«A.K.A. (Also Known As)», lo que somos y lo que ven los demás

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Daniel J. Meyer escribió -casi vomitó- esta obra en una sola noche. Con el texto aún sin título en la mano buscó la complicidad de alguien que quisiera ponerla en pie. Encontró a la directora Montse Rodríguez Clusella primero, al joven actor Albert Salazar después y a la pequeña Sala Flyhard de Barcelona más tarde. El resultado es «A.K.A. (Also Known As)», un espectáculo que han visto, desde su estreno en febrero de 2018, quince mil espectadores; que ha obtenido dos premios Max y cuatro premios Butaca, y que el boca a boca ha convertido en uno de los fenómenos de la escena española reciente. Ahora llega a La Abadía, donde podrá verse hasta el 17 de noviembre.

«El foco de la obra está en la identidad», dice Daniel J. Meyer, un autor argentino de origen europeo y residente desde hace años en Barcelona. «Yo soy un inmigrante de lujo -reconoce-. Pero a los inmigrantes se nos etiqueta enseguida. El otro siempre te confronta con etiquetas, y a mí es algo que me molesta mucho. Muchas veces estigmatizamos y etiquetamos a los demás, y en ocasiones puede resultar peligroso e incluso doloroso. Hay que defender la identidad que uno construye y lo que no es».

«A.K.A. (Also Known As)» cuenta la historia de Carlos, «un buen alumno, que se aburre, que está enfadado, que está bien, que sale con sus colegas al parque, que baila hip-hop; es una persona feliz que un día conoce a Claudia y se produce la magia en su vida». «Carlos es un personaje entrañable -dice Montse Rodríguez Cluella- que ha tenido, en los últimos cuatro años (los que abarca la obra) una historia bonita, a la par que dura. La cuenta desde una sensibilidad, una vulnerabilidad y una apertura tan grande que no puedes hacer otra cosa sino entenderlo y quererlo». Añade que el conflicto de la obra nace cuando el público juzga al personaje. No es casual que Carlos sea un chico adoptado, porque le ponemos muchas etiquetas». La edad del personaje es también clave. «Es uno de los temas de la obra, la juventud es igualmente un motivo común de etiquetas».

Lo que somos, lo que ven los demás, lo que quieren ver, lo que mostramos y lo que ocultamos son el mar de fondo de este monólogo. «Hemos desarrollado la ansiedad compulsiva del juicio social ligado a las redes sociales. Estas son maravillosas, pero no sabemos hacer un buen uso de ellas todavía. Estamos esperando a los likes y los retuits, el juicio ajeno. Éste es un siglo en el que nos gusta mucho gustar. Y todo ello puede afectar mucho a alguien cuya identidad se está formando aún, como es el caso de los adolescentes», resume Daniel J. Meyer.

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