25 años de humor propio con «las ratas del Pisuerga»

Cuando José María Nieto estudiaba Bellas Artes en Salamanca, en el colegio mayor un compañero se dio cuenta de que un ratón se zampaba los víveres que le enviaba su madre. El roedor cayó en el cepo, pero a Nieto ya le había inspirado el personaje de una rata gigante y universitaria que memorizaba los apuntes de clase. Así nacieron, a orillas del Tormes, «las ratas del Pisuerga».

Todavía era estudiante cuando se presentó en la redacción de El Norte de Castilla en Valladolid con una carpeta bajo el brazo. Dentro iban sus ratas, que empezaron a pulular por las páginas el periódico. Un par de meses después, quedó vacante una plaza de dibujante y le tocó compaginar las viñetas con la ilustración. Casi un milagro. Los colegas de la generación anterior «eran muy buenos, eran muchos y no se jubilaban nunca». «No había hueco», cuenta. Pero ya han pasado veinticinco años y ahí siguen sus ratas, interpretando la realidad a su humorística manera, desde 2013 en ABC.

Las ratas han cambiado mucho en esos veinticinco años, se han redondeado sus formas y hace una década, en su etapa en El Mundo de Castilla y León, abandonaron el blanco y negro para lucir en color. En «color carne, de persona». «Ya las humanizo tanto que se me olvida que son ratas», dice Nieto, que reconoce haber encontrado en esos animalillos un traje a medida para representar «el personaje anónimo, la gente pequeña, sencilla» y aportar una «calidez especial» a las viñetas.

Han evolucionado, igual que su autor, desde «un humor más ingenuo, más ecologista» hacia otro «más político». También han pasado de hablar exclusivamente de Valladolid para ampliar horizontes con asuntos de ámbito regional -primero- y nacional e internacional -después-; aunque el entorno vallisoletano se cuele con frecuencia en el decorado. Asegura que a veces ni se da cuenta de que la ciudad o el paisaje de fondo son cien por cien vallisoletanos o castellanos.

De esa evolución habla la exposición «Valladolid se dibuja con dos líneas», instalada hasta el próximo 7 de abril en la sala del Teatro Zorrilla de la capital vallisoletana de la mano de la Diputación Provincial. Y la ciudad y la provincia marcan el argumento. Eso sí, sin caer en el elogio fácil para complacer al vecindario.

Las entrañables ratas cuestionan el supuesto buen castellano hablado en Valladolid y se meten en otros muchos jardines: el tópico del árido carácter local, el patrimonio que se derrumba, las obras que nunca acaban, la despoblación, la falta de oportunidades… Porque «el mejor humor surge cuando tiras la piedra hacia arriba y te cae encima, cuando sirve para cuestionar las contradicciones y debilidades propias», explica el autor. Defiende también otra vertiente más tierna, la que le permite, por ejemplo, rendir homenaje a Francisco Pino con sus versos a «Cuatro pinos» («tan limpios como el aire, / tan solos como el aire») y de paso volver al paisaje castellano casi siempre presente en sus viñetas.

En el fondo, dice José María Nieto, «el humor es una actividad casi poética». «Tienen una veta poética que me gusta explorar, no solo por el paisaje. El texto en un bocadillo a veces funciona como estrofa, tiene ritmo», añade.

En esa veta, y en el humor más cercano, el de su ciudad y sus gentes plasmado en la exposición, encuentra un «descanso» entre tanta «trifulca política» que marca el día a día de las viñetas. «Si Goya hiciese ahora el ‘Duelo a garrotazos’ tendría que pintar a cinco o seis tíos, sería una tangana de fútbol, una montonera».

Homenaje al papel

La muestra reserva también un apartado a las ilustraciones. Es «testimonial», pero le sirve para reivindicar el periódico en papel, «porque es donde una ilustración brilla: la lectura y la contemplación de la imagen en papel tiene algo que en la pantalla se pierde». Dice que no se considera un dibujante «especialmente virtuoso», pero se ha convertido en «uno de los ilustradores más prolíficos» con sus aportaciones diarias a la Tercera de ABC. En esta faceta confiesa su deuda con Pedro Guerra, dibujante jubilado de El Norte de Castilla: «sabía perfectamente aportar al texto un valor añadido con la imagen».

Una serie de ampliaciones exhibidas hace menos de un año en Palencia completan el recorrido por los veinticinco años de humor gráfico de Nieto. Pero antes se hacen un hueco otras curiosidades, como algunas viñetas con continuidad publicadas por entregas. «Eran gamberradas, series muy poco serias, las empezaba sin saber cómo iban a terminar…». Al fin y al cabo, «el humor tiene que ser un poco gamberro, transgresor». «Y eso se está perdiendo», lamenta. «Cualquier crítica se ve como una ofensa; y una crítica humorística, como un ultraje».

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