«A caballo me sentía más torero»

«Buenas tardes, lo primero agradecer esta deferencia de contar conmigo en la Peña el Caballo, para dirigiros este pregón que para mí es una responsabilidad que asumo con total humildad consciente de que mi historial en el mundo del caballo no se acerca ni de lejos a mis antecesores, a los cuales siempre he admirado y han significado tanto para mí.

Mi relación con el caballo es relativamente tardía. Nunca de niño tuve oportunidad de subirme a un caballo cuando era una de mis máximas ilusiones pero, curiosamente, teniendo en cuenta que me pasaba la vida en el camp,o no surgió esa posibilidad seguramente más por mi prudencia y timidez que por falta de cualquier detalle de las ganaderías que visitaba.

Era una de mis pasiones y de mis obsesiones, y vienen precisamente desde mi admiración a esas leyendas de la tauromaquia como Joselito El Gallo, Juan Belmonte o Pepín Martín Vázquez, a los que veía como objetivo de lo que yo quería ser y conseguir en el toreo, pero las imágenes que más envidiaba era cuando los veía acosar ganado bravo en sus ganaderías, algo que me dejaba totalmente hipnotizado.

Así pase mi infancia entre tentadero y tentadero, con visitas furtivas a las cuadras, soñando subirme algún día en un caballo de esos y acosar el ganado bravo en los tentaderos de machos.

Crecía y crecía como torero, pero mi suerte no cambiaba en ese aspecto hasta que un día el destino me llevo a casa de una familia tan querida para mí como la familia Bohórquez. Después del tentadero y la correspondiente comida don Fermín me invitó a quedarme porque por la tarde iban a acosar. Todavía recuerdo esa sensación en mi interior de nervios e ilusión, pero no solamente iba a verlo en directo desde un coche si no que lo iba a ver a caballo. Recuerdo el momento en que puse el pie en el estribo como uno de los más emotivos y trascendentales de mi vida, aquel día se me abrió un mundo nuevo, desconocido para mí que cambiaría mi destino para siempre. Gracias don Fermín y gracias Chato, el primer caballo que monté en mi vida.

Emigré a Jerez dispuesto a interiorizar en ese mundo tan atractivo que no hacía otra cosa que acercarme más y más a mi profesión y asumirla como una forma de vida. A caballo me sentía más torero.

Entrenar por la mañana, tentar a mediodía y acosar por las tardes. Entendí algo que nunca lo había hecho que era la anécdota de que Joselito El Gallo no se podía quitar los botos por la noche y me sentía feliz cuando me paso a mí.

Pero el mundo del caballo no se queda ahí, se abre un mundo (quizá el que más me gusta) de amistades, de respeto, de principios, de conocimiento y de amor a los animales.

Hoy por hoy diría que mi vida tiene la misma influencia de la tauromaquia como del mundo equino. He crecido en mis amistades, he crecido en mis conocimientos e incluso llegué al amor y a la familia gracias a aquel tentadero fortuito. De don Álvaro Domecq recibo seguramente uno de los detalles más bonitos de mi vida, al quedarme a pie porque mi primer caballo en propiedad, Caracolo, recibió una cornada. Don Álvaro tuvo a bien mandarme su camión y su amparador para cumplir con aquel tentadero de machos en la ganadería de Fuente Ymbro, aunque recuerdo aquella cornada como si fuera en mis propias carnes y el sentimiento de culpabilidad de que aquel garrochista inexperto mandó al caballo a un lugar del que era imposible salir ileso.

De Luis Erquicia sus conocimientos, sus secretos y su amistad. Para mí es, ha sido y será siempre mi maestro en estas lides.

De Jaime Marqués recibo el mejor caballo que he tenido en mi vida, Carpintero, el caballo que más me ha hecho disfrutar de la garrocha.

De Tomas Morenés su grandeza genética. Mis primeras aventuras ganaderas empiezan con su generosidad al permitirme tener descendencia de ese caballo que todos admiramos de nombre Azacán.

Miguel Moreno es mi gran compañero de viaje. Él y sus hijos, juntos con los míos, forman parte de los viajes que hago con más ilusión de corredero en corredero trasladándoles nuestra afición y experiencia, y nos sentimos privilegiados de ver cómo funcionan estas nuevas generaciones.

También he tenido la suerte de poder compartir mi afición con amigos y compañeros, Miguel Ángel Perera, Perico Capea, Domingo López Chaves, José Garrido, Dávila Miura, etc.

He compartido con grandes de la garrocha, los Guardiola, los González, Humberto Domecq, los Peña, Alfonso Carlos, Teodomiro Daza, etc., etc.

Mi situación fronteriza, al igual que este querido Ciudad Rodrigo, me ha llevado a una relación muy estrecha con Portugal, la cual forma prácticamente nuestro 50 % de nuestras prácticas de garrocha y sobre todo nuestras amistades. Me ahorro los nombres porque esto se haría eterno.

A caballo me siento libre, me siento pleno y la preparación de nuevos caballos y sus primeras echadas colman mis ilusiones. Pero el tentadero de machos es sin duda la emoción más intensa, el día grande en el que otra vez junto al toro he vivido los momentos más excitantes. Ese “corredero sagrado” como dice mi gran amigo Julio Grandes, una de las mejores cosas que me ha dado esta tierra también. Esos correderos se convierten el día del tentadero en la Plaza de Las Ventas, la Maestranza de Sevilla, la Plaza México o La Glorieta.

Pero hoy el caballo me lleva a Ciudad Rodrigo. Hace pocos días vine a correr y quién me iba a decir a mí que yo iba a dar un pregón relacionado con caballos en una tierra tan importante en la que El Juli no ha toreado en su extraordinario Bolsín, pero sí un Julián López, apodado casualmente Reverte en aquella vez, que sí lo toreó, además con un gran éxito, convirtiéndose en triunfador allá por el año 1971. Orgulloso de mi padre.

En esta Salamanca de arte y sabiduría he encontrado gente seria, gente honrada, gente de palabra y gente con la que, a pesar de su frío clima, me han hecho sentir con la calidez de mi propia casa.

Es la Salamanca de grandes cantaores como Rafael Farina. Es la Salamanca de grandes y admirados toreros como los maestros Santiago Martín El Viti, Julio Robles, que en paz descanse, y mi gran querido maestro Niño de la Capea, que por muchos años han sido referentes y ejemplos para todas las generaciones sucesoras.

Es la Salamanca de ganaderías históricas y de ganaderos con el espíritu de crear el verdadero toro bravo. Es la Salamanca de Galache, cómo olvidar esa plaza con ese sabor y ese ritmo en las embestidas. Es la Salamanca de los Charro, de los Pérez Tabernero, de los Fraile. Gente que han dado su vida por el toro y ganaderías que he podido visitar y disfrutar de sus embestidas hondas y profundas, como de su calidad humana, ante la cual cada día me siento más atraído.

Es la Salamanca de grandes garrochistas, de Miguel Bayamo, primer campeón de España de Acoso y Derribo e impulsor de esta disciplina en Salamanca; de Dionisio Holgado, alcalde de Ciudad Rodrigo, del vizconde de Garcigrande, que a día de hoy donde él disfrutaba de esta maravillosa afición tengo la suerte de mantener una relación de amistad con una de las ganaderías más importantes de la historia como es Garcigrande, donde prácticamente puedo decir que es mi segunda casa. Evidentemente también en Salamanca.

Esta Salamanca que también recibe a los de fuera como paisanos, Mariano Zúmel, un revolucionario de nuestra afición y que en esta tierra vivió una gran etapa de su vida como garrochista.

Os quiero dar las gracias a Ciudad Rodrigo por vuestra vinculación y pasión hacia los dos mundos que más amo, el caballo y la tauromaquia, que son totalmente complementarios y me engrandecen como persona porque me siento un privilegiado por poderlos vivir con toda la intensidad con las que creo que se debe de vivir las cosas que tenemos. Esos dos mundos que traslado a mis hijos como algo sagrado, porque donde a veces no llegan mis palabras llega el ejemplo que veo y que les puedo transmitir por medio de las personas que conozco y que gozo de su amistad en esta gran familia que componen juntos el toro y el caballo.

Me despido reiterando mi humildad hacia un mundo en el que me queda mucho que recorrer, pero que pienso vivir con los valores que he aprendido: respeto, caballerosidad, armonía, afición y amistad, todas estas virtudes que esta Salamanca tierra mía tiene como la que más.

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