Abrazar el feminismo con sus contradicciones

¬ŅCu√°l es el sentido de una militancia que se√Īale a la mujer que no quiere ser feminista o a la militante “descarriada”?, se pregunta la autora

Quinta marcha de Ni Una Menos, frente al Congreso Fuente: LA NACION РCrédito: Soledad Aznarez

Me hice feminista por una raz√≥n muy simple: quise, desde siempre, tener los mismos derechos que los varones. De hecho, cre√≠a que ya los ten√≠a. Las barreras me sorprendieron por el camino, pero segu√≠ actuando como si no hubiera cosas reservadas a los hombres. Podr√≠a decirlo as√≠: nunca quise sentarme en la mesa de las ensaladas. No tengo nada en contra de hervir las papas y los huevos, pero pienso que es algo que pueden hacer tranquilamente muchos de los se√Īores, si les gusta, y no hay ninguna raz√≥n que me obligue a andar cortando las cebollas ni llorando por los rincones (tampoco es que llore cuando corto las cebollas).

En los √ļltimos a√Īos, muchas cosas cambiaron en las calles y en los discursos. Las mujeres nos aliamos y logramos que la cuesti√≥n de g√©nero fuera un tema de agenda: medi√°tica, social y pol√≠tica. Mujeres (y tambi√©n varones) de todas las generaciones, en todo el mundo occidental -y hasta en Oriente, donde las activistas iran√≠es desaf√≠an a las teocracias isl√°micas quit√°ndose el hiyab-, nos manifestamos masivamente en contra del machismo. Las marchas de #NiUnaMenos en la Argentina y en todo el mundo, la Women’s March en reacci√≥n a las declaraciones mis√≥ginas de Donald Trump en 2017, las denuncias del #MeToo en Hollywood, el #BalanceTonPorc en Francia, y el #Mir√°C√≥moNosPonemos en la Argentina fueron una demostraci√≥n concreta del empoderamiento que genera la uni√≥n en tiempos de redes sociales.

Si muchas chicas de la generaci√≥n de mi madre se cuidaban de declararse abiertamente feministas por miedo a que se las tildara de poco femeninas, para las de la generaci√≥n de mi hijo de quince no solo es un orgullo, sino que esperan, como requisito b√°sico, que sus compa√Īeros tambi√©n lo sean. Hombres grandes se llaman a s√≠ mismos varones deconstruidos y declaman feminismo en p√ļblico, arrepentidos de sus errores del pasado. Feministas de todos los colores, antes reducidas a tribunas marginales, hoy desfilan por diarios, revistas y hasta el prime time televisivo ense√Ī√°ndole a los varones y a otras mujeres el nuevo c√≥digo de comportamiento. Y sin embargo, vivimos en un pa√≠s donde por ley las mujeres a√ļn no tenemos derecho decidir sobre nuestros cuerpos y la mayor parte de los cargos ejecutivos, tanto en el sector p√ļblico, como en el privado, son ocupados por varones. Y s√≠, en la mayor√≠a de los asados argentinos, hay un se√Īor rodeado de otros se√Īores en la parrilla, y mujeres poniendo la mesa y haciendo las ensaladas. Muchas cosas cambiaron en el discurso y en la agenda, pero en la pr√°ctica no estamos tan lejos de lo que dec√≠a Simone de Beauvoir en 1949: “Este mundo que siempre ha pertenecido a los hombres conserva todav√≠a la fisonom√≠a que le han dado ellos”.

Negociar juntos

Yo no soy feminista para reeducar a los varones ni quiero que me reeduquen a mí: en todo caso, me parece que llegamos a un momento de la historia en el que por fin podemos pasar en limpio algunos comportamientos que arrastrábamos desde hacía siglos. Y que tenemos que volver a negociar algunas cosas juntos.

No soy feminista para se√Īalar a la hermana que se porta mal. A la que no entendi√≥, a la que no ley√≥ el manual. Si no me gusta que me expliquen los se√Īores, menos me interesa explicarle a una sorora c√≥mo debe sentirse la experiencia de ser mujer.

No soy feminista para quedarme callada. Una de las frases m√°s potentes que las feministas repetimos en los √ļltimos tiempos es: “No nos callan m√°s”. Comet√≠ m√°s de un error en mi vida por hablar de m√°s. Pero tambi√©n me ense√Īaron desde chica a callar lo que no deber√≠a callarse nunca: los abusos, el placer, el abandono. Tambi√©n debo decir que no me lo ense√Ī√≥ un hombre malo; me lo ense√Ī√≥, supongo que con todo el amor del mundo y pensando en que no sufriera, mi mam√°.

Yo no soy feminista para vivir indignada ni para culpar al fantasma omnipresente del patriarcado por todos mis males: sería retroceder muchos casilleros. Para mí el feminismo fue, desde el principio, un lugar feliz. El abrazo con mis amigas, con mi hermana, con otras mujeres a las que admiro y que me abrieron la puerta en la carrera, en el trabajo, en la militancia feminista y en muchas otras situaciones de la vida.

Escrib√≠ Feminista en falta para plantear algunos debates, que me parecen urgentes, sobre temas que nos atraviesan como sociedad y tambi√©n dentro del propio movimiento. ¬ŅC√≥mo queremos seguir, ahora que s√≠ nos ven y nos escuchan? ¬ŅC√≥mo podemos renegociar con nuestras parejas y colegas y amigos un nuevo pacto de convivencia basado en la paridad y la confianza, evitando la simplificaci√≥n absurda de pensar que el patriarcado fue solamente una construcci√≥n de hombres malos sometiendo a mujercitas ingenuas y fr√°giles? ¬ŅC√≥mo abrazar a las v√≠ctimas de los abusos sin caer en el confort del victimismo colectivo ni los linchamientos? ¬ŅTiene sentido plantear un feminismo moralizante, que indica c√≥mo hay que vestirse, c√≥mo hay que hablar, c√≥mo hay que educar a los hijos, c√≥mo hay que seducir y hasta c√≥mo tenemos que portarnos en la intimidad? ¬ŅCu√°l es la ganancia de un feminismo que se√Īala a la feminista descarriada, o a la mujer que no sabe o no quiere ser feminista, o a la que tiene un cuerpo demasiado acorde al modelo heteropatriarcal, o a la que elige vivir de otra manera? ¬ŅAcaso no √≠bamos a librarnos de ese dedo acusador?

De hecho, ya imagino las objeciones a esta mirada: “Problemas de clase media ilustrada y urbana”; “Problemas de mujer blanca heterosexual”; “Otras tienen problemas m√°s urgentes”. Prefiero confesarlo de entrada: tienen raz√≥n. Soy muy consciente de que las experiencias y las reflexiones que planteo no alcanzan a todas, pero escribo tambi√©n con la certeza de que representan, de todos modos, a una parte considerable de las mujeres. Y de que no nos animamos a ponerle nombre a esas discusiones, porque pensamos que cualquier cuestionamiento puede debilitar lo que conseguimos. Estoy convencida de que ya no es as√≠, solo podemos retroceder si no nos asumimos con nuestras contradicciones y diferencias, imaginando, como mandaba el patriarcado, que hay una sola manera de ser mujer, una sola manera de ser feminista.

El feminismo que me interesa es menos teórico que vivido. Por lo mismo, en el libro salto sin formalidad entre reflexión y experiencias propias y ajenas. Es una forma de asumir con la mayor honestidad de la que soy capaz los límites de una reflexión que no habría tenido lugar si no se hubiera vivido primero.

La misma autonomía

De todas las definiciones de feminismo, una de las que m√°s me gusta, por lo simple e inclusiva, es la de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie: “Feminista es todo aquel hombre o mujer que dice: “Hay un problema con la situaci√≥n de g√©nero y tenemos que solucionarlo. Y tenemos que mejorar las cosas juntos, entre hombres y mujeres'”.

Soy feminista porque quiero que todas las mujeres -y todos los géneros- tengamos la misma autonomía que los varones para elegir lo que hacemos de nuestra vida y de nuestros cuerpos con igualdad de oportunidades y acceso.

Quiero que seamos más libres: así de simple fue mi hipótesis de trabajo. Ser libre para disponer de mi tiempo como un varón, para estar con mi familia tanto como un varón, para parir si quiero, para ser madre si y como quiero, para casarme si quiero, para irme a la cama con quien quiero, para trabajar de lo que quiero (y tener el mismo acceso a los mismos cargos), para estudiar lo que quiero, para decir lo quiero y cuando quiero, para cocinar si quiero, para ordenar si quiero, para estar arreglada y linda si quiero, para que nadie me diga cómo estar linda (ni siquiera otras mujeres), para hacer fuego, para viajar, para nadar a mar abierto? Ese es, en definitiva, el paraíso que yo vi en el feminismo desde la adolescencia: la libertad.

Cap√≠tulo de Feminista en falta: “Mujer buena, hombre malo”

La tapa del libro de Mercedes Funes

La tapa del libro de Mercedes Funes

La autora, periodista, acaba de publicar Feminista en falta. Contradicciones, relatos y preguntas de una revolución en marcha (Galerna)

ADEM√ĀS

Lee m√°s: lanacion.com.ar


Comparte con sus amigos!