4 historias diferentes de nuestros días

Los apasionados del mar se cuentan por millares, pero muy pocas personas consiguen pasar la mayor parte de su tiempo navegando y viviendo de su gran afición. Es el caso de cuatro patrones que realizan travesías por diferentes destinos y publican sus plazas disponibles en Sailwiz.com. Nos explican su día a día y cómo es la experiencia de convertir un barco en su hogar durante largas temporadas.

1. Daniel , patrón de travesías de vida a bordo de buceo por Columbretes, Ibiza y Formentera. Se describe a sí mismo como apasionado del mar, el buceo y la vida en general.

Antes de dedicarse a ser patrón trabajaba como profesor de música en un colegio, pero tuvo la oportunidad de cambiar las aulas por el mar, haciendo realidad su sueño, algo por lo que se siente muy agradecido.

2. Roger , patrón que realiza travesías por Croacia, por el Caribe y por Tailandia. Cuenta que empezó a navegar con 5 años y compitió en vela ligera hasta los 18. Después trabajó muchos años como instructor en escuelas de vela y más adelante adquirió mucha experiencia navegando en veleros más grandes. Cada año realiza 4 o 5 viajes en velero por todo el mundo.

Siempre ha tenido contacto con el mundo de la náutica, pero antes también se dedicaba a trabajar como guía de viajes en moto por distintos destinos de Europa, Sudamérica y Marruecos. Ahora solamente viaja en moto de vez en cuando.

3. Juan Alberto, es instructor de una escuela náutica y lleva 12 años navegando, los últimos 6 de forma profesional. Ha navegado por Baleares, Canarias, sudeste de la Península Ibérica, sur de Italia y Grecia. Le apasiona viajar y descubrir nuevos lugares.

El mundo de la náutica lo descubrió por casualidad, a través de un amigo. Antes estudió Derecho y trabajó como gerente en una empresa de ocio, pero esa vida no le motivaba lo suficiente y poco a poco fue introduciéndose en el mundo del mar a través de un curso de formación profesional superior.

4. Agustín, ha navegado más de 40.000 millas náuticas. Es un apasionado del mar que ha conseguido hacer de su afición un trabajo, por lo que disfruta cada día como patrón de recreo e intenta hacer disfrutar a todas las personas que se suben a su barco. Tiene a sus espaldas 4 cruces del Atlántico y también el cruce del mítico Cabo de Hornos.

Antes de dedicarse a navegar trabajó como militar, hasta que vio la posibilidad de dedicarse profesionalmente al mar.

¿Cuánto tiempo pasas navegando y cuánto en tierra?

Daniel: En temporada estival pasamos seis días en el mar y uno en tierra, en el que preparamos el velero para que todo esté a punto al embarcar el siguiente grupo.

Roger: Pasaré un mínimo de dos meses al año navegando.

Juan Alberto: Paso navegando una media de 60/70 horas a la semana.

Agustín: Normalmente me subo al barco el 10-15 de junio y me bajo el 15 de octubre. Esta para mi es la temporada de verano. Suelo embarcar a los grupos de tripulantes en Valencia. Salgo los sábados y regreso los viernes por lo que la noche del viernes es la noche que suelo dormir en tierra, el resto del tiempo estoy navegando.

¿Qué significa para ti pasar tanto tiempo en un barco?

Daniel: Significa adaptarse a la vida en el mar, con sus muchísimos aspectos positivos y con algunos un poquito más duros. Lo fundamental es que puedo vivir de algo que me apasiona. A veces impresiona darme cuenta de que prácticamente cada día en el mar hay algún momento en el que miro alrededor y pienso: “¡qué pasada!”

Roger: Encima de un barco me siento feliz, a veces he estado una semana casi sin bajarme a tierra y la verdad es que lo disfruto mucho.

Juan Alberto: La posibilidad de disfrutar y trabajar en el medio que más me gusta, que es el mar y los barcos.

Agustín: Me siento un privilegiado porque he hecho de una afición un trabajo y un modo de vida, por lo que pasar mucho tiempo en el barco no supone ningún problema para mí.

¿Qué comodidades echas de menos cuando estás a bordo?

Daniel: Creo que lo más duro es compaginar vida personal con vida en el mar/trabajo, en temporada alta especialmente.

Roger: Cuando estoy navegando no echo de menos nada.

Juan Alberto: Lo que más echo de menos en el barco es el aseo que a veces está limitado por las condiciones meteorológicas.

Agustín: No echo de menos ninguna comodidad. Lo único que echo de menos es no estar con mis seres queridos.

¿Qué supone para ti convivir constantemente con gente nueva?

Daniel: Es como vivir un campamento de verano a bordo. Por parte tanto de tripulación como de pasajeros, supone un proceso acelerado de conocerse y adaptarse para conseguir una convivencia cómoda. También implica saber respetar ideas, puntos de vista y valores diferentes continuamente. En este aspecto, creo que es importante tener asertividad y una mentalidad abierta.

Roger: Un aprendizaje continuo. He conocido gente muy interesante y algunos de ellos ahora son algunos de mis mejores amigos.

Juan Alberto: Supone conocer gente nueva, aprender con ellos y disfrutar de enseñar lo que más te gusta.

Agustín: Es un reto y un “Gran Hermano”, convivir cada semana con un nuevo grupo de personas a las que no conozco de nada y que a veces tampoco se conocen entre ellas. Intento facilitar la comunicación y la convivencia entre la tripulación y aprendo muchísimo de mis tripulantes porque pienso que, siendo humildes, tenemos siempre mucho que aprender de los demás.

¿Qué perfil tiene la gente que se apunta a tus travesías? ¿Qué expectativas tiene?

Daniel: Por lo general es gente con muchas ganas acumuladas de que llegue su semana de vacaciones a bordo, lo cual tiene un efecto tremendamente positivo, ya que transmiten ganas de disfrutar y buen humor, que retroalimenta la moral de todos a bordo. Especialmente importante para nosotros, la tripulación, porque después de varias semanas seguidas sin parar en verano, tener un grupo que te transmite energía y positivismo ayuda mucho para estar al cien por cien. Las expectativas son siempre de aprovechar y disfrutar al máximo las vacaciones con nosotros.

Roger: En general, gente abierta y que muchos de ellos apuestan por salir de su zona de confort para embarcarse con gente que no conocen de nada y la verdad es que casi siempre sale muy bien! Cada uno tiene sus expectativas pero lo que yo recomiendo es venir sin expectativas y dejarse llevar.

En el caso de los navegantes que se embarcan por primera vez en una travesía, suelen llegar con miedo, pero se le pasa a los 15 minutos, nada más salir de puerto.

Juan Alberto: El perfil de la gente que se apunta es de entre 30 y 60 años. La mayoría es gente que tiene afición a navegar y que quiere poder hacerlo en sus vacaciones. Después tenemos gente que es propietaria y quiere ampliar conocimientos y tener titulaciones con más atribuciones.

También he viajado con principiantes, en concreto recuerdo el caso de un tripulante que no había viajado nunca antes en barco y se apuntó a una travesía de 9 días. Los primeros días se mareó y tuvo hipotermia, incluso se planteó abandonar el barco. Finalmente consiguió sobreponerse y terminó el viaje con el resto de tripulantes, lo cual supuso un éxito para todos.

Agustín: Lo normal es que sea gente positiva y decidida. Con muchas ganas de experimentar sensaciones nuevas, con una gran carga de sociabilidad. Suelen venir al barco con intención de pasarlo bien y de disfrutar del mar desde dentro. Mi experiencia me dice que sus expectativas se ven colmadas al cien por cien, porque se marchan con alegría y la mochila llena de buenas sensaciones y la agenda llena de nuevos amigos. Y lo que es mejor, relajados y satisfechos por las vacaciones que han disfrutado. De hecho, mucha gente repite año tras año.

Lo más sorprendente para las personas que se embarcan por primera vez en una travesía son experiencias como ver delfines, pescar un pez espada o encontrarse con una ballena. Es algo que ni siquiera se imaginan que pueda suceder y tiene un gran impacto en la impresión que se llevan a casa.

¿Qué ventajas tiene pasar unas vacaciones a bordo de un barco a diferencia de otras opciones de alojamiento?

Daniel: Es otro planteamiento de vacaciones absolutamente distinto. En nuestro caso en particular, ofrecemos alojamiento en camarotes, pensión completa, navegación segura con tripulación profesional y centro de buceo a bordo. La ventaja principal es que con el velero, ¡te puedes mover!. Todos los días descubres un entorno nuevo, te acuestas y te levantas cada día en una cala diferente a la de la noche anterior, mientras buceas en los mejores puntos de Baleares. Un centro de buceo tiene acceso a inmersiones cercanas únicamente. Un hotel, tiene irremediablemente la misma playa en frente cada día. Aun disponiendo de un vehículo para moverte por las Islas, es imposible llegar a muchas calitas o a lugares remotos como Islas Columbretes. ¡Nosotros en cambio podemos ir dónde queramos!

Roger: Te levantas por la mañana y te bañas en una cala solitaria. Visitas rincones únicos y estas en pleno contacto en todo momento con la naturaleza. En una casa o en una autocaravana tiendes a encerrarte. Cada noche duermes en una isla distinta y además hoy en día en que todo es “fast” tiene un gran romanticismo hacerse llevar lentamente por el viento. Ah! y aunque haya una TV en la mayoría de barcos yo creo que nadie la ha encendido nunca todavía (por algo será).

Juan Alberto: Las ventajas que tiene son la libertad de desplazamiento, tener otra perspectiva desde el mar, disfrutar de la calma que supone estar en medio del mar. Muchas veces no tienes las comodidades que te ofrece un hotel, pero sí te brinda la posibilidad de disfrutar de tu familia y amigos en un ambiente más privado.

Agustín: El año pasado hice un estudio comparativo en el que hacía una comparativa entre una semana de hotel en Ibiza y una semana a bordo de un velero. Las conclusiones son tremendas, el precio es la mitad y las posibilidades de ver y disfrutar de calas es muchísimo mayor y muchísimo mejor.

¿Qué es lo que más te gusta de vivir en un barco?

Daniel: La conexión con la naturaleza y la libertad de elegir destino cada día. En las inmersiones de buceo he visto una gran variedad de animales marinos, como tortugas. También es habitual ver delfines calderones y rorcuales cerca de Columbretes en el mes de abril.

Roger: Sin duda, el contacto directo con la naturaleza y el poder navegar a vela. He visto ballenas, sobre todo en la costa catalana en junio, cerca de Sitges. También las he visto de camino a Baleares y cerca de Córcega.

Juan Alberto: Lo que más me gusta de vivir en un barco es la independencia y libertad que te da. La posibilidad de cambiar de sitio o lugar. Este verano tuve la suerte de avistar un rorcual a 3 millas de la costa de Alicante, algo totalmente novedoso, ya que los cetáceos no suelen acercarse tanto a la costa. Cuando sube la temperatura del agua sí pueden verse en el trayecto de Denia a Ibiza, ya que se acercan en busca de alimento. En estas aguas también pueden verse tortugas bobas, peces espada, atunes y delfines calderones.

Agustín: La sensación de libertad y de comunión con el mar. El hecho de ver ballenas en el Mediterráneo es muy llamativo, ya que no es habitual.

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