¡A las barricadas!

Dos aplausos fueron especialmente simbólicos en la última sesión del Pleno de Investidura. El primero, nada más empezar, cuando Sánchez subió al atril y el grupo socialista y el Gobierno en pleno se levantaron como no lo habían hecho en toda la semana. Fue un aplauso largo, prefabricado, una especie de homenaje mortuorio, pero no sólo eso: tenía un significado bélico, iniciático, como el de un ejército que se prepara para la batalla. El siglo XX sigue aquí, y las izquierdas -como diría un politólogo de la tele- no maridan bien. La guerra ha comenzado, y Pablo Iglesias empezó ayer a sentir el inmenso poder destructor de la maquinaria socialista. Sánchez, primero, y Lastra, después, fueron despiadados, incluso crueles, en… Ver Más

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