudio cient√≠fico que indique esto. De hecho muchos analistas de temas vaticanos creen que detr√°s de esto se esconde una cuesti√≥n de pol√≠tica eclesi√°stica: insistir en esto es ir en contra de las designaciones de Francisco y en contra de su l√≠nea reformista.

Dos cardenales, el alem√°n Walter Brandmuller y el estadounidense Raymond Burke -cr√≠ticos del Papa y conocidos porque en 2016 le exigieron en una carta que respondiera sus dudas sobre la exhortaci√≥n apost√≥lica Amoris laetitia, en v√≠speras de la cumbre, en otra misiva abierta, llamaron a sus participantes a poner sobre el tapete la “plaga de la agenda homosexual que se ha extendido dentro de la Iglesia”, para ellos el verdadero problema.

“A nivel de la jerarqu√≠a de la Iglesia hay tendencias cr√≠ticas a que se reduzca la discusi√≥n al tema de la protecci√≥n de menores, cuando en cambio otros hombres de Iglesia consideran que la cuesti√≥n clave es la homosexualidad que invadi√≥ grandes estratos del clero y tambi√©n de los obispos”, dijo a LA NACION Sandro Magister, veterano vaticanista de L Espresso, que lament√≥ que el tema de la homosexualidad fuera evitado durante la cumbre.

“La otra l√≠nea, en cambio, est√° convencida de que la homosexualidad no tiene una relaci√≥n directa con los abusos sexuales y que tampoco es una cuesti√≥n tan importante como para enfrentar seriamente”, indic√≥.

Otro punto de divergencia es la denominada “tolerancia cero”. La tolerancia cero es una l√≠nea muy r√≠gida que indica que si uno da√Īa a un ni√Īo tiene que salir de inmediato del sacerdocio que tiene en los obispos de Estados Unidos sus abanderados m√°s convencidos. El cardenal Sean O’Malley, arzobispo de Boston, presidente de la Pontificia Comisi√≥n de Menores y miembro del grupo de cardenales consultores del Papa, es un impulsor decidido de esto.

“Pero no sabr√≠a si el Papa lo es. En los 21 puntos de reflexi√≥n que present√≥ al principio de la cumbre hay sugerencias bastante expl√≠citas tendientes a equilibrar la tolerancia cero con un equilibrio m√°s atento a proporcionar las penas, a curar no solo las v√≠ctimas, sino tambi√©n a los culpables y garantizar la presunci√≥n de inocencia”, destac√≥ Magister.

Este analista subrayó que, de hecho, hay dos líneas también de carácter jurídico que se enfrentan, una rígida y otra más atenta a defender los derechos también de los acusados.

Para Politi detr√°s de la l√≠nea que presiona para que el Papa conecte homosexualidad con la pedofilia se inserta en el ataque que a fines de agosto pasado emprendi√≥ el exnuncio Carlo Maria Vigan√≤ contra el Papa, a quien acus√≥ de encubrir a un excardenal abusador estadounidense (Theodore McCarrick, expulsado del sacerdocio hace una semana) y que denunci√≥ una “red homosexual en el Vaticano”.

“Otra lucha interna es, sobre todo, de resistencia pasiva, de inercia, de no crear estructuras para encontrar los esqueletos que est√°n en el armario de cualquier conferencia episcopal local”, apunt√≥ Politi.

Para √©l incluso existe en el Vaticano “el partido de los ultrajur√≠dicos, que encuentran las mil excusas para no poner en marcha un punto delicado que por primera vez ha salido, que es la responsabilidad de los obispos que deben ser procesados”.

“Esta ser√° una lucha futura, la de frenar la accountability (obligaci√≥n de rendir cuentas) de los obispos y la posibilidad de procesarlos”.

Para Alberto Bobbio, exeditor del semanario Famiglia Cristiana y corresponsal de L Eco di Bergamo, no es solo una cuesti√≥n de normas jur√≠dicas. “Seguramente hacen falta normas y jueces m√°s severos, tanto a nivel local como en la Santa Sede”, coment√≥ a LA NACION. “Pero la cuesti√≥n verdadera es c√≥mo seguir el Evangelio: si hay curas que cometen abusos sexuales, de conciencia y de poder, quiere decir que est√°n traicionando al Evangelio. Y como indic√≥ el Papa, hay que volver a lo esencial, al Evangelio”.

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